Historia

La BOS tuvo sus inicios en el año 1920, en Bilbao, donde se dio el impulso creador de una orquesta sinfónica.

Aquel año, el músico belga Mr. Armand Marsick llegaba a Bilbao para dirigir el Conservatorio. De esta manera, la idea gestada por Gortázar, Alaña, Arisqueta y su grupo se vio reforzada por la cualificación técnica de Marsick, por lo que en 1922 la Orquesta Sinfónica de Bilbao dio su primer concierto en el Teatro Arriaga. Bilbao se sumó a toda una corriente del mundo occidental y los bienes económicos particulares se convirtieron en bienes culturales públicos.

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En aquella época, en los años veinte y treinta, la Orquesta Sinfónica de Bilbao sobrevivió gracias a la obstinada y sistemática voluntad de unos pocos. Pese a las subvenciones de la Diputación, del Ayuntamiento bilbaíno y de la Sociedad Filarmónica, los continuos déficits llegaron a hacerse aplastantes en la década de los treinta, precisamente cuando la Orquesta, de la mano del joven Jesús Arámbarri, se ponía en camino hacia su cumbre y se daban conciertos con Kreisler, con Piatigorsky, Rubinstein, Eisenberg o Zabaleta. El 10 de agosto de 1938, un “connaisseur” y antiguo socio de la Orquesta de preguerra fue nombrado alcalde de Bilbao y la orquesta sinfónica se convirtió en municipal. El propio Ayuntamiento se hizo cargo de su financiación. En febrero de 1939 la Orquesta dio su primer concierto de la postguerra bilbaína bajo la dirección de Arámbarri, y así, en 1953, Jesús Arámbarri se fue a Madrid dejando a la Orquesta de Bilbao en su época más brillante. Cinco años más tarde, Rafael Frühbeck se hizo cargo de la Orquesta y de su batuta salió la primera audición íntegra de la “Carmina Burana” en España.

Después de un replanteamiento institucional de la Orquesta, la Diputación de Bizkaia la financió de nuevo y la Orquesta recuperó el calificativo de “sinfónica”, que se reorganizó en el nuevo “Patronato Juan Crisóstomo de Arriaga”. En 1972, la Orquesta Sinfónica de Bilbao llegó a celebrar sus 50 años, otro momento cumbre. Pedro Pirfano dirigía la Orquesta desde 1968. Sin embargo, los últimos años del franquismo fueron la confluencia de un cúmulo de terribles deterioros, empezando por el Conservatorio vizcaíno. Finalmente, la Orquesta se salvó gracias a la ayuda económica de Luis Olarra, quien prefirió la subvención personal a los músicos que la institucional. Hasta que las nuevas corporaciones locales definieran su política cultural, se sucedieron años difíciles. Los profesores prefirieron plantear su protesta frente a la temporada bilbaína y atender a los conciertos en las poblaciones vizcaínas. Pero todos aquellos profesores, con su subdirector Urbano Ruiz Laorden al frente, quisieron seguir siendo Orquesta. Finalmente, el Banco de Bilbao, con sus ciclos “Tiempo de música”, permitió enlazar con la normalización administrativa en el año 82.

A partir de ese año la BOS encontró un papel dentro del proyecto cultural del País que se creaba con la recuperación del autogobierno. La Diputación de Foral de Bizkaia, el Ayuntamiento de Bilbao y durante los primeros años el Gobierno Vasco, a través de su participación en el Patronato que dirige a la Orquesta aportan los fondos necesarios para su funcionamiento y desarrollo. Uno de los grandes hitos de los últimos años ha sido la construcción del Palacio Euskalduna, que se ha convertido en Sede de la Orquesta y que producido una espectacular mejora, tanto para el publico que asiste a los conciertos, como en las condiciones de trabajo de los músicos.

Texto basado en el artículo de opinión de Juan Mª Betanzos, publicado en el ‘Periódico de Bilbao’ el 15 de febrero de 1989