Concerts

BOS SEASON 3-2012-2013


Euskalduna Palace.   20:00 h.

A. Dvorák: Concierto para piano y orquesta en Sol menor, op. 33 (36’)
T. Marco: Espacio de espejo
S. Prokofiev: Sinfonía nº 1 “Clásica” (17’)
Jan Simon, piano

Anne Manson

DATES

  • 15 November 2012       Euskalduna Palace      20:00 h.
  • 16 November 2012       Euskalduna Palace      20:00 h.

Venta de abonos, a partír del 8 de julio.
Venta de entradas, a partir del 15 de septiembre.

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Homenajes

Muchas son las obras que a lo largo de la historia de la música se han compuesto en homenaje a otros compositores o intérpretes. Este es el caso de las tres partituras que escucharemos esta noche. El Concierto para piano fue escrito en agradecimiento al pianista checo Karel Slavkovský -que lo estrenó en Praga dos años más tarde- como exitoso embajador de la música de cámara con piano de Dvorák. Tomás Marco compuso Espacio de espejo por encargo de Radio France para conmemorar el 60 cumpleaños de Cristóbal Halffter, que dirigió el estreno el 3 de octubre de 1990. Por su parte, Prokófiev ideó su Primera Sinfonía guiado por la admiración que, desde sus años de estudiante de composición, sentía por la música de Haydn y dedicó la partitura a su gran amigo, el compositor y crítico de música, Boris Asafiev.
El primer concierto que Dvorák compuso para orquesta e instrumento solista fue su Concierto para piano. Escrito entre agosto y septiembre de 1876 – el mismo año que el Cuarteto de cuerda nº8 en mi mayor y el Stabat Mater – nunca alcanzó un éxito notable. De hecho, a diferencia de sus otros dos conciertos: el de violín en la menor y el de violonchelo en si menor, el Concierto para piano no suele formar parte del repertorio más habitual de los auditorios. A pesar de ser una partitura muy tierna, muy romántica, llena de la inspiración melódica tan propia de Dvorák, la crítica y el público de su época esperaban una música en la que el solista demostrara su impresionante habilidad a la manera de las obras para piano más exitosas de su época (en aquel momento Liszt estaba inmerso en el tercer cuaderno de sus Années de pèlerinage y el año anterior Tchaikovsky había compuesto su Concierto para piano nº1).
Sin embargo, Dvorák había decidido componer en un estilo más próximo a los conciertos para piano de Beethoven, en los que el solista ejerce un papel más discreto, sin alardes de virtuosismo. Escrito en tres movimientos y en una tonalidad menor -al igual que sus otros dos conciertos para solista y orquesta- el Concierto para piano en sol menor comienza con un extenso Allegro agitato, de reminiscencias claramente beethovenianas. Tras una amplia introducción orquestal, en la que se presentan los dos temas principales, hace su aparición el piano que a lo largo de todo el movimiento mantendrá un diálogo con la orquesta hasta alcanzar el climax en la cadencia. Tras el enérgico primer movimiento, el segundo, Andante sostenuto, transmite un ambiente de ensueño. El delicado tema principal, introducido por la cuerda y la trompa, es recogido dulcemente por el piano. Tras una sección intermedia en la que la música parece despertar de sus sueños, la partitura regresa al espíritu onírico inicial. El tercer movimiento, Allegro con fuoco, muy melódico y bailable,finaliza de una forma alegre y temperamental en la que Dvorák da buena muestra del folklore de su Chequia natal.
Tomás Marco es uno de los compositores actuales más representativos de nuestro país. Formado con maestros como Maderna, Boulez, Stockhausen, Ligeti o Adorno llegó a ser ayudante de Stockhausen en 1967. En 2002 recibió el Premio Nacional de Música, galardón que se unió a la larga lista de distinciones que ha recibido a lo largo de su carrera por parte de instituciones tan prestigiosas como: la Fundación holandesa Gaudeamus, la VI Bienal de París, el Centenario de Casals, el Arpa de Oro o la Tribuna de Compositores de la UNESCO.
Espacio de espejo fue compuesto en 1989-90. Según las palabras de Marco:“La composición usa una orquesta de proporciones reducidas y con las prestaciones solísticas, tal como era la formación que se me había sugerido y se desarrolla como un trabajo eminentemente abstracto y formal en el que la expresión debe dimanar de la propia forma. Ésta utiliza una buena cantidad de procesos especulares, y de simetrías de diverso tipo, tendentes a crear un espacio propia. La espacialidad no se basa tanto en la focalización del sonido según donde se coloquen los instrumentos – aunque hay algunas preferencias sobre el particular- sino de un empleo de la sensación temporal de la música tendente a crear un espacio propio donde habitar y habitable por el oyente. En algunos momentos, los timbres se acercan a ciertos procedimientos de la música electroacústica y en otros se emplean con toda su pureza individual. Espejos tímbricos que se miran en espejos formales para crear un espacio multiespecular. Espejo también de mi propia concepción de la música y de una referencia lejana al compositor en cuyo honor surge. Juego dialéctico de relaciones y referencias que no tienen por qué individualizarse conscientemente sino que sirven de motivación a una música que debería hablar por sí misma”.
El estallido de la revolución rusa en febrero de 1917, no alteró significativamente la vida musical de Petrogrado. Prokófiev, que tenía veinticinco años, protagonizó una fecunda y variada etapa creativa ese año y escribió algunas obras importantes de su catálogo como la satírica ópera El jugador, el Concierto para violín nº1 en re mayor, Visiones fugitivas para piano y su Primera Sinfonía sobre la que escribía en su Autobiografía: “Pasé el verano de 1917 en completa soledad en los alrededores de Petrogrado. Leí a Kant y trabajé mucho. No había trasladado mi piano al campo a propósito porque quería demostrar que el material temático que surge sin un piano es mejor… Esta idea hizo que se me ocurriera componer una obra sinfónica completa sin piano. Escrita de esta manera, los colores orquestales serían necesariamente claros y limpios. Yo ya tenía el plan de componer una sinfonía que se originara en el estilo de Haydn -desde mis estudios en las clases de Tcherepnin, la técnica de Haydn se había convertido en algo especialmente atractivo para mí – y con este planteamiento tan íntimo fue mucho más fácil sumergirme sin un piano en “la peligrosa corriente”. Me parecía que si él hubiera vivido en nuestra época, aun manteniendo su estilo compositivo, se habría apropiado de algo del estilo moderno. Esa era la sinfonía que quería componer: una sinfonía a la manera clásica. Cuando comenzó a tomar forma real la denominé: “Sinfonía Clásica”; primero, porque era la manera más sencilla de denominarla; segundo, y sin fanfarronerías, para provocar un nido de avispas; y, finalmente, en la esperanza de que si la Sinfonía podía probar por sí misma que era realmente “clásica” me beneficiaría considerablemente.”
Todos sus pronósticos se cumplieron. Prokófiev, considerado un compositor de vanguardia difícil de entender, sorprendió con esta obra con la que consiguió adquirir un reconocimiento internacional tras su estreno, dirigido por el propio compositor en San Petersburgo, el 21 de abril de 1918. Sin embargo, siete años después, en una carta que escribió a Boris Asafiev, Prokófiev comentaba en su sarcástico estilo: “En general no tengo en mucha estima las obras que como Pulcinella o incluso mi Sinfonía clásica están escritas “bajo la influencia” de otra persona. Desgraciadamente Stravinsky piensa de otra manera; no ve esta situación como la del mono que ve y repite…”
La obra está escrita en cuatro movimientos. El primero, Allegro, describe un triunfal tema principal desarrollado con el mismo protagonismo por todas las secciones de la orquesta. Una amable y sutil melodía, interpretada en el registro más agudo de los violines, comienza y finaliza el Larghetto del segundo movimiento que, en su sección intermedia desarrolla un pizzicato previo a un brillante tutti. El tercero una inspirada Gavotta, Non troppo allegro, fue el primer movimiento de la Sinfonía compuesto por Prokófiev, concretamente en 1916. El finale, el más brillante de todos, demanda una gran agilidad y destreza técnica a la orquesta, mientras transmite un recuerdo de las melodías propias del folklore ruso.
 
                                                                                                Patricia Sojo
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Jan Simon, piano 
 
Comenzó a estudiar piano a la edad de siete años con la ayuda de su padre, el compositor y director Ladislav Simon. Estudió en la Academia de Música de Praga. Después de graduarse, continuó sus estudios musicales en esta misma institución con Ivan Moravec. A continuación, recibió clases de Homero Francesch en Zúrich y de James Tocco en Lübeck.
Ha participado con éxito en varios concursos de música. Fue galardonado en el Concurso Chopin de Mallorca en 1985, en el concurso del Festival Primavera de Praga en 1988, en el Concurso William Kappel (EE.UU.) en 1990, y en el Concurso Reina Isabel de Bruselas en 1991.
Jan Simon ha tocado con frecuencia con orquestas tan notables como la Orquesta Sinfónica de la BBC, la Orquesta Sinfónica de Baltimore, la Orquesta Filarmónica de Israel, la Orquesta Filarmónica Checa, la Orquesta de la Beethovenhalle de Bonn, la Orquesta Sinfónica de la Radio de Praga, los Solistas de Moscú, la Orquesta Filarmónica Eslovaca, la Philharmonia de Praga, la Orquesta Sinfónica FOK de Praga y muchas otras. Ha trabajado junto con destacados directores tales como Jiří Bělohlávek, Tadeusz Strugala, Vassili Sinaisky, Marc Soustrot, Serge Baudo, Ondrej Lenárd, Libor Pešek, Jakub Hrusa y Gaetano Delogu, entre otros. Sus giras de conciertos le han llevado a la mayoría de países europeos, así como a los Estados Unidos, Canadá, México, Australia, Egipto, Japón, China y Taiwán. Su discografía abarca más de 20 títulos. En 1996 obtuvo el Premio Cannes Classical por la grabación de los Conciertos para piano de Schulhoff (Supraphone) que fue un estreno mundial.
Además de su carrera artística, ostenta el cargo de intendente de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Praga. Desde el año 2012, dirige conjuntos instrumentales, concursos y festivales organizados por Radio Praga.
 
 
Anne Manson, directora
 
La directora norteamericana Anne Manson se distingue por su dinamismo sobre el podio, versatilidad estilística y por su capacidad para trasladar al público el mundo interior del compositor. Directora Musical de la Manitoba Chamber Orchestra desde 2008, ha realizado exitosas giras con su orquesta; bajo su batuta ha adquirido gran prestigio, acercándose al repertorio camerístico y explorando nuevas ideas.
 
Ha sido invitada a dirigir orquestas a lo largo de todo el mundo, desde la London Philharmonic hasta la Wiener Philharmoniker, Singapore Symphony, Swedish Chamber Orchestra, Ensemble Intercontemporain de París, Leipzig Radio Orchestra, Los Angeles Philharmonic, Royal Scottish National Orchestra, American Composers Orchestra, BBC Scottish Orchestra, además de varias importantes orquestas españolas.
 
Ha sido especialmente aclamada por su continuo trabajo con el repertorio operístico. Así, Anne Manson ha sido galardonada por el DORA Award canadiense por la ópera de Britten A Midsummer Night’s Dream, máxima distinción del teatro, la danza y la ópera del país. Otras interpretaciones destacadas han sido Vanessa de Barber en la New York City Opera, Cosi fan tutte en la San Francisco Opera, Orphée de Philip Glass en la ópera de Portland, además de otras actuaciones en el Grand Theatre de Génova, Stockholm Royal Opera, etc.
 
 
 

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