Concerts

BOS SEASON 9-2009-2010

Sinfónica de Barcelona: El caballero de la rosa


Euskalduna Palace.   20:00 h.

ORQUESTRA SIMFÒNICA DE BARCELONA i NACIONAL DE CATALUNYA

P. Hindemith: Metamorfosis sinfónicas sobre temas de Weber
L. van Beethoven: Concierto para piano y orquesta nº 4
R. Strauss: El caballero de la rosa, suite

Josep María Colom, pianoa/piano
Eiji Oué, zuzendaria/director

DATES

  • 28 January 2010       Euskalduna Palace      20:00 h.
  • 29 January 2010       Euskalduna Palace      20:00 h.

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Joan Guinjoan nació en Riudoms (Tarragona) en 1931 y estudió en el Conservatorio Superior del Liceu de Barcelona. A partir de 1953 comenzó a dar recitales de piano y pasó al año siguiente a Paris, donde continuó estudios de piano y estudió también composición, orquestación, etc. Ha dirigido asimismo orquestas de Europa y América, así como obtuvo numerosos premios.

En 1960 dejó su carrera de pianista, en la que había dado más de 250 recitales y se dedicó a la composición. Tras sus estudios en Barcelona con el maestro C. Taltabull,  pasó en 1962 a París,  para seguir de nuevo con estudios de composición. De vuelta a Barcelona, fundó en 1964 el conjunto Diabolus in Musica.  Posee Guinjoan muchas piezas musicales, incluida la ópera “Gaudí”, con texto de J.M. Carandell y compuesta entre 1989 y 1992 y que se estrenó en el Liceu de Barcelona en 2004.

La obra “Pantonal” fue compuesta en 1998, en homenaje a la Orquesta de Cadaqués y dedicada a su nieta Isabel Guinjoan. Se dice que esta obra está definida como un divertimento pensado en amplia total libertad para la plantilla de una orquesta clásica. Es una partitura que adopta un notable  carácter de danza. Está escrita con una estructura en tres partes: un Giocoso que ejerce la presentación de todo el material, un Calmo de carácter más evocador y un aire Giocoso que recopila los elementos, precedidos por una breve introducción. Se ha escrito sobre esta pieza que aunque sea breve no excluye el cuidado tímbrico, rítmico y armónico.

El Concierto n. 4 para piano y orquesta, opus 58 de Beethoven, en Sol mayor, se editaría en Viena en 1808, se estrenó en el palacio del príncipe Lobkowitz en 1807 y se había terminado en 1806, si bien  había sido comenzado  en 1803, al mismo tiempo que la composición de la Sinfonía Heroica. Este concierto tiene estos movimientos: Allegro moderato, Andante con moto y Rondó:Vivace.  En su orquestación posee cuerdas, flauta, 2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagotes, 2 trompas,  2 trompetas y timbales.

Como escriben Jean y Brigitte Massin, a propósito de la ejecución de este cuarto concierto, cuenta Ries: “Beethoven vino un día a mi casa, llevaba su cuarto concierto en Sol mayor bajo el brazo, y me dijo: “Debéis tocar esto el próximo sábado en el Kärnerthortheater”, sólo me quedaban cinco días para estudiarlo”. Como explican Amedeo Poggi y Edgar Vallora, este concierto se ha incluido entre las incontestables obras maestras beethovenianas: “Gracias a su impronta  de libre improvisación, poco ambiciosa pero seductora, así como a la ausencia de toda constricción formal y, sobre todo, el encanto de unas sonoridades aún inéditas en el terreno del concierto, este trabajo constata la ya plena madurez espiritual de su autor”.

El Allegro moderato sigue estando dentro de la forma sonata, se dice, pero contrariamente a la tradición, sin embargo, el tema principal se expone de golpe –dolce- por el solista, a descubierto y con una extremada simplicidad, como dice François René Tranchefort, quien explica que es un tema que recuerda un motivo de la Quinta Sinfonía, generosamente ampliado por el tutti orquestal. Durante el desarrollo en cuatro secciones, el tema inicial mantiene preeminencia y el piano debe sonar con audacia tras toda la orquesta.

El Andante con moto posee un carácter especial, con melodía tierna que, según explicó Vincent d’Indy, era casi dolorida del solista, como si fuera “la lucha entre dos personajes diferentes de carácter”. El Rondo vivace, último movimiento, es extremadamente brillante y posee el espíritu tradicional de los anteriores conciertos pero tiene al mismo tiempo innovaciones. Antes de la coda hay una cadenza.

Metamorfosis sinfónicas sobre temas de Carl Maria von Weber, de Paul Hindemith, es una pieza compuesta en 1945 en EE.UU. y se estrenó en 1946 en New York. Se ha clasificado a esta obra en la tradición de variaciones sinfónicas, pero se dice que es como una breve sinfonía en cuatro movimientos. Se cuenta que Hindemith había practicado ejercicio de variación ya desde 1927, luego variaciones de concierto en 1932 y luego lo haría también en una sinfonía en 1946.

Entre los movimientos puede declararse el virtuosismo del Allegro brillante, donde toma una de las Ocho piezas op. 60, de Weber, para piano a cuatro manos. El tercer movimiento, Andantino, toma una de las Seis piezas op. 10 weberianas, así como en el movimiento final, Marcha, coge Hindemith una  de las Ocho piezas op. 60, de Weber. Se dice que en toda esta obra “nunca anda lejos el humor e incluso hay algunos rasgos de parodia. Pero son sobre todo la vivacidad del discurso sinfónico, las consecuciones de una escritura orquestal perfectamente dominada”.

El caballero de la rosa, de Richard Strauss,  op. 59, es una suite de valses pasa orquesta. Harold C. Schonberg titula un capítulo como “La larga coda del romanticismo. Richard Strauss”. Y cuenta cómo desde 1888, cuando se estrenó la ópera Don Juan, hasta 1911, fecha de la representación de El caballero de la rosa, el hombre más discutido de la música europea fue R. Strauss. Se explica que hasta esta obra Strauss fue un compositor que originó una permanente  atmósfera de excitación y electricidad. Y se dice, ya desde Ernest Newman,  que era “un compositor talentoso, que otrora fue un genio” . Y la reacción del público ante la obra de Strauss después de El caballero de la rosa coincidió con el juicio de Newman acerca del genio convertido en talento.

Tras esta ópera, ya cerca de un cuarto de siglo después escribió Strauss para orquesta la Suite de valses cuyos elementos, en 1934, tal y como explica Tranchefort, provienen del último acto de la ópera El caballero de la rosa. Y diez años más tarde compuso una nueva serie de valses a partir de los dos primeros actos. Casualmente,  la suite de 1934 se convirtió en Segunda Suite, y la siguiente Primera Suite, que se estrenó en Londres en 1946 bajo la dirección de Erich Leinsdorf y ha quedado “en los programas de concierto, donde obtiene regularmente éxito”.

Tiene esta suite una duración de unos doce minutos. La orquestación posee tres flautas, tres oboes, tres clarinetes, un como di basseto, tres fagotes,  cuatro trompas, tres trompetas, tres trombones, una tuba baja, timbales y percusión, glockenspiel,  dos arpas y la cuerda.

J. A. Z.



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Teatro Arriaga. LOS NIBELUNGOS – La muerte de Sigfrido

Place: Teatro Arriaga Antzokia Bilbao

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CAST

Orchestra: Bilbao Orkestra Sinfonikoa – BOS.
Director: Nacho de Paz.

THE CRAZY 20s IN ARRIAGA

In 1924, Fritz Lang undertook one of his most ambitious film projects: Los nibelungos, inspired by the epic poem “The song of the Nibelungs” and comprised up of the films The death of Siegfried and The revenge of Kriemhild. Arriaga Theatre and the Bilbao Orkestra Sinfonikoa offer a special concert in which the BOS, conducted by Nacho de Paz, performs the music from the first of the two films in this project, The death of Siegfried (in the original “Siegfried Tod”), while the film is projected on a giant screen.

Larger than life, inspired by mediaeval Norse legends and enriched by the striking imagery of German expressionism, The death of Siegfried is a monumental performance. On presenting the story of Siegfried, Fritz Lang took full advantage of cinematic innovations and the creative vision of the artists of the production company Decla-Bioscop. The imposing trees, the treasure-filled caves, and the seventy-foot dragon were built to life-size scale in the studio’s workshops. Special effects technicians devised new formats and optical tricks when the perspective of the action was too immense to be reduced to the confines of a studio. The result – Siegfried – astounds, not only for re-narrating the intriguing 13th-century legend but also for the magical technical resources that brought it to life 700 years later.

Considered a masterpiece of German silent films, its soundtrack was composed by Gottfried Huppertz, whose music we were able to enjoy not long ago at the Arriaga in the concert-screening of Metropolis. His composition adds to the scenes as well as the characters. Barely three years after the centenary of its premiere, with the film restored and thanks to the recovery of the score preserved in the German Cinematex, we can now see this jewel of cinema on the big screen of Arriaga Theatre together with a live orchestra.

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