Concerts

BOS SEASON 9-2014-2015

Abono de Iniciación


Euskalduna Palace.   19:30 h.

J.M. Usandizaga: Dans la mer, poema sinfónico,
J. Brahms: Concierto para violín y violonchelo,
R. Schumann: Sinfonía nº 2 en Do mayor,

Carolina Kurkowski, violín
Teresa Valente, violonchelo
Kirill Karabits, director

DATES

  • 05 February 2015       Euskalduna Palace      19:30 h.
  • 06 February 2015       Euskalduna Palace      19:30 h.

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En recuerdo y agradecimiento

Nacido en el seno de una familia acomodada que le arropó siempre con el esmero que se procura a quien se siente débil –padecía una ligera cojera y es probable que la tuberculosis apareciera a edad temprana, aunque el mutismo sobre esto fue absoluto-, José María Usandizaga (Donostia-San Sebastián, 1887- Donostia-San Sebastián, 1915), como tantos compositores de su época, fue a buscar formación a una de las ciudades de referencia en la música europea del momento: París, a donde llegó en 1901, siendo apenas un adolescente. Tres años más tarde arribaron Jesús Guridi y Resurrección Mª de Azkue, con quienes trabó una entrañable amistad. Su ilusión era aprender las técnicas de composición con las que más tarde introducir la música vasca, con sus características idiomáticas propias, en el deslumbrante panorama europeo de principios del siglo XX.
Dans la mer Op 20 fue compuesto en 1904 por un jovencísimo muchacho que aún se estaba formando, pero denota madurez musical y una técnica muy bien aprendida. La armonización, el género –poema sinfónico-, el estilo que emana de la orquestación, el tratamiento de los temas…, todo habla un lenguaje musical de dimensión europea que el compositor aprendió gracias a un talento grande y precoz.
Usandizaga escribió en la partitura original un texto que inspira la música y pretende orientar nuestra imaginación. Nos habla de un mar seductor y traicionero que “mece dulcemente el cariño de dos enamorados”, les asusta con un anuncio de tormenta que es conjurado y les devuelve al engaño de “la emoción sobre el suave oleaje”. Más tarde, “la terrible tempestad interrumpe definitivamente la ternura” y la música alcanza uno de los clímax románticos que tan bien se logran a través de tensiones armónicas y oleadas de notas in crescendo. La violencia de la música es ahora el furor del océano, hasta que “se consuma la tragedia y el mar de nuevo se torna en una explanada silenciosa y desierta”.
Los gritos de los enamorados se ahogaron dans la mer y la voz de Usandizaga se apagó demasiado pronto. Este año 2015, conmemoramos el primer centenario del fallecimiento de un joven compositor que, por desgracia, no pudo siquiera atisbar la edad madura.
Y salimos a flote de este mar de notas para sumergirnos en el universo sonoro de Johannes Brahms (Hamburgo, 1833-Viena, 1897).
“Debo contarte que he tenido la extraña idea de escribir un concierto para violín y cello” escribió Brahms al director de orquesta Franz Wüllner en Agosto de 1887, durante el segundo de los tres veranos que pasó en Hofstetten, en el lago suizo de Thun. Los veraneos de Brahms en lugares paradisíacos en los que “todo produce la emoción de un canto absoluto”, reconfortaban su espíritu y nutrían su pensamiento musical; por ello, el reto de concebir una obra de tal envergadura fascinó al compositor y se vio alimentado por el deseo de reconciliarse con su querido amigo, el violinista Joseph Joachim, de quien se había distanciado a causa de la disparidad de opiniones acerca de la vida matrimonial de éste. Seguramente esta fuerte motivación hizo que cambiara el calificativo de la “idea” mencionada, que pasó de ser “extraña” a ser “feliz” cuando, unos días más tarde, escribió a Clara Schumann con el mismo anuncio.
El Concierto para violín, violoncello y orquesta en la menor Op 102, última gran obra sinfónica de Brahms, fue estrenado en Octubre de 1887 por la Orquesta de la Konzertgesellschaft de Colonia, dirigida por él con la felicidad de contar para la ocasión con los solistas para quienes está pensado y a quienes está dedicado: Joseph Joachim al violín y Robert Hausmann al violoncello.
La combinación, apenas sin precedentes y tan singular, de dos instrumentos muy distintos en su peso tímbrico y bastante separados en su ámbito melódico, podría acusar además el telón sonoro que supone la orquesta; por ello Brahms diseñó una orquestación en cierta medida ligera y evitó los efectismos -que por otro lado no forman parte de su estilo habitual-, repartiendo de forma equilibrada la responsabilidad del liderazgo entre los solistas.
Al igual que los otros tres conciertos de Brahms, el que hoy escuchamos tiene una concepción mucho más sinfónica que de obra de lucimiento, sin ahorrar por ello ninguna dificultad en la interpretación a los solistas, muy al contrario. Contando con las voces personales del violín y el cello, el compositor manifiesta una asombrosa –pero no sorprendente en su lenguaje- capacidad para el desarrollo de las ideas. Bajo su imaginación y maestría los temas crecen mientras los observa nuestro oído y se reafirman gracias a la solidez que aporta una construcción compleja y firme, una estructura en la que la melodía floreciente va trepando como la enredadera en el muro.
El Allegro inicial,con una presentación casi en recitativo del violoncello primero y el violín más tarde, es ya un magnífico ejemplo de la capacidad de Brahms para diseñar una trama estructural elegante y concisa, en la que el diálogo interinstrumental es la esencia misma del estilo concertante.
Le sigue un Andante en el que el “canto absoluto” que Brahms escucha en la Naturaleza, se reproduce en formade frases amplias y serenas, en sintonía con la vena lírica del autor.
Concluye el concierto con un Vivace non troppo que, con un recurrente tema principal de cierto aroma zíngaro, fluctúa entre el modo menor y el mayor y supone un guiño cariñoso a Joseph Joachim, el amigo recuperado de origen húngaro.
Y cierra esta tarde de música la Sinfonía nº 2 en Do mayor Op 61de Robert Schumann (Zwickau, 1810 – Endenich-Bonn, 1856). Hijo de un librero culto y sensible, tuvo desde niño a su alcance un universo literario que leyó con avidez. Poesía, cuentos fantásticos, novelas románticas… alimentaron su febril inquietud y no lograban saciar su apetito de estímulos que eran para él como “aliento de vida”. Con veintiocho años, escribió una encendida carta Clara Wieck –más tarde Clara Schumann-, en la que confiesa “cómo le afecta todo lo que sucede en el mundo: la literatura, la política, la gente…” y su anhelo por expresar sus sentimientos y “transmutarlos en música”.
En ese momento -las décadas de los treinta y los cuarenta del siglo XIX-, las sinfonías de Beethoven aún estaban siendo asimiladas y comprendidas -no siempre- por el público europeo -allí donde habían llegado- e incluso por parte de los compositores a quienes no dejaban de asombrar e, incluso, subyugar.
En este contexto, un compositor que había volcado su creatividad primera en el instrumento romántico por excelencia, el piano, a través del cual expresó de manera inigualable su agitación, su originalidad, su sensibilidad poética y su inquebrantable amor por Clara, se asoma ¡al fin casado! y con la mente sobrecargada de ideas, al universo de la sinfonía.
Schumann, tan severo consigo mismo, dijo de esta obra que era “una sinfonía Júpiter normal y algo envarada”, en clara y humilde referencia a la KV 551 de Mozart, que está también en Do Mayor. Sin embargo, las ideas están concebidas de manera excelente y, si bien tiene numerosas rivales en el panorama sinfónico del siglo XIX, con sus apenas perceptibles defectos, nos conmueve, nos serena y nos anima, irradiando varias de las facetas emocionales que Schumann, a través de su poliédrica psique, manifestaba y con frecuencia creciente, sufría.
Escrita en menos de un año y estrenada en Noviembre de 1846, por la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig, bajo la dirección de Félix Mendelssohn, consta de cuatro movimientos y sigue la costumbre romántica de colocar el scherzo antes que el adagio.
Se inicia con un Sostenuto assai que, a modo de coral cargado de significado y respeto hacia su reverenciado Bach y la tradición alemana, supone una introducción al Allegro, ma non troppo, pleno de vitalidad y brillo gracias a la proyección que en él provocan los metales y el recurrente motivo rítmico.
El Scherzo: Allegro vivace que ocupa el segundo movimiento, es apresurado y febril en el tema principal, aunque se desahoga del vértigo de las semicorcheas en los tríos que lo interrumpen por dos veces: el primero en un delicioso diálogo entre maderas y cuerda, de intención conciliadora y el segundo, más breve, sosegado y sencillo.
En el Adagio espressivo que sigue habla Schumann el poeta, con un discurso doliente en do menor, en el que el cromatismo tiene una intención para con nosotros que va más allá de la música y cuando toman la palabra los instrumentos de viento madera, en un fraseo largo e inspirado, el efecto es realmente hermoso.
Concluye la sinfonía con un Allegro molto vivace,en el que las sombras del Adagio se disipan y el vigor y la contundencia vertebran el movimiento, con alguna breve concesión a la dulzura, que no despista a un final rotundo.
Desde aquí, un recuerdo nostálgico para el prodigio donostiarra malogrado y nuestro melómano agradecimiento a todos.
Mercedes Albaina
 
 

CAROLINA KURKOWSKI – Violín
Criada en Alemania, la violinista colombiano-polaca debutó en el Teatro Nacional de Coburg a la edad de 5 de cinco años. Recibió su diploma del Conservatorio Superior de Música Robert Schumann de Düsseldorf, continuando sus estudios en el Conservatorio Superior de Música “Hanns Eisler” de Berlín. Becaria de la "Karajan-Akademie”,continuó tocando en la Orquesta Filarmónica de Berlin como invitada.
Ha actuado como solista con orquestas como la Orquesta Juvenil G. Mahler, Orquesta Gürzenich de Colonia, Orquesta Filarmónica de Bogotá, Orquesta de Cámara Georgiana y en conciertos en Europa, Japón, Colombia y EE.UU. La televisión colombiana y alemana, emisiones de radio y grabaciones con la “WDR” y “Brilliant Classics” documentan su trabajo.
Ha sido premiada en el Concurso Nacional Alemán "Jugend Musiziert", el Festival Braunschweig Classix, concurso Schmolz-Bickenbach, la academia Carl Flesch, el Concurso Internacional Instrumental Markneukirchen, el Concurso Internacional Leopold Mozart y el Concurso Internacional de violín Lipizer
Ha interpretado música de cámara en numerosos festivales con artistas de la talla de Lang Lang y Emmanuel Pahud
Como concertina de la orquesta juvenil Mahler ha actuado en los festivales y las salas de conciertos más famosos del mundo y desde la temporada 2013/14 es concertino de la BOS.
 
 
TERESA VALENTE– Violoncello
Teresa Valente nace en Lisboa. Inicia el estudio del violonchelo con Alberto Campos y Mª José Falcão, terminando con distinción la licenciatura con Paulo Gaio Lima.
Apoyada por la Fundación Gulbenkian y Carolina prosigue su perfeccionamiento en la ESM Reina Sofía con Natalia Shakovskaya y Rainer Schimdt, recibiendo los diplomas de alumna sobresaliente. Termina su formación en la Folkwang Hochschule con Christoph Richter. Recibió varios premios y distinciones, entre otros, en el Concurso Internacional de Estoril, Concurso “Júlio Cardona”, “Prémio Jovens Músicos”, Premio Revelación del Ministerio de Cultura y Premio de la Crítica y “Palau de la Música”.
Como solista, actuó con orquestas como la Gulbenkian, Sinfónica Portuguesa, Metropolitana u Orquesta de la ESM Reina Sofía, entre otras, presentándose en destacadas salas como el Auditorio de la Fundación Gulbenkian, Auditorio Nacional o Auditorio de Santa Cecilia de Roma.
Su interés por la música de cámara le llevó a formar parte de varios grupos como el Cuarteto Albeniz y a fundar el Trío Pangea, con el cual grabó para “Disques Coriolan”.
Presente regularmente en importantes festivales internacionales, ocupa actualmente la plaza de solista de violonchelos de la Orquesta Sinfónica de Bilbao
 

KIRILL KARABITS– Director
Kirill Karabits estudió en Kiev y Viena. Actualmente es Director Principal de la Bournemouth Symphony Orchestra y Director Artístico de la I, CULTURE orchestra. Fue Principal Director invitado de la Orquesta Filarmónica de Estrasburgo, y Director asociado de la Orquesta Filarmónica de la Radio Francia y la Budapest Festival Orquesta.
Compromisos incluyen la Cleveland Orchestra y Philadelphia Orchestra. Conciertos con la Rotterdam Philharmonic Orchestra, Konzerthausorchester Berlin, SWR Sinfonieorchester Baden-Baden und Freiburg, BBC Symphony Orchestra, Royal Philharmonic Orchestra, Orchestre National de France, Malaysian Philharmonic Orchestra y Yomiuri Nippon Symphony Orchestra.
Como Director de ópera hizo su debut con la English National Opera “Don Giovanni” en 2010, y  en el 2012 dirigió en la Glyndebourne Festival Opera. Otros proyectos “Madama Butterfly” para la Staatsoper de Hamburgo y producciones con el Teatro Basel, Deutsche Oper y Oper Stuttgart.
Ha sido galardonado Director del Año 2013 por la Royal Philharmonic Society Music Awards.
 
 
 
 
 
 

USANDIZAGA AND THE GREAT GERMAN LEGACY

Brahms’s forays into the genre of the concerto are both rare and definitive. In all cases they have become basic pieces of the repertoire and challenges for soloists, such as the one that the first violin and the cello soloist in our orchestra will be facing. The symphonic work by Schumann, his friend and champion, follows the same aesthetic lines, in a programme that will be opening with a reminder of Usandizaga’s music, in the year of the centenary of his death.

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Disfruta este agosto de la vuelta de la BOS a su sede natural, el Auditorio del Palacio Euskalduna, con un programa muy especial que incluye grandes obras de clásicos como Mozart, Rossini, Ravel, Prokófiev y Copland.

 

Copland: Fanfare for the Common Man (3’)
Rossini: El barbero de Sevilla, obertura (7’)
Ravel: Tzigane, para violín y orquesta (10’)
Ravel: Pavane pour une infante défunte (7’)
W.A. Mozart: Don Giovanni, obertura (6’)
Prokofiev: Sinfonía nº 1 en Re mayor, “Clásica” (17’)

Giulia Brinckmeier, violín
Erik Nielsen, director

 

6€ público general, 5€ abonados de la BOS
Duración aproximada: 1 hora.

 

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S. Prokofiev: Sinfonía nº 1 en Re mayor, “Clásica” (17’)

 

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Prokofiev: Sinfonía nº 1 en Re mayor, “Clásica” (17’)

W.A. Mozart: Concierto para piano y orquesta nº 21 en Do mayor K. 467 (25’)

 

Javier Perianes, piano

Erik Nielsen, director

 

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