Conciertos

BOS 11


Palacio Euskalduna.   19:30 h.

Mendelssohn con Soyoung Yoon

Johannes Debus, director
Soyoung Yoon, violín


FELIX MENDELSSOHN (1809 – 1847)

Concierto para violín y orquesta en mi menor Op. 64

I. Allegro molto appassionato
II. Andante – Allegro non troppo
III. Allegro molto vivace

Soyoung Yoon, violín

FRANCIS POULENC (1899 – 1963)

Sinfonietta

I. Allegro con fuoco
II. Molto vivace
III. Andante cantabile
IV. Finale: Prestissimo et tres gai

Dur: 60’ (aprox.)

FECHAS

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Fuera de la caja

No sé si han oído hablar alguna vez de John Holland. No, no es un compositor, ni director, ni nada parecido. Holland fue un psicólogo y profesor en la prestigiosa universidad Johns Hopkins –Baltimore, Maryland, Estados Unidos– hasta 1980, y es conocido por su Teoría Tipológica, basada a su vez en la Teoría de Rasgos y Factores, según la cual las personas que desempeñan una misma ocupación tienen características similares y que, cuanto más se asemeje la personalidad a las tareas que se desempeñan en el trabajo, más realizado se sentirá el individuo con su profesión. Basándose en esto, Holland desarrolló una serie de cuestionarios para categorizar en varios tipos tanto la personalidad como los ambientes ocupacionales, y hoy en día se utilizan, principalmente, para ayudar a los jóvenes que se enfrentan a la elección de una carrera a encontrar aquello que se les da mejor o que les interesa más, orientándoles a la hora de tomar decisiones que pueden definir su futuro.

«Ah, pues muy bien», estarán pensando. «¿Y qué tiene que ver este caballero con el concierto?», se preguntarán. Pues nada. O muy poco. Pero hubiese disfrutado de lo lindo haciendo responder a su test a los compositores que vamos a escuchar hoy, dos grandes músicos que hubiesen encajado a la perfección con la personalidad de artista que definía Holland: personas creativas, imaginativas, sensibles, auténticas, originales y algo caóticas pero, sobre todo, personas que buscan continuamente la novedad, el reto, que se sienten seguros de sí mismos a la hora de investigar caminos y soluciones diferentes e inexplorados; personas de esas que, como se suele decir, “piensan fuera de la caja”.

Y, ahora sí, todo empieza a tener un poco más de relación con el concierto de hoy. Porque es innegable que tanto Mendelssohn como Poulenc se ajustan a esta definición a las mil maravillas. Y que, gracias a ese tipo de pensamiento atrevido, original y novedoso que les encuadra dentro de la personalidad artística establecida por Holland, vamos a poder escuchar dos obras singulares y, a su modo, rompedoras.

El Concierto para violín en mi menor, op. 64 es una de las obras destacadas de Felix Mendelssohn Bartholdy. Finalizado en 1845, es su última gran obra orquestal –ya que murió sólo dos años después– y está considerado como uno de los mejores conciertos compuestos para ese instrumento.

Durante el verano de 1838, Mendelssohn escribía a su buen amigo y reputado violinista Ferdinand David una carta confesándole que una melodía «me da vueltas en la cabeza y no me deja en paz», por lo que había decidido utilizarla como comienzo de un concierto para violín en la tonalidad de mi menor. Seguramente, mucho tuvo que ver la amistad entre los dos músicos para tal decisión, porque Mendelssohn era un gran pianista pero en absoluto violinista, por lo que pidió ayuda a David para resolver cualquier duda que le surgiera en el transcurso de la composición, a lo que este respondió tan emocionado con la idea que le prometió no solo la colaboración solicitada sino que, una vez acabada, la tocaría con tal entusiasmo que «hasta los ángeles del cielo se sentirían dichosos».

Pese a tan apasionado comienzo, fueron nada menos que seis años los que tardó en tomar su forma definitiva esa pequeña idea musical, esa chispa de genialidad que rondaba la cabeza del compositor; seis años de correspondencia buscando el asesoramiento del gran instrumentista, que continuaron hasta su estreno el 13 de marzo de 1845 en la Gewandhaus de Leipzig –incluso después de haber entregado la partitura en la editorial Breitkopf und Härtel–.

Aquejado de una enfermedad, Mendelssohn no pudo asistir al exitoso estreno de su obra, ni tampoco al asombro que causó. Aunque de corte aparentemente clásico –con los tres movimientos habituales Allegro-Andante-Allegro– es en realidad una innovadora evolución hacia el formato romántico, para lo cual introduce algunas variantes en su estructura formal, principalmente en la forma de concierto-sonata del primer movimiento, como también en la forma de enlazarlo con un segundo tiempo más lírico y un tercer tiempo en forma de rondó, que influyeron notablemente en compositores posteriores.

Tal y como ya hizo en su Concierto para piano nº1, prescinde de la característica exposición inicial de la orquesta preparando la entrada del solista, para comenzar casi desde el principio con ese tema que le daba vueltas en la cabeza en la voz del violín, invirtiendo la apertura clásica y reemplazándola por una única y virtuosa exposición conjunta.

El desarrollo de este movimiento conduce a la siguiente sorpresa que Mendelssohn tenía preparada: una cadenza minuciosamente elaborada por el compositor –en lugar de dejarla a la improvisación del solista– entre el desarrollo y la recapitulación –y no al final de esta, como era tradición– de endiablada ejecución. Tras la cadencia, la delicada reexposición orquestal supone uno de los fragmentos más deliciosos y memorables de la obra, acompañada por largos pasajes en los que el solista se limita a interpretar un acompañamiento para la orquesta, cuestión también de gran novedad para la época.

Tras la coda, una nota sostenida del fagot ejerce de puente hacia el segundo movimiento, eliminando la pausa entre ambos –y probablemente también algunos aplausos–, que tanto molestaba al compositor.

Con forma y estructura de lied, el segundo movimiento se produce con gran lirismo y delicadeza sentimental, reservando una especie de inesperado recitativo para el final, que sirve de enlace para encadenar –como antes– el tercer movimiento. En forma de rondó, enlaza diálogos, temas y motivos en episodios cada vez más elaborados que finalizan con un derroche rítmico en la coda.

El Concierto para violín de Mendelssohn se ha convertido en una pieza clave del Romanticismo y una de las obras más sobresalientes del género, ya que representa un abundante caudal de ideas innovadoras, aprovechadas después por muchos autores.

Al igual que Mendelssohn, Francis Poulenc pertenecía a una familia de buena posición que le había proporcionado una exquisita educación y que insistía en que su hijo eligiera una profesión sensata, pero que nada pudo contra la irrefrenable vocación musical –coincidencia que sin duda haría reafirmarse en sus teorías al psicólogo John Holland–.

Cuando a la edad de 18 años fallecieron sus padres, el joven Poulenc se permitió seguir sus sueños buscando la guía de Erik Satie y su clan musical, un grupo de compositores que experimentaban –de nuevo como Mendelssohn– con innovadoras ideas musicales de ritmo, tono y textura. El crítico Henri Collet, allá por 1920, acuñó el sobrenombre de Les Six –Los Seis–, para referirse a Poulenc, Milhaud, Honneger, Auric, Tailleferre y Durey, seis compositores de vanguardia que, siguiendo el espíritu de Satie y Cocteau, compartían un estilo fresco, alegre y despreocupado, cercano al jazz y al vodevil, que se oponía al denso romanticismo tardío.

Un encargo para la composición de un ballet en 1923 –Les biches–, impulsaría el salto a la fama de Poulenc y lo consagraría como compositor.

A partir de ahí, se sucederían las obras, los éxitos y los encargos, incluido el de la BBC en 1947, que le solicitó una obra para el primer aniversario de su “Tercer Programa” (ahora Radio 3), un referente en la radiodifusión británica en el campo cultural y artístico hasta 1970. Esta iniciativa partió del editor Chester, que deseaba relanzar e introducir entre los oyentes ingleses la música francesa. El trabajo debía ser para orquesta y evitar temas pesados.

Así que, Poulenc se puso manos a la obra y, aprovechando unos bocetos que tenía para un cuarteto, compuso su partitura entre agosto de 1947 y septiembre de 1948.

Y así nació Sinfonietta, su única obra sinfónica y lo más cerca que estuvo Poulenc de escribir una sinfonía. Refiriéndose a quienes dudaban de su capacidad para componer algo así, escribía en una carta a André Schaeffner: «¡Imagínate! Con los temas de mi fallido cuarteto de cuerdas del verano pasado estoy escribiendo una Sinfonietta tan larga (los primeros tres tiempos son ya de 18 minutos) que creo que se convertirá en Sinfonía. […] ¡¿Qué dirían estos caballeros?!… ¡Mierda para ellos!»

Efectivamente, la Sinfonietta es una sinfonía en todo excepto en el nombre, con un patrón externo de cuatro movimientos que parece detenerse más en el carácter musical y la orquestación que en la forma sinfónica. Llena de encanto y atractivo, ligera e ingeniosa, simple y directa, parece solo un juego. Entre sus notas podemos escuchar claras referencias a Mozart, Stravinsky, Tchaikovsky o Haydn, mezcladas con temas propios del vodevil, la música popular y los ritmos de baile.

Un impetuoso Allegro con fuoco se mezcla con melodías suaves y largas que conducen a un Molto vivace, que recuerda al final de su ballet Les biches y a ciertos pasajes de Les mamelles de Tirésias. El Andante cantábile, melódico y fluido abre camino a un último movimiento de carácter colorido, vital y energizante.

En resumen, tienen ante ustedes la oportunidad de escuchar dos obras atrevidas, distintas a todo lo escrito anteriormente que, si bien hoy en día ya no suponen ninguna novedad, siguen manteniendo la frescura, el desparpajo y el descaro que les imprimieron sus autores, dos compositores coherentes con su personalidad, su vocación y su trabajo que, fieles sin saberlo a la personalidad de artista, henchirían de orgullo el pecho de Holland.

Nora Franco


Soyoung Yoon.

Violín

La violinista Soyoung Yoon ha sido aclamada por sus interpretaciones “meticulosas… muy disciplinadas” (Gramophone) y “delicadas” cuya “perfección técnica… siempre se pone al servicio de la música” (The Guardian). Ganadora en los principales concursos de violín, incluyendo los concursos de violín Yehudi Menuhin (primer premio), Henryk Wieniawski (primer premio) e Indianápolis (Medalla de plata), Soyoung se ha ganado el respeto de sus compañeros como violinista y músico de cámara del más alto calibre.

Soyoung tiene cada vez más demanda en el circuito internacional, habiendo actuado como solista en orquestas tan relevantes como la Orquesta Sinfónica Nacional Checa, Filarmónica de Praga, Deutsche Kammerphilharmonie Bremen, NDR Elbphilharmonie Orchestra, Russian National Orchestra, Royal Philharmonic Orquesta, Orquesta de Cámara de Ginebra, Orquesta Nacional de Bélgica, Sinfónica de la Radio Nacional de Polonia, Sinfónica de Berna, Sinfónica de Trondheim, Solistas de Trondheim, Sinfónica de Bilbao y Orquesta de Cámara de Zúrich. La creciente lista de directores con los que ha colaborado incluye a Krzyszstof Penderecki, Ivor Bolton, Krzysztof Urbanski, Muhai Tang, Maxim Vengerov, Eiji Oue y Michal Nesterowicz.

Soyoung colabora frecuentemente con la Orquesta de Cámara de Corea, con la que ha grabado los conciertos para violín y piano de Mendelssohn-Bartholdy, y “Las Cuatro Estaciones” de Piazzolla, además de realizar giras por Asia, Europa y América del Norte. Junto a Veit Hertenstein y Benjamin Gregor-Smith, fundó ORION String Trio en 2012 – ganando el primer premio y el premio del público en el Concurso de Música de Cámara “Migros Kulturprozent” 2016 en Zurich – habiendo actuado en el Wigmore Hall de Londres, Zurich Tonhalle, Stuttgart, Edimburgo, Belfast y Manchester, entre otras salas internacionales.

Con sede entre Barcelona y Seúl, Soyoung estudió en la Universidad Nacional de las Artes de Corea del Sur, con Zakhar Bron en la Universidad de Música y Danza de Colonia y en la Universidad de las Artes de Zúrich. Toca el violín J. B. Guadagnini (ex-Bückeburg) fabricado en Turín en 1773.


Johannes Debus.

Director

Johannes Debus es el director musical de la Canadian Opera Company (COC) desde 2009, y fue nombrado inmediatamente después de su debut. La temporada 2019-20 incluye representaciones de Rusalka, Hänsel und Gretel y El Holandés errante.

Entre sus próximos compromisos se incluyen los debuts de Debus con las orquestas de Seattle, Oregon y Milwaukee; Ópera de Santa Fe dirigiendo Jenůfa; Orquesta Sinfónica de la Radio de Viena ORF; Orquesta Hallé; y la Bilbao Orkestra Sinfonikoa, y su regreso a las orquestas de Radio Frankfurt, Toronto, Kansas City y San Diego; el Metropolitan Opera de Nueva York dirigiendo Los cuentos de Hoffmann; y el Festival de Bregenz donde dirigirá el estreno austríaco de Beatrice Cenci de Goldschmidt con la Sinfónica de Viena.

Debus dirige regularmente a la Bayerische Staatsoper Munich, Staatsoper unter den Linden Berlin y Frankfurt Opera y ha participado en nuevas producciones en la English National Opera y Opéra National de Lyon. Debutó en los BBC Proms en 2014 con la Britten’s Sinfonia y dirigió una nueva producción de Los Cuentos de Hoffman en el Festival de Bregenz de 2015.

Como director invitado, ha sido invitado a varios festivales internacionales como la Biennale di Venezia y Schwetzingen Festivals, Festival d’Automne en París, Lincoln Center Festival, Ruhrtriennale, Suntory Summer Festival y Spoleto Festival. Además ha dirigido a la Orquesta de Cleveland, la Orquesta Sinfónica de Boston y la Philharmonia de Londres.

Debus se graduó en el Conservatorio de Hamburgo antes de ser contratado como répétiteur y, posteriormente, Kapellmeister en la Ópera de Frankfurt, donde adquirió un extenso repertorio que abarca desde Mozart hasta Thomas Adès. Cómodo tanto en el repertorio contemporáneo como en el clásico, ha dirigido una amplia gama de estrenos mundiales y obras de los siglos XX y XXI. Ha colaborado con conjuntos de renombre internacional como Ensemble Intercontemporain, Ensemble Modern, Klangforum Wien y Musikfabrik y mantiene una estrecha relación con el Real Conservatorio de Música de Toronto.



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