Conciertos

STIFFELIO


Palacio Euskalduna.   20:00 h.

Dramma liricoen tres actos
con libreto de Francesco Maria Piave
sobre la novela Le pasteur d’hommes de Émile Souvestre,
la obra de teatro hablado Le pasteur,
ou L’évangile et le foyer de Émile Souvestre y Eugène Bourgeois
y su traducción al italiano Stiffelius! por Gaetano Vestri,
y con música de Giuseppe Verdi

Stiffelio (tenor)
Lina (soprano)
Stankar (barítono)
Raffaele di Leuthold (tenor)
Jorg (bajo)
Dorotea (mezzosoprano)
Federico di Frengel (tenor)
Amigos del conde, discípulos de Stiffelio, feligreses asasverianos (coro)

En el castillo de Stankar y sus alrededores, a principios del siglo XIX.
Acto primero
Sala en el castillo de Stankar, por la mañana. El viejo pastor Jorg expresa sus deseos de que el célebre predicador Stiffelio siga destruyendo a los enemigos de Dios con su palabra sagrada, y de que su enlace conyugal con Lina no mengüe ese celo divino. En cuanto llega, todos saludan al predicador. Dorotea, una prima de Lina, le informa de que un barquero ha preguntado por él para consultar un extraño suceso. Stiffelio ya lo conoce, y lo expone enseguida: hace ocho días vio cómo un joven perseguido por una mujer escapaba del castillo por una ventana lanzándose al agua y dejando una carta. Tanto Raffaele como Lina se preocupan, pero Stiffelio quema la carta sin indagar su autoría. Stankar, conde del Sacro Imperio Romano y viejo guerrero, sospecha de su hija y del conde Raffaele, y amenaza a éste con matarle si es preciso. Los amigos de Stiffelio piden verle para aclamarle; su mujer, su amante y su padre expresan sus remordimientos.
Stiffelio se da cuenta de un cambio en su mujer, mientras ella recuerda cómo él llegó bajo el nombre de Rodolfo Müller al castillo de su padre para refugiarse de las persecuciones religiosas. El predicador le cuenta a su mujer cuántas depravaciones morales ha visto durante su último viaje. La conmoción de su esposa le extraña, y le pide expresarse, recordándole que ese día es el aniversario de su boda. Descubre que ella no lleva el anillo matrimonial, interpreta su silencio como confesión de algún acto deshonesto, y su ira se enciende.
Stankar interrumpe la discusión, y cuando Lina queda atrás, sola, no puede pensar en otra cosa que en su perdición. Luego, el viejo militar interroga a su hija para saberlo todo, y concluye que sus sospechas estaban justificadas. Pero en lugar de exigirle una confesión al marido, obliga a la hija a guardar silencio. Después de vencer muchas resistencias consigue su consentimiento.
Jorg observa cómo Raffaele guarda una carta en un libro con cerradura que contiene Der Messias de Klopstock y que luego Federico se lleva consigo.

 

Sala de audiencias en el castillo de Stankar, hacia mediodía. Los feligreses cantan ahora la alegría que les produce la presencia de Stiffelio entre ellos. Jorg cuenta a Stiffelio lo que ha visto pocos momentos antes, opinando que el libro será la prueba fehaciente de una relación pecaminosa. Mientras tanto, Federico entrega el libro a Lina y pregunta a Stiffelio por el tema del sermón. El predicador va a tratar sobre la traición, no sólo la de Judas a su Maestro, sino también de otros tipos, inspirándose en la obra de Klopstock. Stiffelio coge el libro que Lina tiene en sus manos, y le obliga a abrirlo con su llave. Como tarda en hacerlo, termina rompiendo la cerradura él mismo, y la carta cae al suelo. Cuando intenta leerla, interviene Stankar para impedírselo, y Stiffelio reacciona nuevamente con ira. Mientras Lina intenta desviar la atención de su marido hacia ella, su padre obliga a su amante a un encuentro nocturno. Los feligreses concluyen que la paz ha desaparecido a causa de las sospechas de Stiffelio, insufladas, según ellos, por el diablo mismo.

 

Acto segundo
Un viejo cementerio al lado de un templo.
Lina sufre su soledad; se siente culpable, y en su plegaria invoca la ayuda de la madre, tanto la de la suya ya fallecida como la de la divina intercesora. Cuando llega, Raffaele intenta calmar a Lina diciéndole que Stankar sospecha de Federico, no de él. Para probar su amor hacia ella, Lina le exige que le devuelva las cartas y el anillo, y que se marche antes de que llegue su padre. Pero Raffaele insiste en quedarse, incluso si Stiffelio llega a conocer la verdad, y Lina se va.
Sin embargo, Stankar insiste en que el predicador no sabrá nunca nada, porque piensa matar al amante de su hija en el duelo que le propone. Si no acepta, Stankar desvelará el secreto que Raffaele ha guardado celosamente: que en lugar de ser conde no es más que un pobre niño abandonado. Raffaele pierde la compostura y cruza la espada con Stankar hasta que Stiffelio les separa, recordándoles el carácter sagrado del lugar. Les invita a los dos a que hagan las paces como hermanos en religión, y estrecha la mano de Raffaele. Ahora es Stankar quien pierde la compostura, insinuando la existencia de una relación entre Lina y Raffaele.
Al escuchar el ruido de las espadas, Lina vuelve y pide perdón; Stiffelio identifica por fin a su rival. El hombre de fe dirige su ira contra su mujer, y el padre llama su atención sobre el seductor. El predicador está dispuesto a combatir al amante. En este momento suena desde el templo un himno que trata sobre la misericordia divina. El viejo predicador Jorg intenta calmar al joven, y le impulsa a acordarse de que es clérigo. Stiffelio pide inspiración divina, y lucha consigo mismo por perdonar a su mujer y desempeñar correctamente su cargo eclesiástico.

 

 

Acto tercero
Antecámara en el castillo de Stankar.
Raffaele ha huido y pide a Lina que le siga, pero Stankar ha interceptado la carta. Lamenta haber perdido el honor y piensa en su suicidio. Jorg entra con la noticia de que Raffaele volverá, y Stankar vuelve a desear la muerte del amante de su hija. Llegan Raffaele y su doméstico. El marido de Lina pregunta al amante de su esposa qué haría si ella estuviera libre del compromiso matrimonial. Él ya ha tomado la decisión de separarse de su mujer para seguir dedicándose al sacerdocio, y le ofrece que viva con Raffaele. Hay una modalidad legal para divorciarse y Stiffelio pide a Lina que firme el documento de divorcio, aunque no cree que lo vaya a hacer, y aún menos que Lina afirme que le ama sólo a él: Raffaele habría abusado de ella. El debate ya es superfluo porque Stankar ha matado a Raffaele para expiar su acción. Jorg propone buscar refugio en el templo; Stiffelio acepta maldiciendo a Raffaele.

Interior de un templo, con púlpito y órgano. Los feligreses cantan su himno; Stankar y Lina piden el perdón divino. Stiffelio reconoce a Lina entre los asistentes. Sube al púlpito y recita el texto evangélico «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra».

 

Willem de Waal

 

Más información y entradas

FECHAS

  • 21 de enero de 2017       Palacio Euskalduna      20:00 h.
  • 24 de enero de 2017       Palacio Euskalduna      20:00 h.
  • 27 de enero de 2017       Palacio Euskalduna      20:00 h.
  • 30 de enero de 2017       Palacio Euskalduna      20:00 h.

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>Teatro Arriaga. LOS NIBELUNGOS – La muerte de Sigfrido

Teatro Arriaga. LOS NIBELUNGOS – La muerte de Sigfrido

Lugar: Teatro Arriaga Antzokia Bilbao

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FICHA

Orquesta: Bilbao Orkestra Sinfonikoa – BOS.
Director: Nacho de Paz.

LOS LOCOS AÑOS VEINTE… EN EL ARRIAGA

Fritz Lang abordó en 1924 uno de sus proyectos cinematográficos más anbiciosos: Los nibelungos, inspirado en el poema épico «El cantar de los nibelungos» y compuesto por las péliculas La muerte de Sigfrido y La venganza de Krimilda. El Teatro Arriaga y la Bilbao Orkestra Sinfonikoa ofrecen un concierto especial en el que la BOS, bajo la dirección de Nacho de Paz, interpreta la música de la primera de las dos películas de aquel proyecto, La muerte de Sigfrido (En el original «Siegfrieds Tod»), mientras se proyecta el filme en pantalla gigante.

Más grande que la vida, inspirada en las leyendas nórdicas medievales y enriquecida por la llamativa imaginería del expresionismo alemán, La muerte de Sigfrido es un espectáculo monumental. Para presentar el relato de Sigfrido, Fritz Lang aprovechó al máximo las innovaciones cinematográficas y la visión creativa de los artistas de la productora Decla-Bioscop. Los imponentes árboles, las cuevas llenas de tesoros, y el dragón de setenta pies fueron construidos a escala natural en los talleres del estudio. Los técnicos de efectos especiales idearon nuevos formatos y trucos ópticos cuando la perspectiva de la acción era demasiado inmensa para ser reducida a los confines de un estudio. El resultado, Sigfrido, impresiona tanto por volver a contarnos la intrigante leyenda del siglo XIII, como por los mágicos recursos técnicos que le dieron vida 700 años después.

Considerada una obra cumbre del cine mudo alemán, su banda sonora corrió a cargo del compositor Gottfried Huppertz, de cuya música ya pudimos disfrutar hace no mucho también en el Arriaga en el concierto-proyección de Metropolis. Su composición refuerza tanto las escenas como a los personajes. A apenas tres años del centenario de su estreno, con la película restaurada y gracias a la recuperación de la partitura conservada en la Cinematex Alemana, podemos ahora ver esta joya del cine en la gran pantalla del Teatro Arriaga y con la orquesta en directo.

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