Conciertos

TEMPORADA BOS 1

Concierto de Apertura


Palacio Euskalduna.   19:30 h.

A. Berg: Concierto para violín y orquesta “a la memoria de un ángel”
G. Mahler: Sinfonía nº 1, en Re mayor, “Titán”

Guy Braunstein, violín

Yaron Traub, director

FECHAS

  • 09 de octubre de 2014       Palacio Euskalduna      19:30 h.
  • 10 de octubre de 2014       Palacio Euskalduna      19:30 h.

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ÁNGELES Y TITANES

 
Entre finales del XIX e inicios del XX, en convivencia con los últimos destellos del romanticismo, se desarrollan en Europa una serie de vanguardias que marcan el comienzo de la modernidad musical. Tenemos el impresionismo francés, el futurismo italiano, el primitivismo de Stravinsky y el peso del folclorismo en las regiones del este como muestras de un mapa continental que va tomando distintos colores. Pero vuelve a ser en Viena, como en los tiempos de Haydn, Mozart y Beethoven, donde se afianzan los pilares fundamentales de la nueva música. Ahora, a diferencia de entonces, los avances se centran más en la armonía que en la forma o el estilo. Arnold Schoenberg entiende que la tonalidad lleva tiempo en crisis y decide poner a prueba sus fuerzas con obras como Noche transfigurada, Pelleas und Melisande o los Gurre-Lieder. Tras tensar al máximo los límites del sistema tonal, de puro natural, la armonía tradicional se ve definitivamente superada. Anton Webern dirá de las Piezas para piano op. 11 (1908) que no están en ninguna tonalidad. Eso quiere decir que, en ellas, las relaciones armónicas y melódicas se desarrollan sin tener una base tonal como referencia. Unido a la atonalidad, el expresionismo encuentra su lugar en Schoenberg. Como en la pintura, el expresionismo musical trata de representar con enorme intensidad los conflictos interiores del hombre y se relaciona con una forma de rebeldía en el lenguaje. Dos obras expresionistas bien conocidas son la ópera Erwartung (1909) y el ciclo de canciones Pierrot Lunaire (1912).
 
Años más tarde, a inicios de los veinte, Schoenberg implanta un sistema nuevo con el que trata de asegurar “la supremacía de la música alemana durante los próximos cien años”. Se trata del dodecafonismo, un método que busca dar el mismo grado de importancia a cada una de las doce notas de la escala cromática. Para ello se establece como base de la composición una serie de esas doce notas dispuestas en cualquier orden. Esas notas se pueden utilizar tanto sucesiva como simultáneamente, pero es condición que ninguna de ellas se repita antes de haber empleado las restantes. Hay distintas posibilidades de presentar la serie: por movimiento directo, por inversión, por retrogradación y por inversión de la retrogradación. De esta forma, aunque parezca sorprendente, la música dodecafónica no va ligada necesariamente a la atonalidad, pues el método no impide per se relacionar la serie con un determinado centro tonal.  
 
En este camino hacia la nueva música Schoenberg no sólo cuenta con importantes apoyos teóricos e intelectuales, sino con la lealtad de dos discípulos extraordinarios. Juntos conforman lo que se ha llamado Segunda Escuela de Viena. Anton Webern apenas se interesa por el expresionismo y termina integrando la estructura serial en la forma, de manera que para muchos de sus contemporáneos sus obras son el resultado de ejercicios puramente intelectuales. Alban Berg, en cambio, renueva el lirismo del pasado y compone obras de gran violencia expresiva, como es su ópera Wozzeck (1922), cumbre del expresionismo y “el drama musical más antinazi imaginable”, en palabras de Stravinski. En ella, y este es un elemento distintivo del estilo bergiano, articula sugerencias claramente tonales dentro de un lenguaje que es atonal en esencia. La llegada del dodecafonismo a su música no anula esas implicaciones, por lo que incluso en sus últimas obras puede rastrearse la huella de la armonía tradicional.
 
Una de ellas es el Concierto para violín y orquesta “A la memoria de un ángel”, un encargo del violinista norteamericano Louis Krasner. La petición le llega a Berg mientras escribe su segunda ópera, Lulú, en la que emplea la técnica dodecafónica de manera bastante estricta. Inicialmente no le interesa demasiado la idea del concierto, pues piensa que Krasner quiere una obra de virtuoso, “y, como sabes, ese no es mi tipo de música”. Pero las conversaciones avanzan y el violinista acaba convenciendo al compositor del reto que supone escribir un concierto que pueda ser cerebral y emotivo al mismo tiempo. No hay que olvidar, además, que estamos en la Alemania de 1935 y que la música del compositor sufre la censura del régimen nazi, así que las condiciones no son nada favorables para una nueva ópera.
 
Berg no ha escrito ni una sola nota del concierto cuando recibe la noticia de la muerte a los dieciocho años de Manon Gropius, hija de Alma Mahler y de su segundo marido. El compositor, que adoraba a la joven, pregunta a Alma si puede dedicar la obra a su memoria, “a la memoria de un ángel”. Evidentemente el tono del concierto viene dado por el fatal suceso y la severidad que puede requerir el método dodecafónico se suaviza de manera considerable. Es más, la serie básica está planteada de tal forma que no se puedan evitar las implicaciones tonales, pues favorece la alternancia de tríadas mayores y menores. Esa gran habilidad para llevar la técnica al terreno expresivo dota a la música de un lirismo muy intenso que vela la enorme complejidad que lleva detrás.
 
Por otra parte, estamos ante una obra que aspira a la claridad de texturas y a una cierta simetría formal: el primer movimiento transita de un Andante a un Allegretto, mientras que el segundo parte de un Allegro y finaliza en un Adagio. Se ha sugerido que el primer movimiento puede retratar a Manon (tierna y encantadora, pero también alegre) y que en el segundo, de acento más expresionista, se desata el drama para desenlazar en una atmósfera etérea y profundamente elegiaca. Cobra pleno sentido la idea del contraste entre luz y sombras, entre paz y angustia, entre vida y muerte. En uno de los momentos más líricos del movimiento inicial Berg cita una canción popular de Carintia y, cercano el final del concierto, incorpora un coral luterano armonizado por Bach, “Es ist genug!” (“Ya es suficiente”), cuyas primeras notas, no por casualidad, coinciden con las cuatro últimas de la serie.
 
Berg termina el concierto en el verano de 1935, pero no llega a verlo estrenado, pues muere en diciembre de ese mismo año a causa de una septicemia provocada, se dice, por una picadura de abeja. Se organiza el estreno en el Palau de Barcelona dentro del Festival de la Sociedad Internacional de Música Contemporánea. Webern se hace cargo de los primeros ensayos pero, al no verse capaz, es finalmente Hermann Scherchen quien dirige el estreno de la obra junto a Krasner. Entonces se ve en ella, más que una elegía por Manon, un réquiem por el compositor y por la enorme personalidad musical que se va con él.
 
Puede parecer relativamente fácil relacionar el Concierto para violín de Berg con el sinfonismo de Mahler, pues su influencia en la música de los tres compositores de la Segunda Escuela de Viena ha sido estudiada hasta la saciedad. Admiran su rebeldía ante las normas de la vieja tonalidad, pero también la “inigualable objetividad con que escribe lo que es única y absolutamente necesario” y el poder que tiene su música para que “los acontecimientos alcancen el poder de hablar por sí mismos” (Schoenberg). En la música de Berg resuena con frecuencia una voluptuosidad típicamente mahleriana, pero es una voluptuosidad que se orienta hacia la simplicidad, mientras que en Mahler lo hace hacia el maximalismo, y lo hace desde la enorme Primera sinfonía, “Titán”, que con el tiempo será superada en grandeza, desde luego, pero eso es algo que entonces no sabe nadie. Para Bruno Walter la sinfonía tiene “por su exuberancia emocional, por la audacia incondicional e inconsciente de su novedad en la expresión y por su riqueza imaginativa, la fuerza única de una obra maestra de juventud”. Esa espontaneidad es inevitable en un compositor que, entre 1884 y 1889, tiene aún pocas piezas a sus espaldas. Entre ellas destacan los cuatro Lieder eines fahrenden Gesellen (“Canciones de un camarada errante”), que en buena medida servirán de base a la nueva sinfonía.
 
Mahler tiene un programa más o menos detallado para esta primera sinfonía, a la manera de un poema sinfónico, pero lo acaba suprimiendo. Así y todo, la idea del Titán (recogida de un texto de Jean Paul) parece implicar un cierto recorrido vital y una tensión constante entre luz y oscuridad. El movimiento inicial, sobre la cuerda suspendida, se abre con una llamada de la naturaleza en la que se escuchan el canto del cuco, lejanas fanfarrias y una melodía (tomada del lied “Ging Heute morgen ubers Feld”) plácida y de aire pastoral. La ira, la vehemencia y las fuerzas del destino se baten a lo largo del movimiento. El segundo enfrenta dos universos opuestos: un Länder (vigoroso, enérgico) como vals rural austriaco y una sección intermedia, “a modo de Scherzo”, de espíritu mucho más urbano.    
 
Pese a los elementos macabros y paródicos del tercer movimiento, que en origen lleva el título de “Marcha fúnebre al estilo de Callot”, y pese a sus grotescas melodías, la música avanza con un halo de patetismo. Como un remanso de paz, la parte central se abre a la poesía. Las tensiones se liberan definitivamente en el titánico movimiento final, que arranca con una energía descomunal y se desarrolla con una precipitación de acontecimientos marcada por reiteradas miradas hacia atrás y una nueva lucha de poderes que acaba en una frenética celebración de la vida. Es este final el que más sorprende y desconcierta a los contemporáneos del compositor. A Eduard Hanslick, el crítico vienés más influyente de la época, le parece “horroroso”. Pero el tiempo, como tantas veces, demostrará que las posibilidades que se abren con esta nueva sinfonía acabarán llegando aún más allá de lo que entonces nadie puede imaginar.
 
Asier Vallejo Ugarte
La Primera de Mahler “Titan”
Concierto de Apertura
Primer concierto de Temporada (9 y 10 de octubre de 2014)
 
Comenzamos nuestro primer programa de la temporada 2014-2015 con la interpretación del Concierto para Violín y Orquesta de Alban Berg. Interpretamos por primera vez este concierto los días 9 y 10 de mayo de 1985 en el Teatro Campos Elíseos bajo la dirección de Enrique García Asensio y con el violinista Rony Rogoff. Desde entonces tan sólo lo hemos podido escuchar en otra ocasión los días 17 y 18 de febrero de 2000 bajo la dirección de Juanjo Mena y con la violinista Tasmin Little. Para su interpretación emplearemos la edición crítica preparada por Douglas Jarman para Universal Edition (http://www.universaledition.com).
 
En la segunda parte tendremos la oportunidad de disfrutar de la Sinfonía nº 1 en Re Mayor “Titán” de Gustav Mahler. Interpretamos por primera vez la misma el 6 de octubre de 1961 en el Teatro Buenos Aires bajo la dirección de Rafael Frühbeck de Burgos. Desde entonces la hemos escuchado en otras 8 ocasiones siendo la última los días 7 y 8 de octubre de 2010 en el Palacio Euskalduna bajo la dirección de Günter Neuhold. Para su interpretación emplearemos la edición crítica preparada por Karl Heinz Füssl y Reinhold Kubik para la Sociedad Internacional Gustav Mahler y publicado por Universal Edition (http://www.universaledition.com)
 
A continuación les recomendamos una serie de grabaciones comerciales de las obras de nuestro programa. Todas ellas pueden adquirirse en la Fnac o escucharse a través de internet siguiendo los enlaces señalados:
 
A. Berg: Concierto para Violín y Orquesta
Daniel Hope – Paul Watkins – BBC Symphony Orchestra
Release date: 25/09/2012
Label: Warner Classics
 
G. Mahler: Sinfonía nº 1 en Re Mayor “Titán”
Hermann Scherchen – Royal Philharmonic Orchestra
Release date: 18/09/2001
Label: Deutsche Grammophon
 
 
Alan Gilbert – New York Philharmonic Orchestra
Release date: 10/06/2010
Label: New York Philharmonic

MÚSICA PARA UN ÁNGEL Y UN TITÁN
Las dos obras maestras que dan inicio a nuestra temporada están íntimamente unidas por varios factores. Por una parte, la mutua admiración que se profesaron Gustav Mahler, como maestro y precursor, y Alban Berg, el más apasionado de los rebeldes compositores de la Segunda Escuela de Viena. Por otra, el “ángel” a cuya memoria dedicó Berg su concierto. Ese “ángel” era Manon la malograda hija de Alma, viuda de Mahler, con su segundo marido, el arquitecto Walter Gropius. Un adiós en la voz del violín, y una radiante irrupción en el mundo de la sinfonía.
 

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Joaquín Achúcarro, piano

II

MODEST MUSSORGSKY (1839-1881) / MAURICE RAVEL (1875-1937)

Cuadros de una exposición.

I. Promenade – Gnomus
II. Promenade – El castillo medieval
III. Promenade – Tullerias
IV. Promenade – Bydlo
V. Baile de los polluelos dentro del cascarón
VI. Samuel Goldenberg y Schmuyle
VII. El mercado
VIII. Catacumbas (Sepulcrum Romanum)
IX. La cabaña sobre patas de gallina (o la choza de Baba-Yaga)
X. La gran puerta de Kiev

Información y entradas
Temporada 2021-2022
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Madama Butterfly

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Giacomo Puccini

Representaciones

  • Sábado 21 de Mayo de 2022 19:00h
  • Martes 24 de Mayo de 2022 19:30h
  • Viernes 27 de Mayo de 2022 19:30h
  • Sábado 28 de Mayo de 2022 19:00h (*OB)
  • Lunes 30 de Mayo de 2022 19:30h

*OB: Opera Berri

Patrocina:

FICHA

  • Cio-Cio San: Maria Agresta*
  • Cio-Cio San BERRI: Carmen Solís
  • Pinkerton: Sergio Escobar
  • Pinkerton BERRI: Javier Tomé
  • Suzuki: Carmen Artaza*
  • Sharpless: Damián del Castillo
  • Goro: Jorge Rodríguez-Norton
  • Kate Pinkerton: Marta Ubieta
  • Yamadori y Comisario: Jose Manuel Día
  • Tío Bonzo: Fernando Latorre
  • Oficial del registro: Javier Campo**
  • Yakuside: Gexan Etxabe
  • La madre de Cio-Cio San: Eider Torrijos**
  • La tía de Cio-Cio San: Leyre Mesa**
  • La prima de Cio-Cio San Olga Revuelta**
  • Bilbao Orkestra Sinfonikoa
  • Coro de Ópera de Bilbao: Director Boris Dujin
  • Director musical: Henrik Nánási*
  • Director de escena: Stefano Monti
  • Coproducción Teatro Comunale di Modena / Teatro Municipale di Piacenza

*Debuta en ABAO Bilbao Opera
**Coro de Ópera de Bilbao

MÁS INFORMACIÓN

Benjamin Franklin Pinkerton, un oficial de la Armada de Estados Unidos, inspecciona una casita en una colina cercana a Nagasaki desde la que se ve el puerto. Va a alquilársela a Goro, un servicial casamentero. Junto con la casa recibe también a tres criados y a una geisha como mujer, cuyo nombre es Cio-Cio San, pero que es conocida como Butterfly. El alquiler, según la costumbre japonesa, es por una duración de 999 años, susceptible de ser renovado todos los meses. El cónsul estadounidense, Sharpless, llega jadeante después de haber subido la colina. Pinkerton describe su filosofía del yanqui indómito que recorre el mundo en busca de experiencias y placeres. No está seguro de si sus sentimientos por la joven japonesa son realmente amor o simplemente un capricho, pero su intención es seguir adelante y celebrar la ceremonia nupcial. Sharpless le advierte de que es posible que la muchacha tenga una visión diferente del matrimonio, pero Pinkerton hace caso omiso de sus preocupaciones y le dice que algún día tendrá una verdadera esposa estadounidense. Ofrece al cónsul güisqui y propone un brindis.

Llega Butterfly con sus amigos para la ceremonia. En una conversación casual tras la presentación formal, la muchacha admite que tiene tan solo quince años y explica que su familia fue importante en otro tiempo, pero que luego perdió su posición desahogada, por lo que no le ha quedado más remedio que ganarse la vida como geisha. Llegan sus familiares y hablan sobre la celebración de un matrimonio tan desigual. Cio-Cio San enseña a Pinkerton sus exiguas posesiones y le confiesa que ha estado en la misión cristiana y que tiene la intención de convertirse a la religión de su marido. El comisionado imperial lee el contrato matrimonial y los parientes felicitan a la pareja. De repente, se oye desde lejos una voz amenazadora: es el bonzo, el tío de Butterfly, un sacerdote. Maldice a la muchacha por haber ido a la misión y por renunciar a su religión ancestral. Pinkerton les ordena a todos que se vayan e intenta consolar a Butterfly con palabras dulces. Suzuki le ayuda a ponerse el kimono nupcial antes de que la pareja se reúna en el jardín, donde se dejan llevar por la pasión.

Cuando comienza el Acto II han transcurrido tres años y Cio-Cio San está esperando el regreso de su marido a casa. Suzuki implora ayuda a los dioses, pero Butterfly le reprende por creer en los dioses japoneses en vez de en la promesa de Pinkerton de que un día regresaría. Aparece Sharpless con una carta de Pinkerton, pero antes de que pueda leerla a Butterfly, aparece Goro con el último pretendiente de la joven, el acaudalado príncipe Yamadori. Butterfly sirve amablemente té a los invitados, pero insiste en que no está disponible para contraer matrimonio: su marido estadounidense no la ha dejado y le dio palabra de que un día regresaría. Pide a Goro y Yamadori que se vayan. Sharpless intenta leer la carta de Pinkerton y sugiere a Butterfly que quizá debería reconsiderar la oferta de Yamadori. Como respuesta, ella le muestra al cónsul el hijo que ha tenido con Pinkerton. Dice que su nombre es “Pesar”, pero que cuando regrese su padre se llamará “Dicha”. Sharpless está demasiado hundido para seguir leyéndole el contenido de la carta. Se va prometiéndole que informará a Pinkerton sobre la existencia de su hijo. Un cañonazo en el puerto anuncia la llegada de un barco. Butterfly y Suzuki leen su nombre desde la terraza: es el de Pinkerton. Radiante de alegría, Butterfly se une a Suzuki para decorar la casa con flores. Cae la noche y Butterfly, Suzuki y el niño emprenden una vigilia sin apartar la vista del puerto.

Amanece y Suzuki insiste en que Butterfly intente dormir un poco. Butterfly mete al niño en la casa. Aparece Sharpless con Pinkerton y Kate, la nueva mujer de Pinkerton. Suzuki se da cuenta de quién es la mujer estadounidense y se muestra de acuerdo en ayudar a comunicar la noticia a Butterfly. A Pinkerton le invade la sensación de culpa y se retira un poco para recordar los días pasados en la casa. Cio-Cio San entra apresuradamente confiando en encontrar a Pinkerton, pero es a Kate a quien ve en su lugar. Comprendiendo la situación, se muestra de acuerdo en renunciar a su hijo, pero insiste en que sea Pinkerton quien vuelva a por él. Tras echar a todo el mundo, Butterfly saca la daga con la que su padre se había suicidado, pues prefiere morir con honor que vivir con vergüenza. Se detiene por un instante cuando entra el niño inesperadamente, pero Butterfly lo saca al jardín y ella se retira detrás de una cortina. Cuando llega Pinkerton, pronunciando su nombre, la joven se clava la daga.

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Temporada 2022-2023
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>Concierto para dos Aniversarios Bilbao Orkestra Sinfonikoa & Guggenheim Bilbao

Concierto para dos Aniversarios Bilbao Orkestra Sinfonikoa & Guggenheim Bilbao

Lugar: Guggenheim Bilbao

Coincidiendo con el centenario de la BOS el Museo Guggenheim Bilbao celebra su 25º Aniversario. En esta doble celebración, el Museo será el escenario de un gran concierto de la BOS abierto a la ciudadanía cuyo programa incluirá “Cuadros de una exposición”, la obra con la que Modest Mussorgsky rindió homenaje a su amigo Viktor Hartmann, con ocasión de la exhibición de algunas de sus obras tras su fallecimiento. La pieza representa un recorrido de cuadro en cuadro, en un estilo musical de fuerte carácter descriptivo. Compuesta originalmente para piano, la música fue “coloreada” por Maurice Ravel con una brillante orquestación. Junto a este gran clásico, en este concierto se recuperará el poema sinfónico, de lenguaje denso y poderoso, “Andrómeda”, de Augusta Holmès, compositora francesa injustamente tratada por la historia, al igual que muchas de sus colegas. Una gran oportunidad para celebrar la amistad y el diálogo entre las artes.

Patrocina:

Localización : Atrio
Punto de venta : Taquilla y Web
Duración : 60
Más información : Aforo limitado y uso responsable de mascarilla.
Se ruega puntualidad. No se podrá acceder al Atrio una vez iniciada la actividad.

Web: Guggenheim

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