Conciertos

TEMPORADA BOS 10


Palacio Euskalduna.   19:30 h.

J. Rueda: Un viaje imaginario
J. Sibelius: Concierto para violín y orquesta
H. Berlioz: Romeo y Julieta, selección

Orquesta Invitada

Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias

Karen Gomyo, violín
Adrian Pravaba, director

 

 

FECHAS

  • 10 de febrero de 2011       Palacio Euskalduna      19:30 h.
  • 11 de febrero de 2011       Palacio Euskalduna      19:30 h.

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EL ECO DE LA VIDA

Hay dos nombres que destacan enseguida cuando se repasa el periodo de formación del compositor madrileño Jesús Rueda (Madrid, 1961): Luis de Pablo y Francisco Guerrero. Su Viaje imaginario, “Francisco Guerrero in memoriam” es un homenaje al segundo, fallecido prematuramente en 1997 con sólo cuarenta y seis años. Se habían conocido en el Madrid de los ochenta, en plena Movida, cuando la capital de España era el gran reino de la noche.

El joven Jesús ya había andado lo suyo en este mundo (el conservatorio, Luis de Pablo…), y ya tenía más o menos claro qué era la música y cuál era su camino, pero Paco era distinto, su concepción del estudio era otra cosa, era un maestro de los de antes, un viejo artesano, su casa era en sí misma una escuela, un verdadero taller, el arca de la sabiduría. Rueda inició este Viaje imaginario poco después de su muerte, cuando era compositor residente en la JONDE (Joven Orquesta Nacional de España), y esta misma orquesta lo estrenó con Ernest Martínez Izquierdo al frente el 16 de enero de 1998 en el Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián.

Como es de esperar, la obra tiene un fondo oscuro, sombrío, fúnebre. Hay una influencia reconocida del motete Delicta juventutis del franco-flamenco Pierre de la Rue, escrito con ocasión de la muerte de Felipe el Hermoso a comienzos del siglo XVI, pero esta influencia se integra en un universo sonoro que se mueve entre extremos y crea diferentes sensaciones de amplitud, con resonancias electroacústicas, atmósferas densamente estáticas y fuertes confrontaciones entre consonancias y disonancias que, al final, acaban diluyéndose en el silencio. A diferencia de su posterior Viaje múltiple (2005), este no es un salto al abismo, sino un descenso a la más impenetrable nada.

El mismo siglo que moría en la obra de Rueda, el XX, nacía en el Concierto para violín en re menor, op. 47 de Sibelius. La primera referencia es de septiembre de 1902, cuando el finlandés escribía a su esposa Aino que había encontrado una “idea maravillosa” para dar inicio a la obra. Una vez terminada, todo parecía indicar que sería el violinista alemán Willy Burmester (1869-1933), alumno en su día de Joseph Joachim, el encargado de tocarla por primera vez, pero la cosa se torció y no se vieron capaces de llegar a un acuerdo para la fecha del estreno: Burmester necesitaba tiempo para prepararla, y el compositor necesitaba estrenarla cuanto antes, lo estaba pasando mal y le hacía falta el dinero. Y así llegó a Victor Nováèek, un violinista nada excepcional que poco pudo hacer con la obra aquel desastroso 8 de febrero de 1904 en Helsinki. El fiasco no pasó inadvertido para Burmester, que insistió en echar una mano al compositor (“tocaré el concierto de tal forma que la ciudad caerá a tus pies”), pero este, tras revisar la obra a fondo, acabó confiando en el también alemán Karl Halir para un segundo estreno, esta vez sí muy aplaudido, que tuvo lugar en Berlín el 19 de octubre de 1905 con Richard Strauss en el podio. Poco después el compositor dedicaría la obra al violinista Ferenc von Vecsey, por entonces todavía un niño de doce años.

El concierto pertenece a una etapa de transición en la obra de Sibelius. La literatura nacional había dominado sus piezas hasta los últimos años del siglo XIX, con páginas como En Saga (1892), Kullervo (1892), la suite Karelia (1893), las Leyendas de Lemminkäinen (1893-95) o Finlandia (1899), pero a partir de la Primera sinfonía (1899/1900) el compositor cambió el rumbo de su música hacia un estilo más abstracto y, por así decirlo, universal, que seguía de alguna forma la tradición sinfónica decimonónica de un Brahms, un Liszt o un Chaikovski. Y así se hizo enormemente célebre en toda Europa. Luego sus críticos (Theodor Adorno a la cabeza) le llamarían de todo: impotente, conservador, reaccionario, antimodernista o decadente, lo de siempre.

El Allegro moderato se abre con esa idea “maravillosa” a la que se refería el compositor, una expresiva, penetrante y en sí misma atmosférica melodía a cargo del solista sobre el suave manto en pianissimo de la cuerda. Tras un breve puente, la orquesta se eleva sombría, intensa y nebulosa. Dos largos trinos del violín llevan a un Allegro molto agitado y oscuro que a su vez da paso, en el mismo corazón del movimiento, a una cadencia portentosa. La música recupera después el clima inicial, recapitula, desarrolla y camina, entre brumas, vientos huracanados y salidas de sol, hacia un vigoroso final. El Adagio di molto, al que da comienzo un breve diálogo entre clarinete y oboes, está dominado por el canto denso y delicado del violín, que va deviniendo paulatinamente en una estremecedora sensación de abandono lírico, todo lo contrario que el Allegro, ma non tanto, incisivo en sus ritmos, punzante en sus acentos, salvaje en su vitalidad, delirante en su virtuosismo, una “polonesa para osos polares” según las famosas palabras de Donald Tovey.
 
Y si la literatura nórdica fue fuente de inspiración para Sibelius durante buena parte de su vida, todo un romántico como Hector Berlioz había dirigido antes su mirada a grandes nombres de las letras universales como Johann Wolfgang von Goethe, Lord Byron, Walter Scott o, desde luego, William Shakespeare. Su relación con el dramaturgo inglés comenzó en 1827, cuando el joven compositor asistió en el Théâtre de l´Odéon de París a sendas representaciones de Hamlet y Romeo y Julieta: “la luz de aquel descubrimiento me reveló de golpe el auténtico cielo del arte”. Allí estaba la actriz Harriet Smithson, con quien se casaría en 1833. A la luz de la literatura shakesperiana vendrían obras como la obertura El rey Lear (1834), La muerte de Ofelia (1848), la ópera Béatrice et Benédict (1862) y la sinfonía dramática Romeo y Julieta, para orquesta, solistas y coro, estrenada en el Conservatorio de París en noviembre de 1839. En ella la línea narrativa y descriptiva de la Sinfonía fantástica (1830) y Harold en Italie (1834) se unía a la línea coral de la Novena de Beethoven (1824) y la Segunda de Mendelssohn (1840). Estábamos así en la antesala de La condenación de Fausto (1846), que no sería ya una sinfonía, sino una “leyenda dramática”. Pero tampoco Romeo y Julieta se llamaba Sinfonía nº 3, ni la Sinfonía fantástica se llamaba Sinfonía nº 1, la sinfonía de Berlioz no era la de Beethoven, la de Schubert o la de Brahms, su mundo expresivo era distinto, había detrás un programa, una narración, un relato, una historia que se iba tejiendo a partir de la trasmisión de sensaciones asociadas (o asociables) a diferentes escenas. Este era, en síntesis, el principio de la música programática, que convivía con el ideal de música absoluta, puramente abstracta, sin referencias temáticas.

A pesar de que la voz hace presencia en cuatro de los siete movimientos de Romeo y Julieta, es habitual hacer una suite orquestal en cinco partes para las salas de conciertos. La introducción (I) se inicia con una agitada lucha entre Capuletos y Montescos, aliviada por la majestuosa intervención de los metales, que son la autoridad de Verona. Romeo está solo (II), la cuerda canta con melancolía y cada vez con mayor intensidad, la música crece en lirismo, y todo parece preparado para el romanticismo suave, soñador y penetrante de la escena de amor (III), la famosa imagen del balcón: Romeo y Julieta, amantes en la noche, luz en sus miradas, poesía de sus almas. La Reina Mab vuela después en su Scherzo (IV), en esas melodías ligeras, etéreas y traviesas que revolotean por el fantástico mundo de hadas y duendes imaginado por Mercutio. Y la atmósfera cambia completamente en la tumba de los Capuletos, a la que Romeo llega exhausto (V): allí yace Julieta. El joven toma su veneno y las maderas, acompañadas de la cuerda en sordina, entonan un canto elegíaco. Cuando al fin parece haberse hecho el silencio, suena (en pppp) un clarinete, la cuerda grave vuelve a la vida, Julieta despierta. No es una ilusión: los amantes se abrazan, la orquesta entra en éxtasis… pero muy pronto la pasión deja paso a la angustia, la angustia a la tristeza, y entre la tristeza la vida del joven se apaga para siempre. Desolada, Julieta se clava una daga, la orquesta grita, la cuerda grave tiembla. Un oboe se pierde en la lejanía: es el eco de la vida, el llanto de la eternidad. 

Asier Vallejo Ugarte

Karen Gomyo, violín
Ganadora de la prestigiosa Beca Avery Fisher Career en 2008, la violinista Karen Gomyo atrajo la atención del público después de ganar las Audiciones Internacionales Young Concert Artists en 1997 a los 15 años.
Descrita por el periódico Chicago Tribune como "una artista de primera clase con un dominio musical , vitalidad, brillantez e intensidad reales” y descrita por el Toronto Globe y Mail como "espléndida y profundamente seria, posiblemente el último gran talento en llegar bajo la influencia de Dorothy DeLay". Ha actuado con la mayoría de las principales orquestas, incluyendo las orquestas de Nueva York,  Filarmónica de Los Ángeles, Filadelfia y Minnesota; las sinfónicas de San Francisco, San Luis, Houston, Montreal y la Orquesta Sinfónica Nacional de Washington D.C.; la Sinfónica de la Ciudad de Birmingham, la Royal Scottish National Orchestra, la Royal Liverpool Philharmonic, la Bergen Philharmonic y la Den Haag Residentie Orkest, entre otras.
Nacida en Tokyo y criada en Montreal, Karen Gomyo empezó a estudiar violín a los cinco años.  Estudió con Dorothy DeLay en la Juilliard School, con Mauricio Fuks en la Universidad de Indiana y con Donald Weilerstein en el Conservatorio de New England.

Adrian Prabava, director

El director Indonesio Adrian Prabava tiene un amplio  repertorio tanto en  concierto como en ópera. Lo más destacable de esta temporada incluye conciertos con la Orchestre Philharmonique de Estrasburgo, Royal Concertgebouw Orchestra, Het Gelders Orkest, Trondheim Symfoniorkester y el retorno al Theater Magdeburg con conciertos sinfónicos y una producción de la ópera The Turn of the Screw de Britten. También debutará en Estados Unidos en el Round Top Festival, Texas, en el verano de 2011.

La pasada temporada sus compromisos incluyeron debuts con la Orchestre de Paris y la Deutsche Radio Philharmonie Saarbrücken, así como conciertos con la Netherlands Philharmonic Orchestra. Como director de ópera, ha dirigido producciones como The Rise and Fall of the City of Mahagonny  de Weill y  Die Fledermaus de Strauss para la Komische Oper Berlin.

Adrian Prabava fue galardonado en Noviembre de 2007, con el premio Bernard Haitink para Jóvenes Talentos por la Royal Concertgebouw Orchestra. También ha trabajado estrechamente con Kurt Masur y ha sido Director Asistente de la Orchestre National de France durante dos años.

Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias

La OSPA nace en 1991 bajo el auspicio del Gobierno del Principado de Asturias y con el objetivo prioritario de enriquecer musical y culturalmente la región. Es un Organismo Autónomo de la Consejería de Cultura y Turismo, y miembro de la AEOS. S.A.R. D. Felipe de Borbón es su Presidente de Honor.

Su actividad principal se articula en torno a las temporadas de conciertos que ofrece cada año en Oviedo, Gijón y Avilés, sin olvidar su importante participación en la temporada de ópera de la Asociación Asturiana de Amigos de la Ópera.

Fuera del Principado la Orquesta ha actuado en los auditorios y salas más importantes de la geografía española, ha colaborado con la ABAO y en convocatorias tan relevantes como el Festival de Santander, el Festival de Música y Danza de Granada o el Festival de Música Contemporánea de Alicante.

De sus giras internacionales hay que destacar la realizada en el año 1996 por Chile y México. Dos años más tarde, volverá a Chile y participará también en el Festival Intercéltico de Lorient (Francia). La OSPA regresa a México en 2007 con gran éxito de crítica. En la temporada 2007/08 viaja a China, dentro de las actividades del Año de España en este país.

 

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Lugar: Palacio Euskalduna

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I

AUGUSTA HOLMÈS (1847-1903)

Andromède, Poema sinfónico*

CÉSAR FRANCK (1822-1890)

Variaciones sinfónicas para piano y Orquesta.

Joaquín Achúcarro, piano

II

MODEST MUSSORGSKY (1839-1881) / MAURICE RAVEL (1875-1937)

Cuadros de una exposición.

I. Promenade – Gnomus
II. Promenade – El castillo medieval
III. Promenade – Tullerias
IV. Promenade – Bydlo
V. Baile de los polluelos dentro del cascarón
VI. Samuel Goldenberg y Schmuyle
VII. El mercado
VIII. Catacumbas (Sepulcrum Romanum)
IX. La cabaña sobre patas de gallina (o la choza de Baba-Yaga)
X. La gran puerta de Kiev

Información y entradas
Temporada 2021-2022
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Madama Butterfly

Lugar: Palacio Euskalduna

Giacomo Puccini

Representaciones

  • Sábado 21 de Mayo de 2022 19:00h
  • Martes 24 de Mayo de 2022 19:30h
  • Viernes 27 de Mayo de 2022 19:30h
  • Sábado 28 de Mayo de 2022 19:00h (*OB)
  • Lunes 30 de Mayo de 2022 19:30h

*OB: Opera Berri

Patrocina:

FICHA

  • Cio-Cio San: Maria Agresta*
  • Cio-Cio San BERRI: Carmen Solís
  • Pinkerton: Sergio Escobar
  • Pinkerton BERRI: Javier Tomé
  • Suzuki: Carmen Artaza*
  • Sharpless: Damián del Castillo
  • Goro: Jorge Rodríguez-Norton
  • Kate Pinkerton: Marta Ubieta
  • Yamadori y Comisario: Jose Manuel Día
  • Tío Bonzo: Fernando Latorre
  • Oficial del registro: Javier Campo**
  • Yakuside: Gexan Etxabe
  • La madre de Cio-Cio San: Eider Torrijos**
  • La tía de Cio-Cio San: Leyre Mesa**
  • La prima de Cio-Cio San Olga Revuelta**
  • Bilbao Orkestra Sinfonikoa
  • Coro de Ópera de Bilbao: Director Boris Dujin
  • Director musical: Henrik Nánási*
  • Director de escena: Stefano Monti
  • Coproducción Teatro Comunale di Modena / Teatro Municipale di Piacenza

*Debuta en ABAO Bilbao Opera
**Coro de Ópera de Bilbao

MÁS INFORMACIÓN

Benjamin Franklin Pinkerton, un oficial de la Armada de Estados Unidos, inspecciona una casita en una colina cercana a Nagasaki desde la que se ve el puerto. Va a alquilársela a Goro, un servicial casamentero. Junto con la casa recibe también a tres criados y a una geisha como mujer, cuyo nombre es Cio-Cio San, pero que es conocida como Butterfly. El alquiler, según la costumbre japonesa, es por una duración de 999 años, susceptible de ser renovado todos los meses. El cónsul estadounidense, Sharpless, llega jadeante después de haber subido la colina. Pinkerton describe su filosofía del yanqui indómito que recorre el mundo en busca de experiencias y placeres. No está seguro de si sus sentimientos por la joven japonesa son realmente amor o simplemente un capricho, pero su intención es seguir adelante y celebrar la ceremonia nupcial. Sharpless le advierte de que es posible que la muchacha tenga una visión diferente del matrimonio, pero Pinkerton hace caso omiso de sus preocupaciones y le dice que algún día tendrá una verdadera esposa estadounidense. Ofrece al cónsul güisqui y propone un brindis.

Llega Butterfly con sus amigos para la ceremonia. En una conversación casual tras la presentación formal, la muchacha admite que tiene tan solo quince años y explica que su familia fue importante en otro tiempo, pero que luego perdió su posición desahogada, por lo que no le ha quedado más remedio que ganarse la vida como geisha. Llegan sus familiares y hablan sobre la celebración de un matrimonio tan desigual. Cio-Cio San enseña a Pinkerton sus exiguas posesiones y le confiesa que ha estado en la misión cristiana y que tiene la intención de convertirse a la religión de su marido. El comisionado imperial lee el contrato matrimonial y los parientes felicitan a la pareja. De repente, se oye desde lejos una voz amenazadora: es el bonzo, el tío de Butterfly, un sacerdote. Maldice a la muchacha por haber ido a la misión y por renunciar a su religión ancestral. Pinkerton les ordena a todos que se vayan e intenta consolar a Butterfly con palabras dulces. Suzuki le ayuda a ponerse el kimono nupcial antes de que la pareja se reúna en el jardín, donde se dejan llevar por la pasión.

Cuando comienza el Acto II han transcurrido tres años y Cio-Cio San está esperando el regreso de su marido a casa. Suzuki implora ayuda a los dioses, pero Butterfly le reprende por creer en los dioses japoneses en vez de en la promesa de Pinkerton de que un día regresaría. Aparece Sharpless con una carta de Pinkerton, pero antes de que pueda leerla a Butterfly, aparece Goro con el último pretendiente de la joven, el acaudalado príncipe Yamadori. Butterfly sirve amablemente té a los invitados, pero insiste en que no está disponible para contraer matrimonio: su marido estadounidense no la ha dejado y le dio palabra de que un día regresaría. Pide a Goro y Yamadori que se vayan. Sharpless intenta leer la carta de Pinkerton y sugiere a Butterfly que quizá debería reconsiderar la oferta de Yamadori. Como respuesta, ella le muestra al cónsul el hijo que ha tenido con Pinkerton. Dice que su nombre es “Pesar”, pero que cuando regrese su padre se llamará “Dicha”. Sharpless está demasiado hundido para seguir leyéndole el contenido de la carta. Se va prometiéndole que informará a Pinkerton sobre la existencia de su hijo. Un cañonazo en el puerto anuncia la llegada de un barco. Butterfly y Suzuki leen su nombre desde la terraza: es el de Pinkerton. Radiante de alegría, Butterfly se une a Suzuki para decorar la casa con flores. Cae la noche y Butterfly, Suzuki y el niño emprenden una vigilia sin apartar la vista del puerto.

Amanece y Suzuki insiste en que Butterfly intente dormir un poco. Butterfly mete al niño en la casa. Aparece Sharpless con Pinkerton y Kate, la nueva mujer de Pinkerton. Suzuki se da cuenta de quién es la mujer estadounidense y se muestra de acuerdo en ayudar a comunicar la noticia a Butterfly. A Pinkerton le invade la sensación de culpa y se retira un poco para recordar los días pasados en la casa. Cio-Cio San entra apresuradamente confiando en encontrar a Pinkerton, pero es a Kate a quien ve en su lugar. Comprendiendo la situación, se muestra de acuerdo en renunciar a su hijo, pero insiste en que sea Pinkerton quien vuelva a por él. Tras echar a todo el mundo, Butterfly saca la daga con la que su padre se había suicidado, pues prefiere morir con honor que vivir con vergüenza. Se detiene por un instante cuando entra el niño inesperadamente, pero Butterfly lo saca al jardín y ella se retira detrás de una cortina. Cuando llega Pinkerton, pronunciando su nombre, la joven se clava la daga.

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Temporada 2022-2023
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2022
>Concierto para dos Aniversarios Bilbao Orkestra Sinfonikoa & Guggenheim Bilbao

Concierto para dos Aniversarios Bilbao Orkestra Sinfonikoa & Guggenheim Bilbao

Lugar: Guggenheim Bilbao

Coincidiendo con el centenario de la BOS el Museo Guggenheim Bilbao celebra su 25º Aniversario. En esta doble celebración, el Museo será el escenario de un gran concierto de la BOS abierto a la ciudadanía cuyo programa incluirá “Cuadros de una exposición”, la obra con la que Modest Mussorgsky rindió homenaje a su amigo Viktor Hartmann, con ocasión de la exhibición de algunas de sus obras tras su fallecimiento. La pieza representa un recorrido de cuadro en cuadro, en un estilo musical de fuerte carácter descriptivo. Compuesta originalmente para piano, la música fue “coloreada” por Maurice Ravel con una brillante orquestación. Junto a este gran clásico, en este concierto se recuperará el poema sinfónico, de lenguaje denso y poderoso, “Andrómeda”, de Augusta Holmès, compositora francesa injustamente tratada por la historia, al igual que muchas de sus colegas. Una gran oportunidad para celebrar la amistad y el diálogo entre las artes.

Patrocina:

Localización : Atrio
Punto de venta : Taquilla y Web
Duración : 60
Más información : Aforo limitado y uso responsable de mascarilla.
Se ruega puntualidad. No se podrá acceder al Atrio una vez iniciada la actividad.

Web: Guggenheim

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