Conciertos

TEMPORADA BOS 11


Palacio Euskalduna.   19:30 h.

A. Webern: Passacaglia
E. Elgar: Conc. para violonchelo y orquesta en Mi menor
J. Brahms: Sinfonía nº 4 en Mi menor

Adolfo Gutiérrez, violonchelo
John Axelrod, director

FECHAS

  • 26 de febrero de 2015       Palacio Euskalduna      19:30 h.
  • 27 de febrero de 2015       Palacio Euskalduna      19:30 h.

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Callejeando

Johannes Brahms (1833-1897) vivió su vida profesional como un Moisés de la música. Allá hacia donde se encaminase, la opinión pública se abría en dos como las aguas del Mar Rojo. Defensores y detractores se lanzaban con entusiasmo de sobremesa a debatir sobre la última hazaña o fechoría del hamburgués. La principal complicación del transeunte Brahms era que, a menudo, alguno de sus firmes valedores se sentía perplejo, traicionado en sus expectativas, o se había levantado con mal pie, y se cambiaba alegremente de bando durante un rato; con el consiguiente desconcierto, claro, del resto del tablero. Incluso Hanslick, el eminente crítico vienés que lo adoraba, le soltaba alguna pulla con germánica puntualidad. Brahms atravesó su carrera hecho una sopa, murmurando para sus adentros eso de que líbrenos Dios de nuestros amigos, que de los enemigos ya nos encargamos nosotros.
Curiosamente, todo el mundo parecía estar bastante de acuerdo en plantarle un ramillete de etiquetas (todo el mundo menos él, la verdad sea dicha). La gresca llegaba a la hora de interpretarlas: Brahms era el heredero universal: lo era de Schumann, también de Beethoven, también de Bach, también de Mozart y de Haydn… Brahms era un heredero a secas. Noble linaje, decían unos. Rentista decían otros. Brahms tenía uno de los talentos más notables de su generación y toda Viena se consideraba autorizada a opinar en qué tenía que emplearlo. Incluso le daban plazos generosos. “Una obra vacua, pero podrá redimirse en las próximas”. “Una obra llena de virtudes, pero nada comparable con lo que, sin duda, nos hará llegar en el futuro”. U otros comentarios habituales: “Una obra llena de ciencia musical, ese es el camino del poeta”. “Una obra llena de ciencia musical, esperemos que se desembarace de este academicismo y deje hablar al poeta”. Brahms era humilde respecto a su arte hasta extremos inimaginables. Y ahí coincidían todos en que mal hecho. “Le falta querer ocupar el lugar que le corresponde”, o “Falsa modestia”. Brahms estaba hasta el gorro.
En paralelo tenía derecho a otro ramillete de opiniones dispares y cruzadas, a menudo delirantes. Un pero clásico, esgrimido cariñosamente por sus defensores, fue que la orquestación de Brahms pecaba de no haberse dado por enterada de las grandes novedades y aportaciones wagnerianas. Un par de décadas más tarde –tras el paso espléndido de Debussy, Rimski Korsakov o el primer Stravinsky– Ravel, el orquestador por excelencia, comentaba que la música de Brahms pues que en fin, pero que lo que le fascinaba era su uso magistral de la orquesta.
Y Brahms no sólo tuvo que vivir esta permanente sobreexposición en su faceta principal de compositor. También en su valoración como director reinaba el desconcierto. “Tiene un gesto seco, distante… no acertamos a adivinar qué quiere”. “Tiene un gesto desmañado, demasiado implicado… pero transmite perfectamente sus intenciones”. Es notable cómo Brahms consigue que estas cosas le resbalen; se vé que tiene ya callo hecho.
Por otra parte, su doble faceta de autor y director le permite tener una lectura aparentemente paradójica de la vida de una obra. Nosotros, pobre mortales, suponemos que las primeras interpretaciones de una pieza están sometidas al respeto extremo de la partitura. Y luego ya, acumulándose audiciones, llegarán después las licencias, los guiños, las exageraciones, los experimentos, las costumbres…
Pero en una carta del 20 de enero de 1886 –tres días más tarde de la primera interpretación vienesa de la obra– Brahms comparte con su amigo, el célebre violinista y director de orquesta Joseph Joachim, algunas reflexiones sobre la dirección de la que será su última sinfonía, la Cuarta (que había sido estrenada semanas antes, con muchos más aplausos, en Meiningen, Alemania):
“He marcado una pocas modificaciones a lápiz en la partitura. Pueden ser útiles, incluso necesarias, en la primera interpretación. Desafortunadamente, a menudo quedan recogidas en la partitura editada, lugar donde, en su mayor parte, no deberían estar. Estas exageraciones son sólo necesarias cuando una composición no es familiar para una orquesta (o un solista). En un caso así normalmente uno nunca exageraría lo suficiente apremiando o reteniendo con vistas a conseguir –aunque sea lejanamente– la expresión apasionada o serena que busco. Una vez que una obra ha entrado en las programaciones habituales en mi opinión ya nada de esto es justificable. De hecho, cuanto más se desvía del original, menos artística es la ejecución. Con mis composiciones más antiguas he descubierto con frecuencia que todo encaja en su sitio sin tener que añadir nada, y que muchas anotaciones del tipo arriba mencionado pasan a ser completamente superfluas”.
Visto lo visto Brahms no sólo era un excelente compositor sino que también demostraba un sentido común raro entre los de su profesión.
Esta Cuarta Sinfonía, que como sabemos sería su última, tardó un tiempo en gustar al público; aunque tuvo un insospechado efecto de contagio. Según un periódico de Leipzig la apertura de la veda sinfónica por parte de Brahms desencadenó una epidemia de estrenos. Hasta 19 sinfonías en alguno de esos años recientes.
Viajemos en el tiempo tres décadas hacia adelante. Londres, 26 de octubre de 1919. La Orquesta Sinfónica de la ciudad ensaya el programa que tocarán al día siguiente. Dos personajes comparten la batura: Albert Coates – el director titular- y Edward Elgar (1857-1934), el famoso compositor que dirigirá en persona el estreno de su última creación, el Concierto para cello en Mi menor. Todo parece ir sobre ruedas en este ensayo general hasta que llega el momento previsto para que Elgar suba al podio. La cosa es que antes de subirse a un podio ayuda bastante que esté vacío, y éste no es el caso. Coates se hace el sueco ensayando las obras del programa que le corresponden y no lo sacan de ahí más que cuando solo quedan quince minutos de la sesión. La obra no es excesivamente compleja de ajustar –de hecho será reconocida como una de las obras más transparentes del autor- pero, se mire como se mire, es una pieza desconocida. Al día siguiente, como es natural, el estreno es una birria. Los protagonistas salieron escaldados. A Elgar le había faltado un pelo para anularlo pero, según un testimonio posterior, no lo hizo por respeto al mucho trabajo invertido por el solista, el joven cellista Felix Salmond. Éste a su vez quedó con secuelas de la famosa velada. Pese a gozar de una larga vida profesional como intérprete y docente en los Estados Unidos, jamás volvió a tocar la obra en público y ni siquiera la propuso a su alumnado. Fueron dos mujeres las que se encargaron de recoger sucesivamente el testigo de este Concierto para cello. En un primer momento Beatrice Harrison, quien grabaría la obra con el propio Elgar y, ya en la década de los Sesenta, Jacqueline Du Pré, la radiante cellista que interpretaba este concierto como si lo hubieran compuesto para ella. Rostropovich, un tío simpático, no tenía problema en reconocer que había dejado de tocar la obra porque su alumna le daba cien vueltas.
Elgar fue otro de los muchos ejemplos de músico que compaginó la composición con la dirección. Incluso tenemos por ahí un vídeo del año de la polka en el que se le ve dirigir. Muy curioso y recomendable por lo pintoresco: nada que ver con las técnicas actuales.
Elgar fue un compositor ajeno a toda escuela. Autodidacta, cosmopolita en su planteamiento estético y ajeno durante toda su carrera a los cantos milenaristas de las nuevas músicas que pretendían enterrar las viejas sonoridades. El año 1908 fue especial en este sentido. Al mismo tiempo que un Elgar en la cincuentena se lanzaba por fin a componer una sinfonía (A Brahms le había pasado lo mismo), en la lejana y cercana Viena el vanguardista Arnold Schoenberg estrenaba sus primeras –y casi últimas- obras atonales. Muchos opinaron que el artista estaba haciendo historia; otros, menos abiertos de espíritu, se limitaron a señalar que el artista estaba haciendo ruido. Pero Schoenberg tenía una doble vida como profesor del lenjuage musical más clásico que imaginarse pueda. Anton Webern (1883-1945) fue uno de sus alumnos más sobresalientes en una cadena de alumnos sobresalientes. Y en 1908 presentaba su trabajo final de carrera, la que sería una de sus últimas composiciones tonales compuesta en un lenguaje tardorromántico ya muy evolucionado: la Passacaglia para orquesta op.1. En la ciudad pronto se corrió la voz de que uno de los apóstoles de Schoenberg había hecho un guiño desde la vanguardia al involuntario y sepulto profeta Brahms. La estructura formal de la passacaglia –abandonada desde hacía siglo y medio por Europa- había sido recuperada por Brahms en el último movimiento de su Cuarta Sinfonía. Extraña obra de cabecera en la cátedra del revolucionario Schoenberg.
Webern compaginó durante las décadas siguientes la doble carrera de compositor de música serial y de director de orquesta en los repertorios más tradicionales. Él nunca quiso borrar la historia, sólo quería continuarla.
Joseba Berrocal
 

ADOLFO GUTIÉRREZ– violoncello
 
Nacido en Múnich, de padres españoles, es uno de los artistas españoles de su generación de mayor proyección internacional. En 2010 debutó con la London Symphony Orchestra interpretando el Concierto de Elgar. Próximos compromisos incluyen su debut con la Gewandhaus Orchester con Riccardo Chailly, Orquesta Nacional de España con Ton Koopman y Fort Worth Symphony bajo la batuta de Harth-Bedoya.
 
En 2002 le fue concedido el Premio Ravel, siendo invitado a actuar en las salas y festivales más prestigiosos, tales como Schleswig Holstein Festival, Ravinia Festival, Holland Music Sessions, etcétera. Sus giras de recitales en USA le han llevado a tocar en New York, Boston, Dallas y Los Angeles.
 
Ha colaborado con directores como Eduard Schmieder, Friedrich Haider, Enrique Batiz, Antoni Ros Marbà, Michael Thomas, Charles Dutoit, Edward Gardner y otros.
 
Entre sus grabaciones cabe destacar un programa de recital con obras de Barber, Rachmaninov y Piazzolla y la integral de las suites para violonchelo solo de J.S. Bach, para el sello Verso.
 
Comenzó sus estudios de piano en Munich y en España, a los 14 años, los de violonchelo. Entre sus maestros destacan Elías Arizcuren, Lluis Claret, Gary Hoffman y Bernard Greenhouse. Toca un violonchelo de Francesco Ruggieri hecho en Cremona en 1673 cedido por patrocinadores anónimos con la colaboración de Thomas Wei de Florian Leonhard Fine Violins, London.
 
 
 
JOHN AXELROD  director
 
Director Titular y Artístico de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla.
Director Principal Invitado de la Orchestra Sinfónica di Milano “G. Verdi”.
Con un amplísimo, innovador y carismático estilo de programación, John Axelrod se convierte en uno de los directores principales de la actualidad.
Desde 2001 John Axelrod ha dirigido más de ciento cincuenta orquesta del mundo, treinta óperas y cincuenta estrenos mundiales En Europa se incluyen conciertos con la Rundfunk-Sinfonieorchester de Berlín, NDR Symphony Hamburg, hr-Sinfonieorchester Frankfurt, Orchestra Sinfonica Nazionale della RAI Torino, Teatro La Fenice Orchestra en Venecia, Teatro San Carlo Orchestra en Napoles, Orchestra Svizzera Italiana, Camerata Salzburg, ORF Radio Symphony Orchestra y Grazer Philharmoniker. 
John Axelrod ha grabado numerosos discos para sellos discográficos como Sony Classical, Warner Classics, Ondine, Universal, Naïve y Nimbus. Entre sus más recientes y destacables grabaciones se encuentra un ciclo de las Sinfonías de Brahms con la Orchestra Sinfonica di Milano G. Verdi.
Graduado por la Universidad de Harvard en 1988. Estudia con la American Symphony Orchestra League conductors y en el Conservatorio de St. Petersburg con Ilya Musin.

 

Temporada 2014-2015 de la BOS. Guía de audición
La 4ª sinfonía de Brahms
décimo concierto de Temporada (27-28 de Febrero de 2015)
 

 

Comenzamos nuestro undécimo programa de la temporada 2014-2015 con la interpretación de la Passacaglia Op. 1 de Anton Webern. Será esta la primera ocasión en la que interpretemos esta obra en nuestra temporada de abono y para ello emplearemos el material publicado por la editorial Universal Edition (http://www.universaledition.com).
A continuación podremos escuchar el Concierto para violonchelo y orquesta en mi menor Op. 85 de Edward Elgar. Hemos interpretado esta obra tan sólo en dos ocasiones a lo largo de nuestra historia. La primera los días 2 y 3 de noviembre de 1995 bajo la dirección del Maestro Miguel Ángel Gómez Martínez en el Teatro Ayala y la última los días 30 de septiembre y 1 de octubre de 2004 en el Palacio Euskalduna bajo la dirección del Maestro Juanjo Mena. En ambas ocasiones contamos para su interpretación con la participación del cellista Asier Polo. Emplearemos para su interpretación el material preparado por Jonathan Del Mar para la editorial Bärenreiter (https://www.baerenreiter.com).
En la segunda parte del concierto podremos escuchar la Sinfonía nº 4 en mi menor Op. 98 de Johannes Brahms. Interpretamos por primera vez esta obra el 25 de enero de 1951 en el Teatro Buenos Aires bajo la dirección del Maestro Jesús Arámbarri. Desde entonces la hemos podido escuchar en otras 18 ocasiones, siendo la última los días 11 y 12 de abril de 2013 en el Palacio Euskalduna bajo la dirección del Maestro Frank Beermann. Emplearemos para su interpretación el material de la editorial Breitkopf & Härtel (https://www.breitkopf.com).
A continuación les recomendamos una serie de grabaciones comerciales de las obras de nuestro programa. Todas ellas pueden adquirirse en la Fnac o escucharse a través de internet siguiendo los enlaces señalados:

 

 

A. Webern: Passacaglia Op. 1
Takuo Yuasa – Ulster Orchestra
Release Date: 15/01/2002
Naxos
 
E. Elgar: Concierto para Violonchelo y Orquesta en mi menor Op. 85
Jacqueline du Pré – Sir John Barbirolli – London Symphony Orchestra
Release Date: 07/09/2004
EMI



J. Brahms: Sinfonía nº4 en mi menor Op. 98
John Axelrod – Orchestra Sinfonica di Milano Giuseppe Verdi
Release Date: 24/09/2013
Telarc
 
 Riccardo Chailly – Leipzig Gewandhausorchester
Release Date: 19/08/2014
Decca
 
 Carlos Kleiber – Wiener Philharmoniker
Release Date: 12/05/1998
DG The Originals

 

ELGAR Y LA 4ª DE BRAHMS
El bello comienzo del concierto de Elgar, sin preámbulos, directo al corazón, marca el tono elegiaco de una obra que ocupa un lugar preferente entre los grandes conciertos para violonchelo del siglo XX. Ese mismo espíritu otoñal es compartido por la Cuarta sinfonía de Brahms, intensamente lírica en su inicio y asombrosa en las variaciones del final. Y en la misma línea, la obra que estrena el catálogo de Webern, todavía teñida de un sentimiento postromántico
 

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I

AUGUSTA HOLMÈS (1847-1903)

Andromède, Poema sinfónico*

CÉSAR FRANCK (1822-1890)

Variaciones sinfónicas para piano y Orquesta.

Joaquín Achúcarro, piano

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MODEST MUSSORGSKY (1839-1881) / MAURICE RAVEL (1875-1937)

Cuadros de una exposición.

I. Promenade – Gnomus
II. Promenade – El castillo medieval
III. Promenade – Tullerias
IV. Promenade – Bydlo
V. Baile de los polluelos dentro del cascarón
VI. Samuel Goldenberg y Schmuyle
VII. El mercado
VIII. Catacumbas (Sepulcrum Romanum)
IX. La cabaña sobre patas de gallina (o la choza de Baba-Yaga)
X. La gran puerta de Kiev

Información y entradas
Temporada 2021-2022
21 - 24 - 27 - 28 - 30
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Madama Butterfly

Lugar: Palacio Euskalduna

Giacomo Puccini

Representaciones

  • Sábado 21 de Mayo de 2022 19:00h
  • Martes 24 de Mayo de 2022 19:30h
  • Viernes 27 de Mayo de 2022 19:30h
  • Sábado 28 de Mayo de 2022 19:00h (*OB)
  • Lunes 30 de Mayo de 2022 19:30h

*OB: Opera Berri

Patrocina:

FICHA

  • Cio-Cio San: Maria Agresta*
  • Cio-Cio San BERRI: Carmen Solís
  • Pinkerton: Sergio Escobar
  • Pinkerton BERRI: Javier Tomé
  • Suzuki: Carmen Artaza*
  • Sharpless: Damián del Castillo
  • Goro: Jorge Rodríguez-Norton
  • Kate Pinkerton: Marta Ubieta
  • Yamadori y Comisario: Jose Manuel Día
  • Tío Bonzo: Fernando Latorre
  • Oficial del registro: Javier Campo**
  • Yakuside: Gexan Etxabe
  • La madre de Cio-Cio San: Eider Torrijos**
  • La tía de Cio-Cio San: Leyre Mesa**
  • La prima de Cio-Cio San Olga Revuelta**
  • Bilbao Orkestra Sinfonikoa
  • Coro de Ópera de Bilbao: Director Boris Dujin
  • Director musical: Henrik Nánási*
  • Director de escena: Stefano Monti
  • Coproducción Teatro Comunale di Modena / Teatro Municipale di Piacenza

*Debuta en ABAO Bilbao Opera
**Coro de Ópera de Bilbao

MÁS INFORMACIÓN

Benjamin Franklin Pinkerton, un oficial de la Armada de Estados Unidos, inspecciona una casita en una colina cercana a Nagasaki desde la que se ve el puerto. Va a alquilársela a Goro, un servicial casamentero. Junto con la casa recibe también a tres criados y a una geisha como mujer, cuyo nombre es Cio-Cio San, pero que es conocida como Butterfly. El alquiler, según la costumbre japonesa, es por una duración de 999 años, susceptible de ser renovado todos los meses. El cónsul estadounidense, Sharpless, llega jadeante después de haber subido la colina. Pinkerton describe su filosofía del yanqui indómito que recorre el mundo en busca de experiencias y placeres. No está seguro de si sus sentimientos por la joven japonesa son realmente amor o simplemente un capricho, pero su intención es seguir adelante y celebrar la ceremonia nupcial. Sharpless le advierte de que es posible que la muchacha tenga una visión diferente del matrimonio, pero Pinkerton hace caso omiso de sus preocupaciones y le dice que algún día tendrá una verdadera esposa estadounidense. Ofrece al cónsul güisqui y propone un brindis.

Llega Butterfly con sus amigos para la ceremonia. En una conversación casual tras la presentación formal, la muchacha admite que tiene tan solo quince años y explica que su familia fue importante en otro tiempo, pero que luego perdió su posición desahogada, por lo que no le ha quedado más remedio que ganarse la vida como geisha. Llegan sus familiares y hablan sobre la celebración de un matrimonio tan desigual. Cio-Cio San enseña a Pinkerton sus exiguas posesiones y le confiesa que ha estado en la misión cristiana y que tiene la intención de convertirse a la religión de su marido. El comisionado imperial lee el contrato matrimonial y los parientes felicitan a la pareja. De repente, se oye desde lejos una voz amenazadora: es el bonzo, el tío de Butterfly, un sacerdote. Maldice a la muchacha por haber ido a la misión y por renunciar a su religión ancestral. Pinkerton les ordena a todos que se vayan e intenta consolar a Butterfly con palabras dulces. Suzuki le ayuda a ponerse el kimono nupcial antes de que la pareja se reúna en el jardín, donde se dejan llevar por la pasión.

Cuando comienza el Acto II han transcurrido tres años y Cio-Cio San está esperando el regreso de su marido a casa. Suzuki implora ayuda a los dioses, pero Butterfly le reprende por creer en los dioses japoneses en vez de en la promesa de Pinkerton de que un día regresaría. Aparece Sharpless con una carta de Pinkerton, pero antes de que pueda leerla a Butterfly, aparece Goro con el último pretendiente de la joven, el acaudalado príncipe Yamadori. Butterfly sirve amablemente té a los invitados, pero insiste en que no está disponible para contraer matrimonio: su marido estadounidense no la ha dejado y le dio palabra de que un día regresaría. Pide a Goro y Yamadori que se vayan. Sharpless intenta leer la carta de Pinkerton y sugiere a Butterfly que quizá debería reconsiderar la oferta de Yamadori. Como respuesta, ella le muestra al cónsul el hijo que ha tenido con Pinkerton. Dice que su nombre es “Pesar”, pero que cuando regrese su padre se llamará “Dicha”. Sharpless está demasiado hundido para seguir leyéndole el contenido de la carta. Se va prometiéndole que informará a Pinkerton sobre la existencia de su hijo. Un cañonazo en el puerto anuncia la llegada de un barco. Butterfly y Suzuki leen su nombre desde la terraza: es el de Pinkerton. Radiante de alegría, Butterfly se une a Suzuki para decorar la casa con flores. Cae la noche y Butterfly, Suzuki y el niño emprenden una vigilia sin apartar la vista del puerto.

Amanece y Suzuki insiste en que Butterfly intente dormir un poco. Butterfly mete al niño en la casa. Aparece Sharpless con Pinkerton y Kate, la nueva mujer de Pinkerton. Suzuki se da cuenta de quién es la mujer estadounidense y se muestra de acuerdo en ayudar a comunicar la noticia a Butterfly. A Pinkerton le invade la sensación de culpa y se retira un poco para recordar los días pasados en la casa. Cio-Cio San entra apresuradamente confiando en encontrar a Pinkerton, pero es a Kate a quien ve en su lugar. Comprendiendo la situación, se muestra de acuerdo en renunciar a su hijo, pero insiste en que sea Pinkerton quien vuelva a por él. Tras echar a todo el mundo, Butterfly saca la daga con la que su padre se había suicidado, pues prefiere morir con honor que vivir con vergüenza. Se detiene por un instante cuando entra el niño inesperadamente, pero Butterfly lo saca al jardín y ella se retira detrás de una cortina. Cuando llega Pinkerton, pronunciando su nombre, la joven se clava la daga.

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Temporada 2022-2023
18
Jun
2022
>Concierto para dos Aniversarios Bilbao Orkestra Sinfonikoa & Guggenheim Bilbao

Concierto para dos Aniversarios Bilbao Orkestra Sinfonikoa & Guggenheim Bilbao

Lugar: Guggenheim Bilbao

Coincidiendo con el centenario de la BOS el Museo Guggenheim Bilbao celebra su 25º Aniversario. En esta doble celebración, el Museo será el escenario de un gran concierto de la BOS abierto a la ciudadanía cuyo programa incluirá “Cuadros de una exposición”, la obra con la que Modest Mussorgsky rindió homenaje a su amigo Viktor Hartmann, con ocasión de la exhibición de algunas de sus obras tras su fallecimiento. La pieza representa un recorrido de cuadro en cuadro, en un estilo musical de fuerte carácter descriptivo. Compuesta originalmente para piano, la música fue “coloreada” por Maurice Ravel con una brillante orquestación. Junto a este gran clásico, en este concierto se recuperará el poema sinfónico, de lenguaje denso y poderoso, “Andrómeda”, de Augusta Holmès, compositora francesa injustamente tratada por la historia, al igual que muchas de sus colegas. Una gran oportunidad para celebrar la amistad y el diálogo entre las artes.

Patrocina:

Localización : Atrio
Punto de venta : Taquilla y Web
Duración : 60
Más información : Aforo limitado y uso responsable de mascarilla.
Se ruega puntualidad. No se podrá acceder al Atrio una vez iniciada la actividad.

Web: Guggenheim

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