Conciertos

TEMPORADA BOS 15


Palacio Euskalduna.   20:00 h.

D. Shostakovich: Obertura festiva (6’)
D. Shostakovich: Concierto para violonchelo y orquesta nº 2 (33’)
S. Tsintsadze: Tres miniaturas, basadas en música popular georgiana
A. Khachaturian: Selección de las suites Masquerade y Spartacus
Daniel Müller Schott, violonchelo

Hobart Earle

FECHAS

  • 16 de mayo de 2013       Palacio Euskalduna      20:00 h.
  • 17 de mayo de 2013       Palacio Euskalduna      20:00 h.

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Moscú, el conservatorio que no siempre conservaba

Un edificio, grandote pero nada más que un edificio. Lleno de instrumentos, lleno de gente que toca estos instrumentos. Lleno de voces. Lleno de partituras, lleno de lápices que llenan los pentagramas de nuevas partituras. Lleno hasta reventar de música. Uno de los corazones de Rusia, de la Unión Soviética. Uno de los minúsculos corazones del planeta Tierra. El conservatorio de Moscú.
 
Todo el mundo cree que a un conservatorio se va a aprender. Bueno, pues sí; también. Más bien a un conservatorio se va a dejar de ser el raro de tu pueblo. Aunque en realidad los habitantes de un conservatorio no dejan de ser los raros de sus pueblos: simplemente han salido de ellos y se han metido todos en la misma cantina. Un proceso no previsto de pasteurización existencial. Muchos raros juntos ya no pueden ser, por definición, muchos raros. Ahora son un montón de personas que hablan un mismo idioma. Respiran aliviadas. Luego se les pasa el alivio, pero siguen respirando. De hecho, romperán a cantar.
 
A algunas facultades universitarias -no a todas, claro- se puede ir con ciertas garantías a pasar el rato. Todos lo hemos vivido en carne o cartera propia. Se juega al mus, se ligotea con los Erasmus en un inglés que da miedo oírlo (el nuestro, nunca el de ellos), se fuman cosas legales y alegales, una vez por semestre se pega uno un atracón de apuntes prestados y, hala, vuelta a empezar. Así de las 18 a las 23 primaveras, añito arriba o abajo. A un conservatorio como el de Moscú no se va con este plan, y menos aún en la década de 1940. En este conservatorio y en estas fechas se entraba siendo ya un titán. Chicos y chicas -respecto a la igualdad, los soviéticos medio que cumplieron- que habían pasado un proceso de selección inconcebible. Tréboles de cinco hojas. En la Unión Soviética la música era una de las pocas religiones aceptadas y alentadas, así que desde las infinitas escuelas de música al Este del Telón de Acero se enviaban solicitudes con carpetas llenas de loas al geniecillo local. Loas generalmente bien merecidas. Descontada la cuota de enchufados por el Partido imaginemos el nivelazo del resto de la tropa. Profesorado y alumnado.
 
Todos los compositores de esta noche estuvieron allí, vaya que si estuvieron. Pero aunque son todos los que están, no están todos los que fueron. Falta Rostropovich, Mstislav Leopoldovich Rostropovich. El músico que no quiso ser compositor, para desesperación de su profesor Shostakovich, Dmitri Dmitriyevich Shostakovich (1906-1975).
 
Aram Khachaturian (1903-1978), armenio-georgiano, fue admitido en el conservatorio de Moscú y viajó 2000 kms para estudiar cello con el profesor titular Semyon Kozolupov, un personaje extraño en la acepción menos tierna de extraño. Khachaturian también cursaba los estudios de composición y finalmente optó por ellos. Se convirtió en uno de los pilares del olimpo musical de la nación. La URSS perdía un buen cellista y ganaba un gran compositor.
 
Sulkhan Tsintsadze (1925-1991), georgiano nacido a 80 kms de Khachaturian, también fue aceptado en el conservatorio de Moscú y también subió los 2000 kms para estudiar cello con Kozolupov. Para variar estudió composición en paralelo y, sorpresa, abandonó el instrumento para centrarse en la creación. Tsintsadze desanduvo el camino y volvió a su Georgia natal para hacerse cargo de la vida musical en Tbilisi. Otro gran compositor que dejó su carrera de buen instrumentista.
 
Lo de Mstislav Rostropovich (1927-2007) tuvo más miga. Por supuesto nació a 2000 kms al sur de Moscú y, por supuesto, fue admitido en el conservatorio de Moscú para estudiar cello con Kozolupov, ¡que era tío suyo!. Por supuesto se matriculó asimismo en composición. Y aquí finaliza este día de la marmota. Tras dos cursos en el conservatorio, el violoncellista Rostropovich se presentó con 18 años al Concurso de la Unión Soviética para Jóvenes Músicos (el límite de la juventud se llevó hasta más allá de la treintena para dar cabida a todos los artistas movilizados por la Segunda Guerra Mundial). Los debates en el seno del jurado fueron acalorados y estrafalariamente chuscos. Su profesor, Kozolupov, insistía en cargárselo bajo el argumento de que ya tendría tiempo de ganarlo en el futuro (la verdadera razón parecía ser bastante más siniestra y tenía que ver con celos del padre de Mstislav, Leopold, también cellista. Hamlet en versión soviética). En el otro bando estaba el presidente del tribunal, el ya famosísimo Shostakovich, quien insistió ferozmente en otorgarle el premio al chaval aun a riesgo de perderlo para las filas de la composición, cosa que ya sabemos que terminó sucediendo. El mundo desaprovechó un compositor normalito tirando a malo -si hemos de creer al interesado- para conservar a uno de los instrumentistas más remarcables que ha dado el Planeta.
 
La reflexión de Rostropovich fue directa y sin paños calientes. Para qué voy a dedicarme a escribir música si vivo rodeado de gente que lo hace pero que mucho mejor que yo. Venga, yo a tocar -que no veo yo muchos referentes por ahí arriba- y a conseguir que todos estos creadores a los que admiro escriban algo para cello. El proyecto de una vida. Un proyecto cumplido. El relato de las mañas que puso en juego para conseguirlo llenaría varios volúmenes de batallitas. A Britten le sacó la promesa de las Tres Suites para Cello con la amenaza cierta de hacer la más grotesca y ridícula de las reverencias ante un miembro de la familia real británica si no se las componía. A todos les decía lo mismo. "Escribe lo que creas que tienes que escribir. Todo se puede tocar".
 
Mstislav, Slava para todos, tenía una de las personalidades más solares que haya visto la historia de la música. Como el Mozart de Milos Forman pero en real. Le bastaba con dormir tres horas por noche. Generoso hasta la ruina. Con unas capacidades intelectuales que dejaban boqueabiertos a sus semejantes -y no eran semejantes cualesquiera-: todo le interesaba, a todo el mundo preguntaba y escuchaba. Pianista a ratos muertos de un nivel apabullante -llevó el Segundo de Rachmaninov a su examen de piano complementario-, un director de orquesta galvanizador. El mejor y más impuntual de los docentes. Aprendió de memoria todo lo que tocó en su vida -aunque una buena parte de este repertorio sólo lo interpretase en una ocasión-. y de su resistencia en el terreno de la farra y la parranda mejor no hablar. En resumen, los testimonios coinciden en que su sola presencia hacía cambiar la temperatura de una sala. Todos entendían el apodo de ‘Girasol’ en este sentido, hasta que llegó una hermana y explicó que esto de girasol es porque cuando era niño no había forma de peinarle la mata de pelo.
 
En 1965 Slava ya estaba más que lanzado en su política de recolección y contactó a un crío de dieciséis años, Boris Tishchenko, alumno en último curso de Shostakovich, de quien su amigo del alma y compañero en el claustro del conservatorio hablaba maravillas. Tishchenko le compuso un bello e insólito concierto para cello, 17 vientos, acordeón y percusión. Al principio Shostakovich puso el grito en el cielo al saber que Boris se había salido del plan de estudios para escribir esta obra pero, cuando la vió, felicitó al hombrecito. Es más, en un gesto inusual de respeto y admiración, Shostakovich reorquestó el concierto de Tishchenko para que fuera más programado. Y el largo 1966 no acabó aquí. Shostakovich decidió regalar a Slava -y regalarse a sí mismo por su 60 cumpleaños- un segundo concierto para cello y orquesta, el opus 126. Una obra hecha con los ingredientes de lo que iba a ser su 14ª Sinfonía. El exuberante Rostropovich y el timidísimo Shostakovich mantuvieron durante tres décadas una profunda amistad. Ambos ocupaban sistemáticamente las portadas zalameras de la prensa mundial mientras que en su propio centro, el conservatorio de Moscú, los trataban por rachas como apestados. Este Segundo Concierto para Cello de Shostakovich no es otra cosa que una conversación privada hecha pública: una de las formas que encontraron de hablarse en un mundo en el que las paredes escuchaban y largaban.
 
El resto de las obras del programa son otras declinaciones de cómo los compositores soviéticos podían y debían concebir la música. La Obertura Festiva había sido compuesta por Shostakovich en 1947 para el 30 aniversario de la Revolución pero que, finalmente, quedó aparcada hasta 1954; año en la que se utilizó para la fiesta del 37 aniversario. Decir que esta obra es de Shostakovich es mucho decir. Sin duda escribió todas y cada una de las notas, gustó a rabiar y Stalin la habría canturreado si no hubiese muerto el año anterior; pero quien seguro que no la canturreó jamás fue el propio compositor. Tanto el Concierto para Cello es denso a saturación de su ser como homeopática es la Obertura. Por supuesto Shostakovich nunca dijo ni mu al respecto.
 
Las danzas de Tsintsadze son otro de los vectores de creatividad, éste sí mucho más sincero, que acogió la URSS. Durante su larguísima carrera, desde sus primeras obras de 1945 hasta 1988, Sulkhan cultivó sistemáticamente la miniatura folklórica para cuarteto de cuerda. Georgia lo reconoció como una de sus voces, orquestaron muchas de estas obritas y esta fama de chico bueno le abrió un cierto crédito que Tsintsadze gastó en componer una serie paralela de cuartetos en un lenguaje mucho más experimental.
 
Otro tanto podría decirse de Khachaturian. Su música para el drama ‘Masquerada’ de Lemontov fue compuesta en 1941, pero no fue hasta 1944 que la obra se dió a conocer al gran público a través de su versión reducida de suite orquestal. El Vals de ‘Masquerada’ fue tan popular como el Adagio de ‘Spartacus’, otra de sus partituras más escuchadas. Aram extrajo al menos seis suites diferentes de este ‘Spartacus’, un gran ballet en cuatro actos estrenado en Leningrado en 1956. De nuevo la Unión Soviética coronaba a un compositor con una mano mientras con la otra le hacía signos de callarse. Khachaturian, otro de los grandes amigos de Rostropovich, fue de los pocos que se negó a que su compañero se convirtiera en transparente. Durante dos largos años se jugó su propio prestigio al obstinarse en visitarlo hasta el mismo día de 1974 en que Slava abandonó su patria con su familia, dos cellos, una maleta por barba y un perro de 90 kilos. El conservatorio de Moscú fue una fabuloso centro de creación pero, ciertamente, tantas veces no pudo o no supo oponerse a las fuerzas que lo obligaban a no conservar.
 
Joseba Berrocal
 
 
 
 
Daniel Müller-Schott, violonchelo
 
Nació en Munich, comenzó a estudiar violonchelo con 6 años. Estudió con Heinrich Schiff y Steven Isserlis. Con 15 años, ganó el Premio Chaikovsky de Moscú.
 
Esta temporada tocará con la Orquesta Ciudad de Birmingham y Andris Nelson, Filarmónica de Londres y Christoph Eschenbach, Orquesta Nacional de Francia y Kurt Masur, Orquesta NHK en Japón y Kurt Masur, Orquesta Sinfónica de Sao Paulo y Yan Pascal Tortelier, y con la Filarmónica de la Royal Liverpool y Vasily Petrenko. Con la Sinfónica de Nueva Zelanda y Pietari Inkinen realizará una extensa gira.
 
Ha ofrecido recitales en Washington, Musikverein de Viena, Concertgebouw y Wigmore Hall de Londres. Actúa en los Festivales de Salzburgo, Lucerna, Ravinia, Tanglewood y Aspen.
 
Como músico de cámara colabora con Julia Fischer, Anne-Sophie Mutter, Jean-Yves Thibaudet.
 
Su grabación de las Suites de Britten ha obtenido el premio Diapason d´Or. Ha grabado la Sinfonía de Bitten y la Sinfonía concertante de Prokofiev junto a la WDR Symphony Orchestra y Jukka-Pekka Saraste.
 
 
Toca un violonchelo Matteo Goffriller “Ex Saphiro” de 1727.
 
 
 
Hobart Earle, director

Nacido en Venezuela, aunque de padres estadounidenses, Hobart Earle ha adquirido fama en varios continentes como director dinámico y vibrante.

 
En la actualidad, es el director musical y director principal de la Orquesta Filarmónica de Odessa, orquesta a la que el maestro Earle ha elevado a una prominente posición internacional sin precedentes en la historia de la organización. Con esta orquesta, ha dirigido cientos de conciertos con gran éxito por toda Europa, Norteamérica y Australia.
 
Como invitado, ha actuado con numerosas orquestas de Europa, Norteamérica y Asia. En Rusia, ha dirigido varias de las principales orquesta de Moscú, así como la Filarmónica de San Petersburgo. Durante las dos últimas temporadas, dirigió nuevas producciones de los ballets La reina de las nieves y Don Quijote en la Ópera Nacional de Grecia en Atenas.

Hobart Earle, galardonado con el título de Artista Distinguido de Ucrania, ha sido el primer y único extranjero en la historia de Ucrania en recibir tal honor. En 2003, en colaboración con los principales periódicos de Ucrania, la Asociación de Cosmonautas Rusos le dio el nombre de Hobart Earle a una de las estrellas de la constelación Perseo.

Comenzamos nuestro décimo quinto programa de la temporada 2012-2013 con la interpretación de la Obertura festiva en La Mayor Op. 96 de Dmitri Shostakovich. Hemos escuchado esta obertura tan sólo en dos ocasiones a lo largo de nuestra historia. La primera vez los días 9 y 10 de enero de 1986 en el Teatro Campos Elíseos y la segunda y última el 3 de febrero de 1993 en el Teatro Arriaga. En ambas ocasiones la orquesta estuvo bajo la dirección del Maestro Enrique García Asensio. Emplearemos para su interpretación el set publicado por la Internationale Musikverlage Hans Sikorski GmbH & Co. KG(http://www.sikorski.de).

A continuación podremos escuchar el Concierto nº 2 para Violoncello y Orquesta en Sol Mayor Op. 126 de Dmitri Shostakovich. Interpretamos por primera vez esta obra los días 1 y 2 de octubre de 1987 junto al cellista Sviatoslav Zagursky y bajo la dirección de Enrique García Asensio en el Teatro Campos Elíseos. Desde entonces lo hemos podido escuchar en otros 2 programas interpretados ambos por Gustav Rivinius; los días 16 y 17 de mayo de 1996 bajo la dirección de Christian Badea y los días 23 y 24 de mayo de 2002 bajo la dirección de Petri Sakari. Emplearemos para su interpretación el set publicado por la Internationale Musikverlage Hans Sikorski GmbH & Co. KG(http://www.sikorski.de).
La segunda parte de nuestro concierto comenzará con la interpretación, por primera vez en nuestra historia, de las Tres miniaturas sobre temas populares georgianos de Sulkhan Tsintsadze. Emplearemos para su interpretación el set de la Orquesta Filarmónica de Odessa proporcionado por el Maestro Hobart Earle.
A continuación podremos escuchar una selección de la Suite del Ballet Masquerade de Aram Khachaturian. Hemos interpretado esta Suite tan sólo en una ocasión, el 13 de enero de 1989 bajo la dirección del Maestro Doron Salomon en el Teatro Buenos Aires. Emplearemos para su interpretación el set publicado por la Internationale Musikverlage Hans Sikorski GmbH & Co. KG(http://www.sikorski.de).
Finalmente escucharemos una selección de las Suites nº 1 y 2 del Ballet Spartacus de Aram Khachaturian. A pesar de que hemos interpretado dos números sueltos de este ballet con anterioridad (el 26 de julio de 1967 acompañando al Ballet de Montecarlo bajo la dirección de Michel Haller en los Festivales de España de Vigo y el 7 de diciembre de 1984 bajo la dirección de Colman Pearce en el 26 Certamen Internacional de Cortometrajes de Bilbao celebrado en el antiguo Cine Consulado de Bilbao) es la primera vez que lo interpretamos en un programa de abono. Al igual que en las obras precedentes, emplearemos para su interpretación el set publicado por la Internationale Musikverlage Hans Sikorski GmbH & Co. KG(http://www.sikorski.de).
A continuación les recomendamos una serie de grabaciones comerciales de las obras de nuestro programa. Todas ellas pueden adquirirse en la Fnac o escucharse a través de internet siguiendo los enlaces señalados:


D. Shostakovich: Obertura festiva Op. 96
 
Yuri Temirkanov – St. Petersburg Philharmonic Orchestra
 
Release date: 28/03/2006
 
Label: RCA Victor Red Seal
 
 
D. Shostakovich: Concierto nº 2 para Violoncello y Orquesta
 
M. Rostropovich – Sir Colin Davis – BBC Symphony Orchestra
 
Release date: 27/09/2011
 
Label: BBC Legends
 
 
A. Khachaturian: Masquerade, Suite [Nº 1 y 4]
 
Neeme Järvi – Royal Scottish National Orchestra
 
Release date: 19/09/2006
 
Label: Chandos
 
 
A. Khachaturian: Spartacus, Suite [selección]
 
Neeme Järvi – Royal Scottish National Orchestra
 
Release date: 28/10/1992
 
Label: Chandos
 

http://open.spotify.com/album/7yxbE6WI4CdhI3NG35ev5K

 

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  • Viernes 27 de Mayo de 2022 19:30h
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*OB: Opera Berri

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FICHA

  • Cio-Cio San: Maria Agresta*
  • Cio-Cio San BERRI: Carmen Solís
  • Pinkerton: Sergio Escobar
  • Pinkerton BERRI: Javier Tomé
  • Suzuki: Carmen Artaza*
  • Sharpless: Damián del Castillo
  • Goro: Jorge Rodríguez-Norton
  • Kate Pinkerton: Marta Ubieta
  • Yamadori y Comisario: Jose Manuel Día
  • Tío Bonzo: Fernando Latorre
  • Oficial del registro: Javier Campo**
  • Yakuside: Gexan Etxabe
  • La madre de Cio-Cio San: Eider Torrijos**
  • La tía de Cio-Cio San: Leyre Mesa**
  • La prima de Cio-Cio San Olga Revuelta**
  • Bilbao Orkestra Sinfonikoa
  • Coro de Ópera de Bilbao: Director Boris Dujin
  • Director musical: Henrik Nánási*
  • Director de escena: Stefano Monti
  • Coproducción Teatro Comunale di Modena / Teatro Municipale di Piacenza

*Debuta en ABAO Bilbao Opera
**Coro de Ópera de Bilbao

MÁS INFORMACIÓN

Benjamin Franklin Pinkerton, un oficial de la Armada de Estados Unidos, inspecciona una casita en una colina cercana a Nagasaki desde la que se ve el puerto. Va a alquilársela a Goro, un servicial casamentero. Junto con la casa recibe también a tres criados y a una geisha como mujer, cuyo nombre es Cio-Cio San, pero que es conocida como Butterfly. El alquiler, según la costumbre japonesa, es por una duración de 999 años, susceptible de ser renovado todos los meses. El cónsul estadounidense, Sharpless, llega jadeante después de haber subido la colina. Pinkerton describe su filosofía del yanqui indómito que recorre el mundo en busca de experiencias y placeres. No está seguro de si sus sentimientos por la joven japonesa son realmente amor o simplemente un capricho, pero su intención es seguir adelante y celebrar la ceremonia nupcial. Sharpless le advierte de que es posible que la muchacha tenga una visión diferente del matrimonio, pero Pinkerton hace caso omiso de sus preocupaciones y le dice que algún día tendrá una verdadera esposa estadounidense. Ofrece al cónsul güisqui y propone un brindis.

Llega Butterfly con sus amigos para la ceremonia. En una conversación casual tras la presentación formal, la muchacha admite que tiene tan solo quince años y explica que su familia fue importante en otro tiempo, pero que luego perdió su posición desahogada, por lo que no le ha quedado más remedio que ganarse la vida como geisha. Llegan sus familiares y hablan sobre la celebración de un matrimonio tan desigual. Cio-Cio San enseña a Pinkerton sus exiguas posesiones y le confiesa que ha estado en la misión cristiana y que tiene la intención de convertirse a la religión de su marido. El comisionado imperial lee el contrato matrimonial y los parientes felicitan a la pareja. De repente, se oye desde lejos una voz amenazadora: es el bonzo, el tío de Butterfly, un sacerdote. Maldice a la muchacha por haber ido a la misión y por renunciar a su religión ancestral. Pinkerton les ordena a todos que se vayan e intenta consolar a Butterfly con palabras dulces. Suzuki le ayuda a ponerse el kimono nupcial antes de que la pareja se reúna en el jardín, donde se dejan llevar por la pasión.

Cuando comienza el Acto II han transcurrido tres años y Cio-Cio San está esperando el regreso de su marido a casa. Suzuki implora ayuda a los dioses, pero Butterfly le reprende por creer en los dioses japoneses en vez de en la promesa de Pinkerton de que un día regresaría. Aparece Sharpless con una carta de Pinkerton, pero antes de que pueda leerla a Butterfly, aparece Goro con el último pretendiente de la joven, el acaudalado príncipe Yamadori. Butterfly sirve amablemente té a los invitados, pero insiste en que no está disponible para contraer matrimonio: su marido estadounidense no la ha dejado y le dio palabra de que un día regresaría. Pide a Goro y Yamadori que se vayan. Sharpless intenta leer la carta de Pinkerton y sugiere a Butterfly que quizá debería reconsiderar la oferta de Yamadori. Como respuesta, ella le muestra al cónsul el hijo que ha tenido con Pinkerton. Dice que su nombre es “Pesar”, pero que cuando regrese su padre se llamará “Dicha”. Sharpless está demasiado hundido para seguir leyéndole el contenido de la carta. Se va prometiéndole que informará a Pinkerton sobre la existencia de su hijo. Un cañonazo en el puerto anuncia la llegada de un barco. Butterfly y Suzuki leen su nombre desde la terraza: es el de Pinkerton. Radiante de alegría, Butterfly se une a Suzuki para decorar la casa con flores. Cae la noche y Butterfly, Suzuki y el niño emprenden una vigilia sin apartar la vista del puerto.

Amanece y Suzuki insiste en que Butterfly intente dormir un poco. Butterfly mete al niño en la casa. Aparece Sharpless con Pinkerton y Kate, la nueva mujer de Pinkerton. Suzuki se da cuenta de quién es la mujer estadounidense y se muestra de acuerdo en ayudar a comunicar la noticia a Butterfly. A Pinkerton le invade la sensación de culpa y se retira un poco para recordar los días pasados en la casa. Cio-Cio San entra apresuradamente confiando en encontrar a Pinkerton, pero es a Kate a quien ve en su lugar. Comprendiendo la situación, se muestra de acuerdo en renunciar a su hijo, pero insiste en que sea Pinkerton quien vuelva a por él. Tras echar a todo el mundo, Butterfly saca la daga con la que su padre se había suicidado, pues prefiere morir con honor que vivir con vergüenza. Se detiene por un instante cuando entra el niño inesperadamente, pero Butterfly lo saca al jardín y ella se retira detrás de una cortina. Cuando llega Pinkerton, pronunciando su nombre, la joven se clava la daga.

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>Concierto para dos Aniversarios Bilbao Orkestra Sinfonikoa & Guggenheim Bilbao

Concierto para dos Aniversarios Bilbao Orkestra Sinfonikoa & Guggenheim Bilbao

Lugar: Guggenheim Bilbao

Coincidiendo con el centenario de la BOS el Museo Guggenheim Bilbao celebra su 25º Aniversario. En esta doble celebración, el Museo será el escenario de un gran concierto de la BOS abierto a la ciudadanía cuyo programa incluirá “Cuadros de una exposición”, la obra con la que Modest Mussorgsky rindió homenaje a su amigo Viktor Hartmann, con ocasión de la exhibición de algunas de sus obras tras su fallecimiento. La pieza representa un recorrido de cuadro en cuadro, en un estilo musical de fuerte carácter descriptivo. Compuesta originalmente para piano, la música fue “coloreada” por Maurice Ravel con una brillante orquestación. Junto a este gran clásico, en este concierto se recuperará el poema sinfónico, de lenguaje denso y poderoso, “Andrómeda”, de Augusta Holmès, compositora francesa injustamente tratada por la historia, al igual que muchas de sus colegas. Una gran oportunidad para celebrar la amistad y el diálogo entre las artes.

Patrocina:

Localización : Atrio
Punto de venta : Taquilla y Web
Duración : 60
Más información : Aforo limitado y uso responsable de mascarilla.
Se ruega puntualidad. No se podrá acceder al Atrio una vez iniciada la actividad.

Web: Guggenheim

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