Conciertos

TEMPORADA BOS 15


Palacio Euskalduna.   19:30 h.

F. Schubert: Rosamunda, obertura
F. J. Haydn: Concierto para trompeta en Mi bemol mayor
F. Schubert: Sinfonía n. 9 en Do mayor, “La grande”

Manuel Blanco, trompeta
Antoni Ros Marbá, director

FECHAS

  • 23 de abril de 2015       Palacio Euskalduna      19:30 h.
  • 24 de abril de 2015       Palacio Euskalduna      19:30 h.

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Nunca tantos pasaron tanto de tan pocos

Es bien sabido que lo de Viena no fue normal. ¿Cómo una ciudad tan carca pudo presumir durante décadas –por no decir un siglo largo- de estar a la vanguardia de la música?
La explicación no es tan sencilla como nos hacen creer hoy en día en la oficina de turismo local. La versión oficial es que los vieneses siempre han amado la música en todas sus manifestaciones, que son un pueblo germánico, sí, pero sanote y dado a la parranda. Hasta el adjetivo ‘mediterráneo’ cae a veces, sin ningún matiz peyorativo. Pues eso, diríase que estas buenas gentes de mente abierta y perspicaz acogieron con mucho cariño, muchos aplausos, mucho apoyo financiero y mucho reconocimiento a las sucesivas oleadas de compositores que se criaron o se pasaron por allí.
Menuda trola.
La verdad es que el perfil medio de compositor vienés es el de un tío incomprendido, que no tiene donde caerse muerto –a menudo en sentido literal-, al que el público da la espalda, al que los profesionales del ramo desprecian, envidian o hacen el vacío; un ser de salud vacilante, sin un duro en el bolsillo y al que las casas editoriales estafan alegremente mientras sacan a la luz sus obras plagadas de erratas. A esto se debe sumar un horror profundo a todo lo que huela a etapa trascendental en la trayectoria del artista. Todo ello complementado con una vida sentimental habitualmente catastrófica.
Es cierto que a algunos les fue mejor que a otros, pero todos acumularon varios chichones en sus flamantes bustos. A Haydn sus dueños, los Esterhazy, lo tuvieron prisionero durante más de veinte años en un pueblillo apartado. Los últimos cuartetos de Beethoven fueron unánimemente valorados como infumables. Brahms no se atrevió a escribir una sinfonía hasta que la barba y la barriga lo escondieron de sus conciudadanos; a Johann Strauss ni se le pasó por la cabeza. A Mahler le dio un pronto y se atravesó Europa de cabo a rabo para entrevistarse en Holanda con Freud durante un par de horas. Mozart, pese a deslomarse a trabajar, no ganaba la pasta suficiente para llegar a fin de mes. De Schubert ahora hablaremos. La lista puede seguir: Salieri, Wolf, Schoenberg, Zemlinsky… y eso que estamos hablando de los fieras. Imagínenese los del montón.
Pero vamos a ver. Si todo iba tan mal –y, en realidad, iba bastante peor-, ¿cómo es que estos sufridos muchachotes consiguieron escribir lo que escribieron?
Hay un cúmulo de explicaciones y de mecanismos ancestrales vieneses. El primero de ellos es que en cuanto la palmas te encumbran a los altares; este fue el caso de Mozart (Schubert se les traspapeló y tardaron medio siglo extra…). Otra de las explicaciones, quizá la principal, está basada paradójicamente en una de las características propias de la ciudad: cada persona –por protocolo, por pudor, por convenciones sociales, por tirria, por mil razones más- se habla con un número reducidísimo de conciudadanos. Esto ha posibilitado el que -durante siglos, ojo- no exisitieran dos o tres Vienas paralelas, sino ochenta o noventa. De esta manera, un compositor podía ser adoptado por un grupito minúsculo que se apropiaba de él y lo arropaba mientras el resto de logias lo castigaban con los látigos de la indiferencia. Apadrina un artista. La cosa funcionaba.
Otra explicación, seamos sinceros, es que, efectivamente, a los vieneses siempre les ha apasionado la música. Los detractores más envidiosos han remarcado que nada más natural en una ciudad en la que nadie quiere hablar con nadie; pero esto no deja de parecer una pataleta cogida por los pelos. Este amor por la música hizo que durante generaciones existiera un consolidado mercado musical doméstico, a menudo más refinado que el de la propia corte imperial. Tal demanda consumía una cantidad exorbitante de nuevas composiciones y animaba a los artistas; ciertamente pagados fatal pero, al menos, interpretados.
El gusto por la novedad convivía con el conservadurismo más feroz en una ecuación imposible para otra ciudad que no fuera la infinitamente compartimentada Viena.
Es en este afán de experimentación donde se entronca el Concierto para trompeta y orquesta en Mi bemol mayor del ya talludito Joseph Haydn (1732-1809). En 1796 su amiguete Anton Weidinger, trompetista en la corte, le contactó y le explicó en susurros que acababa de diseñar la trompeta del futuro. Un instrumento con llaves que permitiría, después de diez milenios, tocar melodías cromáticas en lugar de las cuatro notas mal contadas que ofrece un tubo con una simple boquilla. Haydn, quizá acordándose de cómo su fallecido amigo Mozart había compuesto conciertos para todos los conocidos que se le arrimaron, escuchó las explicaciones, escuchó el prototipo y se puso manos a la obra. El concierto resultante sobrepasó todas las expectativas: las musicales -porque la obra era preciosa, con sus tres movimientos a cada cual más pegadizo- y las técnicas –porque a Haydn al parecer se le fue la mano-. El pobre Weidinger tuvo que matarse a empollar durante cuatro años hasta que se atrevió a estrenar el concierto ante el público vienés. Fue el 28 de marzo de 1800, en una velada en el Burgtheater en la que el solista también tocó otra pieza compuesta ad hoc por Franz Xaver Süssmayr, el discípulo de Mozart que completaría su Requiem.
Contra todo pronóstico el reinado del fantástico instrumento de Weidinger no duró otros diez milenios. Una nueva trompeta, esta vez basada en válvulas en lugar de en llaves vino a sustituirla en 1813 y es la que ha llegado hasta nuestros días.
Al menos el Requiem de Mozart sí que tiene pinta de aguantar en cartelera hasta la próxima glaciación. Inumerables son los personajes que han sido sepultados acompañados por sus acordes. Por ejemplo el archivienés Franz Schubert (1797-1828). En este caso casi de milagro, porque algunos figurones de la ciudad no parecían estar muy de acuerdo. Josef Hüttenbrenner recuerda:
“Tietze era el mayor enemigo de Schubert, cantaba sus lieder y sus cuartetos vocales (…) pero era absolutamente contrario a un requiem. Decía que Schubert era un buen poeta, pero que un réquiem solo debía ser utilizado en honor de un verdadero y gran compositor (…) el 27 de noviembre se interpretó en San Ulrich an Platz el Requiem de Mozart, con la oposición de Tieze”.
No era una opinión aislada. Schubert había conseguido vivr sus 31 años pasando casi inadvertido para una gran parte de sus conciudadanos. Beethoven, fallecido un añito antes, no pareció darse por enterado de su existencia, y las crónicas póstumas de la década de los Treinta lo tenían por una especie de cantautor de mucho talento. Eso si es que lo citaban, que no solían hacerlo.
Hasta tal punto la sensación estar ante un artista de géneros menores estaba arraigada que incluso su propio hermano Ferdinand respondía a Schumann en 1839 –horrorizado porque su música sinfónica no hubiera sido publicada- que los editores tenían un montón de obras de Franz esperando en la cola, y que no parecían tener mucha prisa por sacarlas.
Y el hecho es que Schubert fue uno de los pocos, y primeros, compositores del XIX europeos que escribió obras maestras de todas las duraciones, desde un minuto escaso –como muchos de sus lieder- hasta artefactos que rozaban la hora, caso de su Cuarteto en Sol mayor, su Quinteto con dos celllos en Do mayor, o su Gran Sinfonía, también en Do mayor. Esta última obra, compuesta entre 1825 y 1826, fue rechazada sucesivamente en Viena, Leipzig, Londres y París. Todo un record. La leyenda tiende a idealizar la recuperación de Mendelssohn en 1839, pero parece olvidar que sólo se tocaron los dos primeros movimientos. Tendría que llegar la segunda mitad del XIX, con sus inmensas sinfonías de hechuras interminables, para que la Gran Sinfonía de Schubert fuera considerada como el talismán que permitió romper el hechizo de la Novena de Beethoven.
Schubert igualmente se acercó, como Beethoven, a la música para escena. Y con los mismos resultados desastrosos. Ni una sola de sus óperas o músicas incidentales entraron en el repertorio. Bueno, una sí: la obertura Rosamunda. Una pieza recalentada al menos en tres ocasiones.
En 1817 Schubert compone un par de oberturas “al estilo italiano”. Una mezcla divertidísima entre las futuras polkas de Strauss y el lenguaje del entonces celebérrimo Rossini. En 1820 reaprovecha el material de una de ellas para montar la obertura de una pieza teatral horrorosa, “Die Zauberharfe”. En 1823 la historia se repite y enredan a Schubert para que componga algo de música como acompañamiento a “Rosamunde” otra obra teatral fea como una nevera por detrás. Pilladísimo de tiempo recupera de nuevo la bendita obertura, la cual es interpretada en las dos únicas representaciones que “Rosamunda” aguanta en cartel. Otra vez al cajón. Pero finalmente un editor -deus ex machina- la publica a la de pocos meses en una adaptación para piano a cuatro manos. Et voilà, por fin Viena hace entrar en sus salones y en salitas este allegro chispeante. Un milagro de perseverancia colectiva.
Viena consiguió mantener este equilibrio imposible entre cuidar y pasar de sus compositores durante al menos cien años más. Sólo ellos saben cómo lo hicieron pero en todo el resto de Europa todavía nos seguimos beneficiando de ello. Desde aquí un fuerte abrazo agradecido.
Joseba Berrocal
 

 

MANUEL BLANCO – Trompeta
Nacido en 1985 en Daimiel (Ciudad Real) comenzó muy temprano sus estudios de trompeta con D. Martin Baeza y D. Jose María Ortí. En la actualidad recibe asesoramiento del concertista Internacional Reinhold Friedrich.
Ha ganando diversos concursos pero su gran logro internacional llegó tras ganar el 1er premio en el prestigioso ARD Music Competition de Munich 2011.
Ha trabajado como trompeta solista en orquestas como Concertgebouw de Amsterdam, Gewandhaus de Leipzig, Orchestra Teatro alla Scala Milán y la Orquesta Nacional de España junto a directores como Claudio Abbado, Mariss Jansons, Zubin Mehta, Riccardo Chailly, Gustavo Dudamel, Andris Nelsons, Kent Nagano….
Como concertista, ha tocado con la Orquesta de la Radio de Baviera, Orquesta de la Radio de Munich, Orquesta de Cámara de Múnich, Budapest Chamber Orchestra, Capella Symphonic Orchestra(St.Petersburg), Orquesta Nacional de España, …
Proyectos futuros incluyen conciertos para el CNDM con dos estrenos encargados para él, con la Orquesta de Valencia, Orquesta Sinfónica de Minería (México), recitales, masterclass y su primer CD como solista junto a la Orquesta Nacional de España y el sello Deutsche Grammophon.
 

 


ANTONI ROS MARBÁ–  Director

 

Ha sido Director Titular de la Orquesta Sinfónica de RTVE, la Orquesta Ciutat de Barcelona y Director Musical de la Orquesta Nacional de España, así como Principal Director Musical de la Nederlands Kamer Orkest, de la que posteriormente fue Director Titular.
Invitado por Herbert von Karajan en 1978, debutó con la Berliner Philharmoniker, orquesta que posteriormente ha dirigido en diversas ocasiones. Ha dirigido a las orquestas más importantes de Francia, Inglaterra, Suiza, Italia, Alemania, Escandinavia y ha actuado en los principales centros musicales de América, Japón y China.
Ha estrenado las óperas Divinas Palabras de Antón García Abril y The Duenna de Roberto Gerhard.
Le ha sido concedido el “Premio Nacional de Música”, galardón que otorga el Ministerio de Cultura y la “Creu de Sant Jordi”, otorgada por la Generalitat de Catalunya.
En la actualidad es Profesor y Director Titular de la Cátedra de Orquesta de Cámara Freixenet de la Escuela Superior de Música Reina Sofía de Madrid.
 
 

 

Comenzamos nuestro decimoquinto programa de la temporada 2014-2015 con la interpretación de la obertura de Rosamunda D. 644 de Franz Schubert. Interpretamos por primera vez esta obertura el 17 de noviembre de 1928 en la Sociedad Filarmónica bajo la dirección de Pablo Sorozabal. Desde entonces la hemos podido escuchar en otras 11 ocasiones siendo la última los días 15 y 16 de enero de 2004 en el Palacio Euskalduna bajo la dirección de Jan Latham-König.Emplearemos para su interpretación el material de la editorial Breitkopf & Härtel (https://www.breitkopf.com).

A continuación podremos escuchar el Concierto para trompeta y orquesta en Mi bemol Mayor Hob.VIIe:1 de Franz Joseph Haydn. Hemos interpretado esta obra en dos ocasiones a lo largo de nuestra historia. La primera el 21 de junio de 1964 bajo la dirección de Alberto Bolet en el Teatro Arriaga con la participación del trompetista Maurice André y la última los días 27 y 28 de mayo de 2004 en el Palacio Euskalduna bajo la dirección de Juanjo Mena y con la participación del solista de trompeta de la BOS Miguel Ángel Torres. Emplearemos para su interpretación el material preparado por Sonja Gerlach, Makoto Ohmiya, Stefan Zorzor y Reinhold Friedrich para la editorial Barenreiter (https://www.baerenreiter.com).
En la segunda parte del concierto podremos escuchar la Sinfonía nº 9 en Do Mayor D. 944 “La grande” de Franz Schubert. Hemos interpretado esta obra en trece ocasiones a lo largo de nuestras temporadas de abono, la primera el 17 de noviembre de 1928 en la Sociedad Filarmónica bajo la dirección de Pablo Sorozabal y la última los días 2 y 3 de febrero de 2012 en el Palacio Euskalduna bajo la dirección de Yaron Traub. Emplearemos para su interpretación el material de la editorial Breitkopf & Härtel (https://www.breitkopf.com).
A continuación les recomendamos una serie de grabaciones comerciales de las obras de nuestro programa. Todas ellas pueden adquirirse en la Fnac o escucharse a través de internet siguiendo los enlaces señalados:
 
F. Schubert: Rosamunda, Obertura D. 644
 Claudio Abbado – Chamber Orchestra of Europe
Release Date: 02/05/1989
Deutsche Grammophon
 
 
F.J. Haydn: Concierto para Trompeta y orquesta en Mi bemol Mayor Hob.VIIe:1
 Maurice André – Hans Stadlmair – Munich Bach Orchestra
Release Date: 11/10/1991
Deutsche Grammophon



“LA GRANDE” DE SCHUBERT
En la senda del clasicismo al romanticismo, Haydn y Schubert conforman un programa hecho a la medida del maestro Ros Marbá. Manuel Blanco, probablemente el trompetista español de mayor proyección, ofrecerá el brillante concierto de Haydn, que deja paso a la última de las sinfonías de Schubert. Una obra que vio la luz bajo la batuta de Mendelssohn y que, por duración y ambición, fue subtitulada como “La grande”.
 

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I

AUGUSTA HOLMÈS (1847-1903)

Andromède, Poema sinfónico*

CÉSAR FRANCK (1822-1890)

Variaciones sinfónicas para piano y Orquesta.

Joaquín Achúcarro, piano

II

MODEST MUSSORGSKY (1839-1881) / MAURICE RAVEL (1875-1937)

Cuadros de una exposición.

I. Promenade – Gnomus
II. Promenade – El castillo medieval
III. Promenade – Tullerias
IV. Promenade – Bydlo
V. Baile de los polluelos dentro del cascarón
VI. Samuel Goldenberg y Schmuyle
VII. El mercado
VIII. Catacumbas (Sepulcrum Romanum)
IX. La cabaña sobre patas de gallina (o la choza de Baba-Yaga)
X. La gran puerta de Kiev

Información y entradas
Temporada 2021-2022
21 - 24 - 27 - 28 - 30
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Madama Butterfly

Lugar: Palacio Euskalduna

Giacomo Puccini

Representaciones

  • Sábado 21 de Mayo de 2022 19:00h
  • Martes 24 de Mayo de 2022 19:30h
  • Viernes 27 de Mayo de 2022 19:30h
  • Sábado 28 de Mayo de 2022 19:00h (*OB)
  • Lunes 30 de Mayo de 2022 19:30h

*OB: Opera Berri

Patrocina:

FICHA

  • Cio-Cio San: Maria Agresta*
  • Cio-Cio San BERRI: Carmen Solís
  • Pinkerton: Sergio Escobar
  • Pinkerton BERRI: Javier Tomé
  • Suzuki: Carmen Artaza*
  • Sharpless: Damián del Castillo
  • Goro: Jorge Rodríguez-Norton
  • Kate Pinkerton: Marta Ubieta
  • Yamadori y Comisario: Jose Manuel Día
  • Tío Bonzo: Fernando Latorre
  • Oficial del registro: Javier Campo**
  • Yakuside: Gexan Etxabe
  • La madre de Cio-Cio San: Eider Torrijos**
  • La tía de Cio-Cio San: Leyre Mesa**
  • La prima de Cio-Cio San Olga Revuelta**
  • Bilbao Orkestra Sinfonikoa
  • Coro de Ópera de Bilbao: Director Boris Dujin
  • Director musical: Henrik Nánási*
  • Director de escena: Stefano Monti
  • Coproducción Teatro Comunale di Modena / Teatro Municipale di Piacenza

*Debuta en ABAO Bilbao Opera
**Coro de Ópera de Bilbao

MÁS INFORMACIÓN

Benjamin Franklin Pinkerton, un oficial de la Armada de Estados Unidos, inspecciona una casita en una colina cercana a Nagasaki desde la que se ve el puerto. Va a alquilársela a Goro, un servicial casamentero. Junto con la casa recibe también a tres criados y a una geisha como mujer, cuyo nombre es Cio-Cio San, pero que es conocida como Butterfly. El alquiler, según la costumbre japonesa, es por una duración de 999 años, susceptible de ser renovado todos los meses. El cónsul estadounidense, Sharpless, llega jadeante después de haber subido la colina. Pinkerton describe su filosofía del yanqui indómito que recorre el mundo en busca de experiencias y placeres. No está seguro de si sus sentimientos por la joven japonesa son realmente amor o simplemente un capricho, pero su intención es seguir adelante y celebrar la ceremonia nupcial. Sharpless le advierte de que es posible que la muchacha tenga una visión diferente del matrimonio, pero Pinkerton hace caso omiso de sus preocupaciones y le dice que algún día tendrá una verdadera esposa estadounidense. Ofrece al cónsul güisqui y propone un brindis.

Llega Butterfly con sus amigos para la ceremonia. En una conversación casual tras la presentación formal, la muchacha admite que tiene tan solo quince años y explica que su familia fue importante en otro tiempo, pero que luego perdió su posición desahogada, por lo que no le ha quedado más remedio que ganarse la vida como geisha. Llegan sus familiares y hablan sobre la celebración de un matrimonio tan desigual. Cio-Cio San enseña a Pinkerton sus exiguas posesiones y le confiesa que ha estado en la misión cristiana y que tiene la intención de convertirse a la religión de su marido. El comisionado imperial lee el contrato matrimonial y los parientes felicitan a la pareja. De repente, se oye desde lejos una voz amenazadora: es el bonzo, el tío de Butterfly, un sacerdote. Maldice a la muchacha por haber ido a la misión y por renunciar a su religión ancestral. Pinkerton les ordena a todos que se vayan e intenta consolar a Butterfly con palabras dulces. Suzuki le ayuda a ponerse el kimono nupcial antes de que la pareja se reúna en el jardín, donde se dejan llevar por la pasión.

Cuando comienza el Acto II han transcurrido tres años y Cio-Cio San está esperando el regreso de su marido a casa. Suzuki implora ayuda a los dioses, pero Butterfly le reprende por creer en los dioses japoneses en vez de en la promesa de Pinkerton de que un día regresaría. Aparece Sharpless con una carta de Pinkerton, pero antes de que pueda leerla a Butterfly, aparece Goro con el último pretendiente de la joven, el acaudalado príncipe Yamadori. Butterfly sirve amablemente té a los invitados, pero insiste en que no está disponible para contraer matrimonio: su marido estadounidense no la ha dejado y le dio palabra de que un día regresaría. Pide a Goro y Yamadori que se vayan. Sharpless intenta leer la carta de Pinkerton y sugiere a Butterfly que quizá debería reconsiderar la oferta de Yamadori. Como respuesta, ella le muestra al cónsul el hijo que ha tenido con Pinkerton. Dice que su nombre es “Pesar”, pero que cuando regrese su padre se llamará “Dicha”. Sharpless está demasiado hundido para seguir leyéndole el contenido de la carta. Se va prometiéndole que informará a Pinkerton sobre la existencia de su hijo. Un cañonazo en el puerto anuncia la llegada de un barco. Butterfly y Suzuki leen su nombre desde la terraza: es el de Pinkerton. Radiante de alegría, Butterfly se une a Suzuki para decorar la casa con flores. Cae la noche y Butterfly, Suzuki y el niño emprenden una vigilia sin apartar la vista del puerto.

Amanece y Suzuki insiste en que Butterfly intente dormir un poco. Butterfly mete al niño en la casa. Aparece Sharpless con Pinkerton y Kate, la nueva mujer de Pinkerton. Suzuki se da cuenta de quién es la mujer estadounidense y se muestra de acuerdo en ayudar a comunicar la noticia a Butterfly. A Pinkerton le invade la sensación de culpa y se retira un poco para recordar los días pasados en la casa. Cio-Cio San entra apresuradamente confiando en encontrar a Pinkerton, pero es a Kate a quien ve en su lugar. Comprendiendo la situación, se muestra de acuerdo en renunciar a su hijo, pero insiste en que sea Pinkerton quien vuelva a por él. Tras echar a todo el mundo, Butterfly saca la daga con la que su padre se había suicidado, pues prefiere morir con honor que vivir con vergüenza. Se detiene por un instante cuando entra el niño inesperadamente, pero Butterfly lo saca al jardín y ella se retira detrás de una cortina. Cuando llega Pinkerton, pronunciando su nombre, la joven se clava la daga.

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Temporada 2022-2023
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2022
>Concierto para dos Aniversarios Bilbao Orkestra Sinfonikoa & Guggenheim Bilbao

Concierto para dos Aniversarios Bilbao Orkestra Sinfonikoa & Guggenheim Bilbao

Lugar: Guggenheim Bilbao

Coincidiendo con el centenario de la BOS el Museo Guggenheim Bilbao celebra su 25º Aniversario. En esta doble celebración, el Museo será el escenario de un gran concierto de la BOS abierto a la ciudadanía cuyo programa incluirá “Cuadros de una exposición”, la obra con la que Modest Mussorgsky rindió homenaje a su amigo Viktor Hartmann, con ocasión de la exhibición de algunas de sus obras tras su fallecimiento. La pieza representa un recorrido de cuadro en cuadro, en un estilo musical de fuerte carácter descriptivo. Compuesta originalmente para piano, la música fue “coloreada” por Maurice Ravel con una brillante orquestación. Junto a este gran clásico, en este concierto se recuperará el poema sinfónico, de lenguaje denso y poderoso, “Andrómeda”, de Augusta Holmès, compositora francesa injustamente tratada por la historia, al igual que muchas de sus colegas. Una gran oportunidad para celebrar la amistad y el diálogo entre las artes.

Patrocina:

Localización : Atrio
Punto de venta : Taquilla y Web
Duración : 60
Más información : Aforo limitado y uso responsable de mascarilla.
Se ruega puntualidad. No se podrá acceder al Atrio una vez iniciada la actividad.

Web: Guggenheim

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