Conciertos

TEMPORADA BOS 17

Miradas sonoras: Gran Bretaña


Palacio Euskalduna.   20:00 h.

E. Elgar: Cockaigne, op. 40
Walton: Concierto para violín y orquesta
R. Vaughan Williams: Sinfonía nº 5

Elissa Koljonen, biolina/violín
James Judd, zuzendaria/director

FECHAS

  • 03 de junio de 2010       Palacio Euskalduna      20:00 h.
  • 04 de junio de 2010       Palacio Euskalduna      20:00 h.

Conoce aquí todas las ventajas de ser abonado de la BOS

EL RENACIMIENTO INGLÉS

Se ha hablado mucho de la ausencia de compositores ingleses de renombre internacional entre los tiempos de Henry Purcell (1659-1695) y los últimos años del siglo XIX, debida probablemente a una progresiva pérdida de conciencia nacional motivada por la inclinación de la vida musical hacia pensamientos musicales de índole continental, personalizados en gran medida en las figuras de George Friederich Haendel (en buena parte del siglo XVII) y Felix Mendelssohn (en el XIX), autores ambos aclamadísimos en la isla. Así, la aparición en escena de Hubert Parry y Charles Villiers Stanford hacia la segunda mitad del XIX trató de relajar suavemente las influencias extranjeras, pero hubo de partir necesariamente de ellas para abrir el camino de lo que se pretendía una nueva escuela nacional. De esas mismas fuentes bebería pronto Edward Elgar (1857-1934), desplegando su música sobre dos pilares fundamentales que a la larga se acabaron por revelar perfectamente compatibles: la influencia de los últimos románticos alemanes, sobre todo de Brahms y Wagner, y una distinción de marcada personalidad británica. Ambos elementos brillan a toda luz en la obra que abre el programa de esta noche, la obertura Cockaigne, op. 40, escrita entre 1900 y 1901, poco tiempo después de que las Variaciones enigma le hubiesen dado un nombre más allá de las fronteras de su país (también, todo hay que decirlo, meses después del sonado fracaso en Birmingham del estreno de El sueño de Geronte).

Cockaigne, tierra de delicias y placeres en el imaginario popular, era el nombre con que los británicos denominaban cariñosamente a Londres, que es evidentemente la ciudad aquí retratada, de forma que una vez el oyente se orienta dentro de un esquema estructural sumamente complejo por la gran cantidad de temas que se enlazan y desenlazan sobre tentativas de formas sonata y rondós, puede escuchar aquí y allá melodías nobles, refinadas cual la elegancia londinense, reconocer campanas de una iglesia, contemplar el desfile de una banda militar, evocar calmos paseos románticos en el Hyde Park, a orillas del Serpentine, e imaginar el murmurar de un cockney comilón y borrachín. No pocos han creído ver en esta página ecos de la obertura de Los maestros cantores de Nüremberg de Wagner. Todo ello, es evidente, sobre un asiento armónico propio del romanticismo tardío, de reconocible morfología brahmsiana aunque exuberantemente coloreado y revestido del optimismo propio de la Inglaterra de la preguerra, en el camino siempre de un final brillante y esplendoroso. La obra sonó por vez primera en junio de 1901 en la Queen´s Hall de Londres; dirigió el estreno el propio compositor, que había dedicado la obra a todos los miembros de las orquestas británicas. Para ellos, a la vista está, el regalo no podía haber sido más goloso.

Pese a ser el máximo detonante del llamado “Renacimiento inglés”, no se puede decir que el estilo de Elgar, muy aferrado a un conservadurismo entonces en vías de fosilización, tuviera unos claros seguidores. Ni siquiera Frederick Delius, de maneras también un tanto ancladas en el siglo XIX, puede considerarse dentro de su misma escuela, ya que su música apareció claramente escorada hacia las tendencias francesas. Los autores ingleses más importantes de la primera mitad del siglo XX, Ralph Vaughan Williams (1872-1958), Gustav Holst (1874-1934), autor en 1916 de la suite orquestal Los planetas, William Walton (1902-82) y los jóvenes Benjamin Britten (1913-76) y Michael Tippett (1905-98), siguieron sus propios caminos con un impulso nacionalista como telón de fondo (no más que eventualmente en primer plano) y sin renunciar a rivalizar con las nuevas corrientes que se iban proyectando desde varios focos vanguardistas europeos. Walton, sin ir más lejos, saltó a la fama hacia 1922 con la composición de Façade, un ciclo de poemas surrealistas para recitador y grupo de cámara que caricaturizaba elementos de la música popular en un radical gesto de antirromanticismo. En cambio, su más lírico, expansivo y emocional Concierto para viola (1929) parecería incorporarse por momentos, aun dentro de un lenguaje propio, a una posible línea elgariana. El homenaje al compositor de las Variaciones enigma es también palpable en el posterior Concierto para violín (1938-39) ya desde la tonalidad de si menor que ambos comparten. Encargada por el gran Jascha Heifetz tras mediación del no menos grande violista escocés William Primrose, la obra tratar de hallar un equilibrio entre el virtuosismo y la expresividad, y se ve claramente dominada de inicio a fin por dos pasiones: una por Alice Wimborne (“hermosa, inteligente, amable, rica, hospitalaria, musical… tenía toda las virtudes”), la otra por Italia. Así, el concierto se somete desde los primeros compases del Andante tranquillo a un canto de encendida melancolía y evidentes reminiscencias belcantistas, adquiriendo unos tintes ensoñadores y dramáticos que sólo algunos episodios de virtuosismo parecen matizar. Esa sensación no se desvanece del todo en el segundo movimiento, un luminoso y vitalista Presto capriccioso alla napolitana (probablemente escrito en Italia) que incluye en el trío una bella canzonetta. El tercero, un Vivace de lenguaje a veces más áspero, cierra el círculo al recuperar algunos temas del primero en un intento de acentuar la emotividad de la obra, pero no por ello se distancia de la pirotecnia, desplazando el punto de mayor intensidad hacia el explosivo final de la página. Los protagonistas del estreno del concierto, que tuvo lugar en Cleveland el 7 de diciembre de 1939, fueron Jascha Heifetz y Artur Rodzinski. El compositor no pudo asistir, toda una Segunda Guerra Mundial acababa de estallar.

Fue precisamente durante buena parte de la guerra (entre 1938 y 1943) cuando Vaughan Williams escribió su Quinta sinfonía. Ello podría llevar a pensar en una profundización en la atmósfera trágica que había sobrevolado sobre la Cuarta (1931-34), muy en contraste con el tono pastoril de las tres primeras, pero no fue así. En realidad, buena parte del material temático de la obra provenía de una ópera inacabada, The Pilgrim´s Progress (El progreso del peregrino), lo que explica de algún modo las resonancias moralistas de la música. Dedicada a Jean Sibelius, su primera ejecución se dio en la Royal Albert Hall londinense en los Proms de 1943, con la orquesta filarmónica de la ciudad y el compositor en el podio. Éste, quién lo duda, nunca se había alejado demasiado de la tradición sinfónica continental (la sinfonía es el género conservador por excelencia), y así lo demuestra el esquema básico formal de esta Quinta, estructurada en cuatro movimientos desvinculados de cualquier tipo de vía deformadora. El Preludio, de fuerte vocación modal, se abre con suaves y serenas llamadas de las trompas y la cuerda, abriendo paso a un segundo tema igualmente efusivo y celestial, impregnado de una plácida espiritualidad, que deriva en desarrollos un tanto más intensos antes de volver a la calma previa. Viene después un fugaz Scherzo de ritmo galopante, ligero aun a pesar de las eventuales llamadas del metal. La elegíaca Romanza del tercer movimiento es la que más elementos toma de la ópera original, así el tema anunciado por el corno inglés (“Él me ha dado paz a través de su dolor y vida a través de su muerte”), más tarde retomado por la cuerda antes de que la música se mueva hacia un estado de agitación en remembranza de las dolientes plegarias del peregrino; una vez parece que la vida vuelve a fluir, las melodías se prolongan ante un clímax próximo al término del movimiento. Al fin, la Passacaglia se abre (cómo si no) con la repetición de una línea descendente en los violonchelos, pero Vaughan Williams no tarda en modelar la página a partir de exultantes expresiones y fanfarrias, deviniendo después la solemnidad en un desenlace que restablece, en el éxtasis contemplativo del Preludio, la ansiada paz inicial. 
Asier Vallejo Ugarte

Nuestra última “mirada sonora” de la temporada se fija en la música británica. Gracias a compositores como Elgar, Vaughan Williams y Walton, las Islas recuperaron el esplendor musical del que habían disfrutado en el barroco, tras el largo paréntesis de un discreto siglo XIX. Los tres compositores citados marcaron una línea, sobre todo durante la primera mitad del siglo XX, caracterizada por la búsqueda del buen gusto, el refinamiento y el respeto a la tradición.

Info covid

Agenda de eventos

Lu
Ma
Mi
Ju
Vi
Sa
Do

Eventos relacionados

Temporada 2021-2022
09 - 10
Jun
2022
>Achúcarro y los Cuadros de una exposición

Achúcarro y los Cuadros de una exposición

Lugar: Palacio Euskalduna

Giancarlo Guerrero, director
Joaquín Achúcarro, piano


I

AUGUSTA HOLMÈS (1847-1903)

Andromède, Poema sinfónico*

CÉSAR FRANCK (1822-1890)

Variaciones sinfónicas para piano y Orquesta.

Joaquín Achúcarro, piano

II

MODEST MUSSORGSKY (1839-1881) / MAURICE RAVEL (1875-1937)

Cuadros de una exposición.

I. Promenade – Gnomus
II. Promenade – El castillo medieval
III. Promenade – Tullerias
IV. Promenade – Bydlo
V. Baile de los polluelos dentro del cascarón
VI. Samuel Goldenberg y Schmuyle
VII. El mercado
VIII. Catacumbas (Sepulcrum Romanum)
IX. La cabaña sobre patas de gallina (o la choza de Baba-Yaga)
X. La gran puerta de Kiev

Información y entradas
Temporada 2021-2022
21 - 24 - 27 - 28 - 30
May
2022
>Madama Butterfly

Madama Butterfly

Lugar: Palacio Euskalduna

Giacomo Puccini

Representaciones

  • Sábado 21 de Mayo de 2022 19:00h
  • Martes 24 de Mayo de 2022 19:30h
  • Viernes 27 de Mayo de 2022 19:30h
  • Sábado 28 de Mayo de 2022 19:00h (*OB)
  • Lunes 30 de Mayo de 2022 19:30h

*OB: Opera Berri

Patrocina:

FICHA

  • Cio-Cio San: Maria Agresta*
  • Cio-Cio San BERRI: Carmen Solís
  • Pinkerton: Sergio Escobar
  • Pinkerton BERRI: Javier Tomé
  • Suzuki: Carmen Artaza*
  • Sharpless: Damián del Castillo
  • Goro: Jorge Rodríguez-Norton
  • Kate Pinkerton: Marta Ubieta
  • Yamadori y Comisario: Jose Manuel Día
  • Tío Bonzo: Fernando Latorre
  • Oficial del registro: Javier Campo**
  • Yakuside: Gexan Etxabe
  • La madre de Cio-Cio San: Eider Torrijos**
  • La tía de Cio-Cio San: Leyre Mesa**
  • La prima de Cio-Cio San Olga Revuelta**
  • Bilbao Orkestra Sinfonikoa
  • Coro de Ópera de Bilbao: Director Boris Dujin
  • Director musical: Henrik Nánási*
  • Director de escena: Stefano Monti
  • Coproducción Teatro Comunale di Modena / Teatro Municipale di Piacenza

*Debuta en ABAO Bilbao Opera
**Coro de Ópera de Bilbao

MÁS INFORMACIÓN

Benjamin Franklin Pinkerton, un oficial de la Armada de Estados Unidos, inspecciona una casita en una colina cercana a Nagasaki desde la que se ve el puerto. Va a alquilársela a Goro, un servicial casamentero. Junto con la casa recibe también a tres criados y a una geisha como mujer, cuyo nombre es Cio-Cio San, pero que es conocida como Butterfly. El alquiler, según la costumbre japonesa, es por una duración de 999 años, susceptible de ser renovado todos los meses. El cónsul estadounidense, Sharpless, llega jadeante después de haber subido la colina. Pinkerton describe su filosofía del yanqui indómito que recorre el mundo en busca de experiencias y placeres. No está seguro de si sus sentimientos por la joven japonesa son realmente amor o simplemente un capricho, pero su intención es seguir adelante y celebrar la ceremonia nupcial. Sharpless le advierte de que es posible que la muchacha tenga una visión diferente del matrimonio, pero Pinkerton hace caso omiso de sus preocupaciones y le dice que algún día tendrá una verdadera esposa estadounidense. Ofrece al cónsul güisqui y propone un brindis.

Llega Butterfly con sus amigos para la ceremonia. En una conversación casual tras la presentación formal, la muchacha admite que tiene tan solo quince años y explica que su familia fue importante en otro tiempo, pero que luego perdió su posición desahogada, por lo que no le ha quedado más remedio que ganarse la vida como geisha. Llegan sus familiares y hablan sobre la celebración de un matrimonio tan desigual. Cio-Cio San enseña a Pinkerton sus exiguas posesiones y le confiesa que ha estado en la misión cristiana y que tiene la intención de convertirse a la religión de su marido. El comisionado imperial lee el contrato matrimonial y los parientes felicitan a la pareja. De repente, se oye desde lejos una voz amenazadora: es el bonzo, el tío de Butterfly, un sacerdote. Maldice a la muchacha por haber ido a la misión y por renunciar a su religión ancestral. Pinkerton les ordena a todos que se vayan e intenta consolar a Butterfly con palabras dulces. Suzuki le ayuda a ponerse el kimono nupcial antes de que la pareja se reúna en el jardín, donde se dejan llevar por la pasión.

Cuando comienza el Acto II han transcurrido tres años y Cio-Cio San está esperando el regreso de su marido a casa. Suzuki implora ayuda a los dioses, pero Butterfly le reprende por creer en los dioses japoneses en vez de en la promesa de Pinkerton de que un día regresaría. Aparece Sharpless con una carta de Pinkerton, pero antes de que pueda leerla a Butterfly, aparece Goro con el último pretendiente de la joven, el acaudalado príncipe Yamadori. Butterfly sirve amablemente té a los invitados, pero insiste en que no está disponible para contraer matrimonio: su marido estadounidense no la ha dejado y le dio palabra de que un día regresaría. Pide a Goro y Yamadori que se vayan. Sharpless intenta leer la carta de Pinkerton y sugiere a Butterfly que quizá debería reconsiderar la oferta de Yamadori. Como respuesta, ella le muestra al cónsul el hijo que ha tenido con Pinkerton. Dice que su nombre es “Pesar”, pero que cuando regrese su padre se llamará “Dicha”. Sharpless está demasiado hundido para seguir leyéndole el contenido de la carta. Se va prometiéndole que informará a Pinkerton sobre la existencia de su hijo. Un cañonazo en el puerto anuncia la llegada de un barco. Butterfly y Suzuki leen su nombre desde la terraza: es el de Pinkerton. Radiante de alegría, Butterfly se une a Suzuki para decorar la casa con flores. Cae la noche y Butterfly, Suzuki y el niño emprenden una vigilia sin apartar la vista del puerto.

Amanece y Suzuki insiste en que Butterfly intente dormir un poco. Butterfly mete al niño en la casa. Aparece Sharpless con Pinkerton y Kate, la nueva mujer de Pinkerton. Suzuki se da cuenta de quién es la mujer estadounidense y se muestra de acuerdo en ayudar a comunicar la noticia a Butterfly. A Pinkerton le invade la sensación de culpa y se retira un poco para recordar los días pasados en la casa. Cio-Cio San entra apresuradamente confiando en encontrar a Pinkerton, pero es a Kate a quien ve en su lugar. Comprendiendo la situación, se muestra de acuerdo en renunciar a su hijo, pero insiste en que sea Pinkerton quien vuelva a por él. Tras echar a todo el mundo, Butterfly saca la daga con la que su padre se había suicidado, pues prefiere morir con honor que vivir con vergüenza. Se detiene por un instante cuando entra el niño inesperadamente, pero Butterfly lo saca al jardín y ella se retira detrás de una cortina. Cuando llega Pinkerton, pronunciando su nombre, la joven se clava la daga.

Ver más
Temporada 2022-2023
18
Jun
2022
>Concierto para dos Aniversarios Bilbao Orkestra Sinfonikoa & Guggenheim Bilbao

Concierto para dos Aniversarios Bilbao Orkestra Sinfonikoa & Guggenheim Bilbao

Lugar: Guggenheim Bilbao

Coincidiendo con el centenario de la BOS el Museo Guggenheim Bilbao celebra su 25º Aniversario. En esta doble celebración, el Museo será el escenario de un gran concierto de la BOS abierto a la ciudadanía cuyo programa incluirá “Cuadros de una exposición”, la obra con la que Modest Mussorgsky rindió homenaje a su amigo Viktor Hartmann, con ocasión de la exhibición de algunas de sus obras tras su fallecimiento. La pieza representa un recorrido de cuadro en cuadro, en un estilo musical de fuerte carácter descriptivo. Compuesta originalmente para piano, la música fue “coloreada” por Maurice Ravel con una brillante orquestación. Junto a este gran clásico, en este concierto se recuperará el poema sinfónico, de lenguaje denso y poderoso, “Andrómeda”, de Augusta Holmès, compositora francesa injustamente tratada por la historia, al igual que muchas de sus colegas. Una gran oportunidad para celebrar la amistad y el diálogo entre las artes.

Patrocina:

Localización : Atrio
Punto de venta : Taquilla y Web
Duración : 60
Más información : Aforo limitado y uso responsable de mascarilla.
Se ruega puntualidad. No se podrá acceder al Atrio una vez iniciada la actividad.

Web: Guggenheim

Ver más