Conciertos

TEMPORADA BOS 2


Palacio Euskalduna.   20:00 h.

B. Britten: Four sea interludes (15’)
B. Britten: Concierto para piano en Re mayor, op. 13 (35’)
F. Mendelssohn: Sinfonía no 3 en la menor, op. 56 “Escocesa” (40’)

Leonel Morales: piano
Yaron Traub

FECHAS

  • 31 de octubre de 2013       Palacio Euskalduna      20:00 h.
  • 01 de noviembre de 2013       Palacio Euskalduna      20:00 h.

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Compositores simpáticos

 
En 1933 vio la luz un extraño libro “La música, su influencia secreta a través de los tiempos”, escrito por un aún más extraño personaje: el compositor y literato británico Cyril Scott (1879-1970). Este longevo caballero, como tantos otros compatriotas suyos que le habían precedido, tuvo una curiosa manera de desplegar completamente sus infinitos talentos musicales y conseguir al mismo tiempo que nadie le hiciera ni caso. Sus composiciones apenas pasaron de una recepción local y pasajera, siempre criticadas por demasiado raras o por demasiado poco raras; dependiendo de si preguntábamos al público o a los académicos. Menos mal que el mundo discográfico de inicios del XXI ha escarbado en los archivos y ha dado una nueva vida a las obras de Scott, que son realmente interesantes. Busquen por ejemplo la Sonatina para Guitarra que escribió por encargo de Andrés Segovia en 1927.
 
Pues bien, pese a que su carrera como compositor pasaba plácidamente desapercibida, sus libros sobre esoterismo y música –tan victoriano todo ello- triunfaron entre los círculos espiritistas. El tono de sus escritos no deja de ser singular puesto que Scott reflexiona casi como un diletante, como si los aspectos técnicos e históricos de la música le sobrepasaran y sólo prestase atención al componente emocional de la misma. De hecho, no pocos lectores se sorprendían al saber que era un compositor hecho y derecho.
 
En este volumen de 1933 Scott incluyó un pequeño ensayo titulado “La simpatía Mendelssohniana” en el que contrastaba dos maneras de componer simpáticamente, la de Beethoven y la de Mendelssohn. Por supuesto, Scott no se refería a la acepción coloquial del término –sinónimo de salado o agradable- sino que traía a colación la acepción filosófica de simpatía, es decir, la capacidad de empatizar y vibrar en sintonía con los sentimientos de nuestros semejantes. Frente a un Beethoven heroico, atormentado y volcánico, Scott nos hablaba de un Mendelssohn sembrador de belleza y placidez, un Mendelssohn que, aun habiendo sufrido en esta vida su buena ración de problemas de salud y otras índoles, pareció negarse a usar la oscuridad en su música. O, mejor dicho, cuando convocaba la oscuridad, ésta siempre terminaba sometida por las fuerzas de la bondad. Los a menudo infravalorados poderes del bien. La música de Mendelssohn quería ser y era, pues, un faro.
 
Aunque nada dijera de su joven compañero, Cyril Scott podría haber escrito lo mismo sobre la producción global de otro compatriota suyo, éste sí que famoso a rabiar: Benjamin Britten (1913-1976).
 
Britten fue el caso paradigmático de niño prodigio musical convertido en adulto prodigio. Una muda que en el mundo germánico parecía efectuarse sin mayores problemas pero que a los chavales británicos siempre se les había atragantado. Hasta tal punto era chocante esta absurda imposibilidad ligada a un ámbito geográfico que se editaron uno y mil libros al respecto. Cuando los escribían los ingleses era para avanzar diagnósticos y soluciones a cada cual más improbable. Cuando los escribían los alemanes solía ser directamente para chotearse y tocar las narices: Das Land ohne Musik, la tierra sin música. Tuvo que llegar el siglo XX para que la partida se equilibrara. Britten fue reconocido como el mayor talento musical inglés desde la época de Purcell. Y eso que el imperio británico estuvo a un pelo de quedarse sin él al menos en un par de ocasiones.
 
La primera fue una campaña orquestada a toda prisa entre profesores y familiares para evitar que el joven Benjamin, alumno en el Royal College of Music, cumpliera su deseo de ir a estudiar a Viena con Schönberg, Berg y Webern. La historia de la música occidental habría sido muy diferente, sin duda, pero quedará para siempre en el terreno de las hipótesis. El pánico de que el talento del chico se malograra en escribir esa música rara centroeuropea se concretó en un veto total e irrevocable.
 
La segunda fue un poco más adelante, cuando un ya medio famoso Britten de 26 años y su pareja de por vida, el tenor Peter Pears, se autoexiliaron en Estados Unidos por una combinación de razones entre las que destacaban su militancia pacifista, su antimilitarismo y un temprano hartazgo de las críticas de las camarillas musicales inglesas.
Por aquel entonces, Britten era un artista que tenía que tomar una decisión profesional. Sabía y quería componer, pero también era uno de los pianistas más dotados de su tiempo. Fue en aquellos mismos años, en concreto en los primeros meses de 1938, cuando Britten compuso lo que llamó su Concierto nº 1 para piano y orquesta op. 13. Si exceptuamos la obra que escribió por encargo de Paul Wittgenstein (más motivado por un montón de pasta que por motivos propiamente musicales), Britten jamás volvió a componer un concierto para su instrumento. Este primer y último concierto para piano quiso ser la tarjeta de visita de un intérprete más que la de un compositor. No escribió una sinfonía con piano concertante –como en el futuro sí que haría para el violoncello de su amigo Rostropovich- sino que sin disimulo puso el instrumento solista al frente de la obra. Tal era el perfil virtuosístico de la pieza que el propio compositor la revisó seis años más tarde para sustituir el tercer movimiento –en origen un recitativo y aria- con un impromptu. El estreno fue un éxito y Britten, al mismo tiempo, hacía las maletas hacia Nueva York.
 
La historia del retorno de los Britten –si es que es apropiado llamarlos así- a la costa este de Inglaterra tiene algo de mágico o, como lo hubiera descrito Cyril Scott, algo ligado a la predestinación. En una librería de California Peter Pears encontró un ejemplar de The Borough, una colección de poemas narrativos de George Crabbe. En este volumen de 1810 se recogían las vidas cruzadas de una comunidad de pescadores de la costa de Suffolk. Una tierra que el poeta conocía bien por ser originario de ella. Una tierra que Britten también amaba por la misma razón.
 
Varias decisiones siguieron a la lectura de este libro: Britten y Pears volverían a Inglaterra –de hecho acabarían tras algunos saltos en Aldeburgh, en esta misma costa de Suffolk- y Britten escribiría una ópera sobre uno de los protagonistas del libro, Peter Grimes. En 1942 se subieron al barco de vuelta, a tiempo de sufrir el tramo más duro de la II Guerra Mundial. Tras obtener un reconocimiento especial –casi inconcebible para aquellos tiempos- de objetores de conciencia, Britten y Pears estrenaron Peter Grimes, uno como compositor y el otro como tenor solista. La obra fue desde sus inicios tan popular que Britten se animó a entresacar una obra orquestal, los Cuatro Interludios op. 33ª, a partir de cuatro de los seis fragmentos sinfónicos repartidos por la ópera. En concreto El Alba, La Mañana de Domingo, Luz de Luna y la Tempestad. Como el mismo Britten remarcó, unas músicas marinas en el sentido emocional más que en el propiamente descriptivo.
 
Un siglo antes otro compositor se había quedado impresionado por la costa Este británica. Félix Mendelssohn (1809-1847) había nacido ya adulto y no necesitó aprender nada, sólo tenía que sacar de su interior una fracción de los mundos que lo habitaban. Sus capacidades eran tan sobresalientes –como intérprete, como compositor, como crítico, como organizador, como políglota, como dibujante- que sus contemporáneos habrían podido olvidar que era hijo de una familia adinerada de origen judío. No lo olvidaron. A Félix lo volvieron loco en su corta existencia. Una parte de la sociedad alemana –comenzando por los propios kaisers Federico Guillermo III y IV- lo reclamaba como una gloria nacional que debía ser aprovechada, mientras que otros sectores influyentes lo aborrecían o envidiaban. Mendelssohn escapó a menudo de esta olla a presión. En 1829, en el primero de los diez viajes a las islas británicas que llegó a realizar, fue llevado a Edimburgo y allí se fraguó la que sería la obra que le acompañaría durante una gran parte de su vida. La Sinfonía Escocesa nº 3, op. 56. Antes de que la estrenara en Leipzig en 1842 verían la luz pública su Cuarta Sinfonía ‘Italiana’ y Quinta ‘De la Reforma’. Un lío cronológico bastante común entre los compositores del siglo XIX y que precisamente dio lugar a una metedura de pata legendaria cuando Robert Schumman –crítico favorable a las obras de Félix- comentó encendido los ubicuos e indisimulados perfiles italianos de esta sinfonía. Vaya en descargo de Schumann que en verdad nadie hablaba del carácter escocés de la obra. Sólo Mendelssohn lo citaba aquí y allá en su correspondencia personal, y él mismo se cuidó de no incluir ninguna transcripción explícita de melodías populares. Para Félix, su Sinfonía era el recuerdo, cada vez más lejano, de las impresiones personales vividas en tierras escocesas, no una pintura local.
 
Britten y Mendelssohn, cada uno en su época respectiva, renunciaron -con una dosis de valor nada despreciable- a seguir los pasos de las vanguardias oficiales que les correspondieron. Ambos compusieron músicas que no pretendían poner sistemáticamente a prueba a la audiencia. Por el contrario, eran ellos mismos los que se pusieron a prueba frente al público. Unos servidores de la comunidad. Unos tipos simpáticos.
 
Joseba Berrocal
 
 
 
 
 
 
 
Leonel Morales, pianoa / piano
 
 
Nacido en Cuba y nacionalizado español, Leonel Morales ha sido premiado en los más importantes concursos internacionales (William Kapell, Vianna da Motta, Corea, Sydney, Oporto, Fundación Guerrero), lo que le ha llevado a presentarse en Europa, Asia, América y Oceanía.
 
Además de tocar con las más importantes orquestas españolas, ha colaborado con la Hamburger Symphoniker, Virtuosos de la Berliner Philharmoniker, Frankfurt-Oder Orchester y Nacional de la RAI de Turín, entre otras orquestas, y con directores como Michael Jurowski, George Pehlivanian, Adrian Leaper, Marzio Conti o Antoni Wit, además de los principales directores españoles.
 
Es jurado habitual en los más importantes concursos internacionales y presidente del jurado en el Concurso Internacional de Piano “Compositores de España”. Su labor pedagógica es igualmente valorada, por lo que ha impartido clases magistrales en el Mozarteum de Salzburgo, Festival Steinway de la Universidad de Florida y en la Universidad de Houston. Es Catedrático de Piano en el Conservatorio Superior de Castellón.
 
Entre sus múltiples grabaciones, la del “Concierto Breve”, de Montsalvatge, obtuvo el Premio Ritmo al mejor CD de 1994.
 
 
 
 
 
Yaron Traub, zuzendaria / director
 
Yaron Traub es Director Titular y Artístico de la Orquesta de Valencia.
 
Nacido en Tel Aviv, hijo de Chaim Taub, antiguo primer violín de la Israel Philharmonic. Estudió piano y dirección de orquesta en Londres. Posteriormente se trasladó a Múnich, donde trabajó con Sergiu Celibidache. A continuación tuvo contacto con Daniel Barenboim, quien lo introdujo en el Festival de Bayreuth, donde fue su asistente. Entre 1994-1994 fue Director Titular suplente de la Chicago Symphony Orchestra.
 
Desde que ganó en 1998 el Primer Premio del IV Concurso Internacional Kondrashin de Dirección de Orquesta en Ámsterdam, Yaron Traub ha dirigido orquestas de prestigio a lo largo de todo el mundo, como la Rotterdamer Philharmoniker, Israel Philharmonic Orchestra, Swedish Radio Symphony, Sydney Philharmonic Orchestra, Orquesta Gulbenkian de Lisboa, Orchestra dell’AccademiadiSanta Cecilia, Helsinki Philharmonic, Orchestre National de Lyon, etc., además de las más importantes orquestas españolas.
 
Traub colabora estrechamente con renombrados solistas, como Daniel Barenboim, Gidon Kremer, Radu Lupu, Alfred Brendel, Waltraud Meier, Victoria Mullova, Emanuel Ax, Heléne Grimaud, Truls Mørk, Julian Rachlin y Nikolaj Znaider.
 
 
 
 
 
 

 

Temporada 2013-2014 de la BOS. Guía de audición
Britten y la Inspiración británica
Segundo concierto de Temporada (31 de octubre y 1 de noviembre de 2013)
 
 
Comenzamos nuestro segundo programa de la temporada 2013-2014 con la interpretación de los Cuatro interludios marinos Op. 33a (de la ópera Peter Grimes) de Benjamin Britten. A pesar de que ésta será la primera ocasión en la que nuestra orquesta interprete esta obra, la hemos podido escuchar con anterioridad en el concierto de intercambio con la Orquesta Sinfónica de Castilla y León bajo la dirección de David Atherton los días 3 y 4 de septiembre de 2008. Emplearemos para su interpretación la edición Boosey&Hawkes (http://www.boosey.com).
A continuación escucharemos el Concierto nº 1 para Piano y Orquesta Op. 13 de Benjamin Britten. Interpretamos por primera y única vez este concierto el 15 de enero de 1956 bajo la dirección de nuestro entonces director titular José de Limantour y con el pianista Leopoldo Querol en el Teatro Buenos Aires. Emplearemos para su interpretación la edición Boosey&Hawkes (http://www.boosey.com).
Finalmente, y ya en la segunda parte, escucharemos la Sinfonía nº 3 en la menor Op. 56 “Escocesa” de Felix Mendelssohn. Interpretamos por primera vez esta sinfonía el 27 de noviembre de 1922 bajo la dirección de Armand Marsick en el Teatro Arriaga. Desde entonces la hemos interpretado en otras 20 ocasiones siendo la última, en temporada de abono, los días 31 de mayo y 1 de junio de 2001 bajo la dirección de Juanjo Mena en el Palacio Euskalduna. Emplearemos el material Urtext de la edición Leipzig Mendelssohn preparado por Thomas Schmidt-Beste para la editorial Breitkopf&Hartel (http://www.breitkopf.com).
A continuación les recomendamos una serie de grabaciones comerciales de las obras de nuestro programa. Todas ellas pueden adquirirse en la Fnac o escucharse a través de internet siguiendo los enlaces señalados:
 
 
B. Britten: Peter Grimes, Cuatro interludios marinos Op. 33a
André Previn -London Symphony Orchestra
Release date: 24/10/2000
Label: EMI
 
 
B. Britten: Concierto No. 1 para Piano y Orquesta en Re Mayor, Opus 13
Benjamin Britten – Sviatoslav Richter – English Chamber Orchestra
Release date: 05/05/1989
Label: Decca
 
 
 
F. Mendelssohn: Sinfonía No. 3 en la menor, Opus 56, "Escocesa"
Roger Norrington – London Classical Players
Release date: 06/06/2000
Label: Virgin
 
 

 

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MODEST MUSSORGSKY (1839-1881) / MAURICE RAVEL (1875-1937)

Cuadros de una exposición.

I. Promenade – Gnomus
II. Promenade – El castillo medieval
III. Promenade – Tullerias
IV. Promenade – Bydlo
V. Baile de los polluelos dentro del cascarón
VI. Samuel Goldenberg y Schmuyle
VII. El mercado
VIII. Catacumbas (Sepulcrum Romanum)
IX. La cabaña sobre patas de gallina (o la choza de Baba-Yaga)
X. La gran puerta de Kiev

Información y entradas
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  • Martes 24 de Mayo de 2022 19:30h
  • Viernes 27 de Mayo de 2022 19:30h
  • Sábado 28 de Mayo de 2022 19:00h (*OB)
  • Lunes 30 de Mayo de 2022 19:30h

*OB: Opera Berri

Patrocina:

FICHA

  • Cio-Cio San: Maria Agresta*
  • Cio-Cio San BERRI: Carmen Solís
  • Pinkerton: Sergio Escobar
  • Pinkerton BERRI: Javier Tomé
  • Suzuki: Carmen Artaza*
  • Sharpless: Damián del Castillo
  • Goro: Jorge Rodríguez-Norton
  • Kate Pinkerton: Marta Ubieta
  • Yamadori y Comisario: Jose Manuel Día
  • Tío Bonzo: Fernando Latorre
  • Oficial del registro: Javier Campo**
  • Yakuside: Gexan Etxabe
  • La madre de Cio-Cio San: Eider Torrijos**
  • La tía de Cio-Cio San: Leyre Mesa**
  • La prima de Cio-Cio San Olga Revuelta**
  • Bilbao Orkestra Sinfonikoa
  • Coro de Ópera de Bilbao: Director Boris Dujin
  • Director musical: Henrik Nánási*
  • Director de escena: Stefano Monti
  • Coproducción Teatro Comunale di Modena / Teatro Municipale di Piacenza

*Debuta en ABAO Bilbao Opera
**Coro de Ópera de Bilbao

MÁS INFORMACIÓN

Benjamin Franklin Pinkerton, un oficial de la Armada de Estados Unidos, inspecciona una casita en una colina cercana a Nagasaki desde la que se ve el puerto. Va a alquilársela a Goro, un servicial casamentero. Junto con la casa recibe también a tres criados y a una geisha como mujer, cuyo nombre es Cio-Cio San, pero que es conocida como Butterfly. El alquiler, según la costumbre japonesa, es por una duración de 999 años, susceptible de ser renovado todos los meses. El cónsul estadounidense, Sharpless, llega jadeante después de haber subido la colina. Pinkerton describe su filosofía del yanqui indómito que recorre el mundo en busca de experiencias y placeres. No está seguro de si sus sentimientos por la joven japonesa son realmente amor o simplemente un capricho, pero su intención es seguir adelante y celebrar la ceremonia nupcial. Sharpless le advierte de que es posible que la muchacha tenga una visión diferente del matrimonio, pero Pinkerton hace caso omiso de sus preocupaciones y le dice que algún día tendrá una verdadera esposa estadounidense. Ofrece al cónsul güisqui y propone un brindis.

Llega Butterfly con sus amigos para la ceremonia. En una conversación casual tras la presentación formal, la muchacha admite que tiene tan solo quince años y explica que su familia fue importante en otro tiempo, pero que luego perdió su posición desahogada, por lo que no le ha quedado más remedio que ganarse la vida como geisha. Llegan sus familiares y hablan sobre la celebración de un matrimonio tan desigual. Cio-Cio San enseña a Pinkerton sus exiguas posesiones y le confiesa que ha estado en la misión cristiana y que tiene la intención de convertirse a la religión de su marido. El comisionado imperial lee el contrato matrimonial y los parientes felicitan a la pareja. De repente, se oye desde lejos una voz amenazadora: es el bonzo, el tío de Butterfly, un sacerdote. Maldice a la muchacha por haber ido a la misión y por renunciar a su religión ancestral. Pinkerton les ordena a todos que se vayan e intenta consolar a Butterfly con palabras dulces. Suzuki le ayuda a ponerse el kimono nupcial antes de que la pareja se reúna en el jardín, donde se dejan llevar por la pasión.

Cuando comienza el Acto II han transcurrido tres años y Cio-Cio San está esperando el regreso de su marido a casa. Suzuki implora ayuda a los dioses, pero Butterfly le reprende por creer en los dioses japoneses en vez de en la promesa de Pinkerton de que un día regresaría. Aparece Sharpless con una carta de Pinkerton, pero antes de que pueda leerla a Butterfly, aparece Goro con el último pretendiente de la joven, el acaudalado príncipe Yamadori. Butterfly sirve amablemente té a los invitados, pero insiste en que no está disponible para contraer matrimonio: su marido estadounidense no la ha dejado y le dio palabra de que un día regresaría. Pide a Goro y Yamadori que se vayan. Sharpless intenta leer la carta de Pinkerton y sugiere a Butterfly que quizá debería reconsiderar la oferta de Yamadori. Como respuesta, ella le muestra al cónsul el hijo que ha tenido con Pinkerton. Dice que su nombre es “Pesar”, pero que cuando regrese su padre se llamará “Dicha”. Sharpless está demasiado hundido para seguir leyéndole el contenido de la carta. Se va prometiéndole que informará a Pinkerton sobre la existencia de su hijo. Un cañonazo en el puerto anuncia la llegada de un barco. Butterfly y Suzuki leen su nombre desde la terraza: es el de Pinkerton. Radiante de alegría, Butterfly se une a Suzuki para decorar la casa con flores. Cae la noche y Butterfly, Suzuki y el niño emprenden una vigilia sin apartar la vista del puerto.

Amanece y Suzuki insiste en que Butterfly intente dormir un poco. Butterfly mete al niño en la casa. Aparece Sharpless con Pinkerton y Kate, la nueva mujer de Pinkerton. Suzuki se da cuenta de quién es la mujer estadounidense y se muestra de acuerdo en ayudar a comunicar la noticia a Butterfly. A Pinkerton le invade la sensación de culpa y se retira un poco para recordar los días pasados en la casa. Cio-Cio San entra apresuradamente confiando en encontrar a Pinkerton, pero es a Kate a quien ve en su lugar. Comprendiendo la situación, se muestra de acuerdo en renunciar a su hijo, pero insiste en que sea Pinkerton quien vuelva a por él. Tras echar a todo el mundo, Butterfly saca la daga con la que su padre se había suicidado, pues prefiere morir con honor que vivir con vergüenza. Se detiene por un instante cuando entra el niño inesperadamente, pero Butterfly lo saca al jardín y ella se retira detrás de una cortina. Cuando llega Pinkerton, pronunciando su nombre, la joven se clava la daga.

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>Concierto para dos Aniversarios Bilbao Orkestra Sinfonikoa & Guggenheim Bilbao

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Lugar: Guggenheim Bilbao

Coincidiendo con el centenario de la BOS el Museo Guggenheim Bilbao celebra su 25º Aniversario. En esta doble celebración, el Museo será el escenario de un gran concierto de la BOS abierto a la ciudadanía cuyo programa incluirá “Cuadros de una exposición”, la obra con la que Modest Mussorgsky rindió homenaje a su amigo Viktor Hartmann, con ocasión de la exhibición de algunas de sus obras tras su fallecimiento. La pieza representa un recorrido de cuadro en cuadro, en un estilo musical de fuerte carácter descriptivo. Compuesta originalmente para piano, la música fue “coloreada” por Maurice Ravel con una brillante orquestación. Junto a este gran clásico, en este concierto se recuperará el poema sinfónico, de lenguaje denso y poderoso, “Andrómeda”, de Augusta Holmès, compositora francesa injustamente tratada por la historia, al igual que muchas de sus colegas. Una gran oportunidad para celebrar la amistad y el diálogo entre las artes.

Patrocina:

Localización : Atrio
Punto de venta : Taquilla y Web
Duración : 60
Más información : Aforo limitado y uso responsable de mascarilla.
Se ruega puntualidad. No se podrá acceder al Atrio una vez iniciada la actividad.

Web: Guggenheim

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