Conciertos

TEMPORADA BOS 3

Abono de iniciación


Palacio Euskalduna.   20:00 h.

W.Walton: Concierto para violín (31’)
J. Brahms: Sinfonía no 2 en Re mayor, op. 73 (43’)

Paul Huang: violín
Günter Neuhold

FECHAS

  • 07 de noviembre de 2013       Palacio Euskalduna      20:00 h.
  • 08 de noviembre de 2013       Palacio Euskalduna      20:00 h.

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Las “edades” del Romanticismo

 
Sentimiento y trascendencia, emoción y profundidad, lirismo y pirotecnia, tomarán formas sonoras esta tarde a través de dos obras que nacieron en la larga estela del Romanticismo: un concierto con una cuidada escritura “sinfónica” y una sinfonía que se presenta como un crisol de sensaciones, musicales y humanas.
 
La velada se inicia con el pensamiento sonoro de William Walton (Oldham-Inglaterra, 1902- Ischia-Italia, 1983), compositor a medio camino entre la formación académica y el autodidactismo. Empezó a estudiar música, siendo adolescente, en la Universidad de Oxford, pero abandonó la carrera sin obtener ningún título. Sin embargo, antes de cumplir treinta años, era considerado el compositor inglés más importante de su generación y, desde luego, el más internacional. Fue a lo largo de su vida un autor concienzudo y meticuloso que produjo un relativamente corto catálogo en su extensa carrera. Es decir, muy alejado de la falta de rigor o la superficialidad.
 
Su lenguaje está dotado de un fuerte impulso rítmico que lo relaciona con Stravinsky y Prokofiev. El interés que manifestó hacia los géneros sinfónicos y la manera de desarrollar sus ideas musicales, haciendo gala de un lenguaje expansivo, lo acercan a Sibelius. En cuanto al tratamiento armónico, casi siempre se mueve dentro del marco tonal, pero aprovechando los recursos de una escritura abierta, coloreada en ocasiones por la disonancia. Estos rasgos de su estilo hicieron que fuera considerado un modernista y lo alejaron de los compositores ingleses de su generación, más centrados en la búsqueda de un “lenguaje nacional” que los distinguiera del, por aquellos años, enemigo alemán. Una fuerte inclinación hacia el lirismo, probablemente influenciada por su juventud compartida en Oxford y Londres con varios poetas, aporta calor y expresividad a su música y lo enlaza con su antepasado Elgar. Todas estas características llenan de frescura, matices y colores la paleta sonora de Walton, permitiendo que fluya la expresividad de su pensamiento en un asombroso equilibrio entre el intimismo y la acrobacia. Con estos recursos consigue captar la atención auditiva del público, asombrándolo y conmoviéndolo.
 
William Walton escribió su Concierto para violín y orquesta a partir de un encargo hecho por el irrepetible instrumentista Jascha Heifetz, que lo estrenó en compañía de la Orquesta de Cleveland, con Artur Rodzinski al frente, el 7 de Diciembre de 1939. A causa de la guerra, el compositor no pudo acudir al estreno.
 
La obra, reorquestada en 1943, es una de las más hermosas de Walton y fue resultado y fuente de alegría para su autor. Resultado porque recoge y refleja la felicidad que había encontrado junto a Alice Wimbourne y el calor y el color que ambos disfrutaban en Italia, donde fue creado. Fuente porque consolidó una ya merecida fama en el terreno de la composición.
 
El tratamiento que en ella hace de todo el material sonoro (motivos rítmicos, armónicos y, sobre todo, melódicos) y su avance en oleadas implacables y progresivas configuran un sinfonismo sólido y convincente que sirve de tapiz magistral a la no menos suprema intervención del violín solista que, con la orquesta, coprotagoniza una obra llena de retos y pirotecnias sonoras. No en vano, el reputadísimo director y especialista en música inglesa del siglo XX, Sir Adrian Boult, durante un ensayo de esta obra dijo a su orquesta: “Caballeros, se vuelve algo complicado aquí. Mantendré un dos constante. Ustedes tendrán que pescar solos” (el compás de dos tiempos se mide con movimientos de batuta abajo y arriba. Remota e irónicamente puede asemejarse al movimiento que hacen los pescadores con sus cañas).
 
El concierto está organizado, como es habitual, en tres movimientos, aunque el individualismo de Walton ofrece un idioma atractivo y personal para cada uno de ellos. El primero, Andante tranquillo se inicia líricamente con una melodía introspectiva en el violín, al que arropa un tejido instrumental casi camerístico. Solo con el segundo tema,
deslumbrante en sus saltos caprichosos, nos percatamos de la dificultad de la partitura. Más tarde, el tiempo se acelera y la orquesta se desata en sus propias acrobacias. La alternancia del fulgor y el intimismo vertebran este movimiento.
 
El Presto capriccioso alla napolitana que sigue, llega cargado de sabor italiano. Primero a través del nerviosismo de una tarantella a la que, tras un fugaz e indolente vals, le sigue fluyendo en una atmósfera casi irreal, una canzonetta flexible y caprichosa. El aire nervioso del principio retorna y, con una última alternancia de ideas, la música se esfuma como una pompa de jabón.
 
El final del concierto, Vivace, se abre con una idea vigorosa que, poco después, deja paso a un tema cantado y algo nostálgico, con claros guiños al jazz, estilo que Walton ya había utilizado en otras ocasiones al inicio de su carrera. El vaivén entre lo poético y lo explosivo, inunda un discurso de brillante elocuencia. Ambos son rasgos de un movimiento romántico que ni Walton ni el Siglo XX se terminaron de sacudir.
 
Y como manifestación de un Romanticismo pletórico, el programa nos regala el sinfonismo de Johannes Brahms (Hamburgo, 1833-Viena, 1897) que, siguiendo la tradición del “continente” clásico, luce con determinación aquello que define a un “contenido” romántico: el juego de los contrastes. En este compositor, que no deja nada al azar, conviven cordialmente lo lírico y lo épico. Su lenguaje es robusto y consonante y sus ideas se desarrollan alternando un discurso expansivo, profundo e intimista. Gracias al portento de su escritura y bajo la cobertura de un esquema muy formal, es
capaz de reunir unos temas imaginativos que van desfilando con fluidez en un curso determinado desde la primera nota. La maestría que manifiesta en el encadenamiento de los motivos y su inteligente orquestación, sirven con lógica al espíritu de la música y acogen con rigor y flexibilidad (milagro de talento y oficio) melodías que van desde la meditación a la alegría, de la frescura a la nostalgia, de la calidez a la bravura. Brahms es capaz de armonizar los contrarios en su obra, lo mismo que hizo en su vida, con ese aspecto desaliñado, descortés y algo sarcástico que paseaba por Viena, llevando los bolsillos cargados de golosinas y monedas que repartía con gusto, entre la chiquillería arremolinada a su alrededor.
 
La manera en que traza el plan de la obra es sólida y entrañable y en ningún momento transmite sensación de distancia, porque escribe desde la autenticidad. Brahms fue un hombre no mediatizado por las apariencias ni la ambición y su música nace de su propia naturaleza, honesta y generosa. Sus convicciones personales estimularon su creación y manifestaron la esencia de alguien que se hizo a sí mismo, sin grandes apoyos, como hombre y como músico.
 
La Sinfonía nº 2 en Re Mayor, Op 73 fue estrenada en Viena en 1877 y cogió a los críticos por sorpresa ya que, como indicó el propio compositor, “todo sonaba demasiado alegre y tierno, como si hubiera sido escrita para una pareja de recién casados”. Brahms había disfrutado el verano anterior en la región de los lagos de Carintia, de la “amabilidad y calidez austriacas” y le salió una obra inyectada de templanza soleada y espíritu cordial, una obra –en palabras de Clara Schumann- “alegre y encantadora”. Aun así, también alberga pasajes nostálgicos recogidos en partituras que, según Brahms indicó a su editor, “deberían ser publicadas con orla negra”. Ya saben, las dos caras del Romanticismo.
 
El primer movimiento, Allegro non troppo, está lleno de encanto y serenidad y se inicia con un motivo breve que permite al compositor desplegar todo su talento en la variación, hasta llegar a la plenitud tan característica de su estilo. Se completa con otra idea dulce y sosegada, cantada en las violas y los cellos como una canción de cuna, de esas que con tanta inspiración creaba el bárbaro Brahms y que manifiestan su amorosa debilidad por la música vocal, tanto en el diseño de sus melodías instrumentales, como en el entramado armónico que las acompaña o enmarca.
 
Le sigue un Adagio non troppo que justifica las contradictorias declaraciones del autor. Su atmósfera es algo oscura en las partes extremas y se vuelve arrebatada y profunda en la sección central, haciendo gala de una magnífica y casi atormentada escritura contrapuntística.
 
La alegría y la frescura retoman el Allegretto grazioso-Presto ma non assai, a través de un cambio radical (romántico) de estilo, introduciéndonos en un ambiente juguetón y un tanto desenfadado, al que las ingeniosas relaciones tonales, el trasiego rítmico, la irregularidad en la distribución de los compases y el protagonismo tímbrico de los instrumentos de viento madera, dan un aire rústico y saludable.
 
Termina la sinfonía, con un Allegro con spirito de fuerza acumulativa, que mueve la música inevitablemente hacia adelante, llenando el auditorio de un ambiente de incontenible alegría.
 
Disfrútenla.
 
 
Mercedes Albaina
 
 
 
 
 
 
 
Paul Huang, bibolina / violín
Paul Huang nació en Taiwan y recibió su primera clase de violín a la edad de siete años. En 2008 recibió el Premio Juilliard y el  Premio Chi-Mei de las Artes de la Fundación Cultural en 2009. También ha obtenido el 1º Premio de los Young Concert Artists International Auditions y el 1º Premio en el Concurso Internacional de Violín Sion-Valais en Suiza.
Actúa como solista con las orquestas de Louisville, Sinfónica de Budapest, Ciudad de México, Sinfónica Nacional de Taiwan, Sinfónica de Taipei y la Orquesta de St.Luke. Ha sido dirigido por Christopher Hogwood, Shlomo Mintz, Jorge Mester, Ronald Zollman, Carlos Miguel Prieto y Jung-Ho Pak. Entre sus compromisos figuran, entre otros, sus actuaciones en el Lincoln Center y en el Centro de Strathmore en Washington DC.
Como intérprete de música de cámara ha sido invitado en el Festival Moritzburg en Alemania y en el Festival de Música de Sion en Suiza. Ha dado recitales en el Museo Stradivari de Cremona, en el National Concert Hall de Taiwan y en el Museo del Louvre.  Ha colaborado con Shlomo Mintz, Gil Shaham, Nobuko Imai, Roberto Díaz, Jan Vogler, y Frans Helmerson.
Paul Huang toca un violín Nicolo Amati de 1683.
 

 

 

Temporada 2013-2014 de la BOS. Guía de audición
Brahms y la naturaleza
Tercer concierto de Temporada (7 y 8 de noviembre de 2013)
 
Comenzamos nuestro tercer programa de la temporada 2013-2014 con la interpretación del Concierto para Violín y Orquesta de William Walton. Hemos interpretado este concierto en tan sólo dos ocasiones a lo largo de nuestra historia. La primera los días 7 y 8 de febrero de 2002 con el violinista Jonathan Carney y bajo la dirección de Juanjo Mena y la segunda los días 3 y 4 de junio de 2010 con la violinista Elissa Koljonen y bajo la dirección de James Judd. Emplearemos para su interpretación la revisión preparada por el propio compositor en 1943 y publicada por la editorial Oxford University Press (http://ukcatalogue.oup.com/category/music/hire.do).
En la segunda parte del concierto escucharemos la Sinfonía nº 2 en Re Mayor Op. 73 de Johannes Brahms. Interpretamos por primera vez esta sinfonía el 1 de diciembre de 1928 bajo la dirección de Pablo Sorozabal en la Sociedad Filarmónica. Desde entonces la hemos interpretado en otras 35 ocasiones, siendo la última los días 21 y 22 de mayo de 2009 bajo la dirección de Antoni Ros Marbá en el Palacio Euskalduna. Emplearemos para su interpretación el material de la editorial Breitkopf&Hartel (http://www.breitkopf.com).
A continuación les recomendamos una serie de grabaciones comerciales de las obras de nuestro programa. Todas ellas pueden adquirirse en la Fnac o escucharse a través de internet siguiendo los enlaces señalados:
 
W. Walton: Concierto para Violín y Orquesta
Joshua Bell – David Zinman – Baltimore Symphony Orchestra
Release date: 09/01/2007
Label: DECCA
 
 
J. Brahms: Sinfonía nº 2 en Re Mayor Op. 73
Riccardo Chailly – Leipzig Gewandhausorchester
Release date: 11/11/2013
Label: DECCA

 

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  • Viernes 27 de Mayo de 2022 19:30h
  • Sábado 28 de Mayo de 2022 19:00h (*OB)
  • Lunes 30 de Mayo de 2022 19:30h

*OB: Opera Berri

Patrocina:

FICHA

  • Cio-Cio San: Maria Agresta*
  • Cio-Cio San BERRI: Carmen Solís
  • Pinkerton: Sergio Escobar
  • Pinkerton BERRI: Javier Tomé
  • Suzuki: Carmen Artaza*
  • Sharpless: Damián del Castillo
  • Goro: Jorge Rodríguez-Norton
  • Kate Pinkerton: Marta Ubieta
  • Yamadori y Comisario: Jose Manuel Día
  • Tío Bonzo: Fernando Latorre
  • Oficial del registro: Javier Campo**
  • Yakuside: Gexan Etxabe
  • La madre de Cio-Cio San: Eider Torrijos**
  • La tía de Cio-Cio San: Leyre Mesa**
  • La prima de Cio-Cio San Olga Revuelta**
  • Bilbao Orkestra Sinfonikoa
  • Coro de Ópera de Bilbao: Director Boris Dujin
  • Director musical: Henrik Nánási*
  • Director de escena: Stefano Monti
  • Coproducción Teatro Comunale di Modena / Teatro Municipale di Piacenza

*Debuta en ABAO Bilbao Opera
**Coro de Ópera de Bilbao

MÁS INFORMACIÓN

Benjamin Franklin Pinkerton, un oficial de la Armada de Estados Unidos, inspecciona una casita en una colina cercana a Nagasaki desde la que se ve el puerto. Va a alquilársela a Goro, un servicial casamentero. Junto con la casa recibe también a tres criados y a una geisha como mujer, cuyo nombre es Cio-Cio San, pero que es conocida como Butterfly. El alquiler, según la costumbre japonesa, es por una duración de 999 años, susceptible de ser renovado todos los meses. El cónsul estadounidense, Sharpless, llega jadeante después de haber subido la colina. Pinkerton describe su filosofía del yanqui indómito que recorre el mundo en busca de experiencias y placeres. No está seguro de si sus sentimientos por la joven japonesa son realmente amor o simplemente un capricho, pero su intención es seguir adelante y celebrar la ceremonia nupcial. Sharpless le advierte de que es posible que la muchacha tenga una visión diferente del matrimonio, pero Pinkerton hace caso omiso de sus preocupaciones y le dice que algún día tendrá una verdadera esposa estadounidense. Ofrece al cónsul güisqui y propone un brindis.

Llega Butterfly con sus amigos para la ceremonia. En una conversación casual tras la presentación formal, la muchacha admite que tiene tan solo quince años y explica que su familia fue importante en otro tiempo, pero que luego perdió su posición desahogada, por lo que no le ha quedado más remedio que ganarse la vida como geisha. Llegan sus familiares y hablan sobre la celebración de un matrimonio tan desigual. Cio-Cio San enseña a Pinkerton sus exiguas posesiones y le confiesa que ha estado en la misión cristiana y que tiene la intención de convertirse a la religión de su marido. El comisionado imperial lee el contrato matrimonial y los parientes felicitan a la pareja. De repente, se oye desde lejos una voz amenazadora: es el bonzo, el tío de Butterfly, un sacerdote. Maldice a la muchacha por haber ido a la misión y por renunciar a su religión ancestral. Pinkerton les ordena a todos que se vayan e intenta consolar a Butterfly con palabras dulces. Suzuki le ayuda a ponerse el kimono nupcial antes de que la pareja se reúna en el jardín, donde se dejan llevar por la pasión.

Cuando comienza el Acto II han transcurrido tres años y Cio-Cio San está esperando el regreso de su marido a casa. Suzuki implora ayuda a los dioses, pero Butterfly le reprende por creer en los dioses japoneses en vez de en la promesa de Pinkerton de que un día regresaría. Aparece Sharpless con una carta de Pinkerton, pero antes de que pueda leerla a Butterfly, aparece Goro con el último pretendiente de la joven, el acaudalado príncipe Yamadori. Butterfly sirve amablemente té a los invitados, pero insiste en que no está disponible para contraer matrimonio: su marido estadounidense no la ha dejado y le dio palabra de que un día regresaría. Pide a Goro y Yamadori que se vayan. Sharpless intenta leer la carta de Pinkerton y sugiere a Butterfly que quizá debería reconsiderar la oferta de Yamadori. Como respuesta, ella le muestra al cónsul el hijo que ha tenido con Pinkerton. Dice que su nombre es “Pesar”, pero que cuando regrese su padre se llamará “Dicha”. Sharpless está demasiado hundido para seguir leyéndole el contenido de la carta. Se va prometiéndole que informará a Pinkerton sobre la existencia de su hijo. Un cañonazo en el puerto anuncia la llegada de un barco. Butterfly y Suzuki leen su nombre desde la terraza: es el de Pinkerton. Radiante de alegría, Butterfly se une a Suzuki para decorar la casa con flores. Cae la noche y Butterfly, Suzuki y el niño emprenden una vigilia sin apartar la vista del puerto.

Amanece y Suzuki insiste en que Butterfly intente dormir un poco. Butterfly mete al niño en la casa. Aparece Sharpless con Pinkerton y Kate, la nueva mujer de Pinkerton. Suzuki se da cuenta de quién es la mujer estadounidense y se muestra de acuerdo en ayudar a comunicar la noticia a Butterfly. A Pinkerton le invade la sensación de culpa y se retira un poco para recordar los días pasados en la casa. Cio-Cio San entra apresuradamente confiando en encontrar a Pinkerton, pero es a Kate a quien ve en su lugar. Comprendiendo la situación, se muestra de acuerdo en renunciar a su hijo, pero insiste en que sea Pinkerton quien vuelva a por él. Tras echar a todo el mundo, Butterfly saca la daga con la que su padre se había suicidado, pues prefiere morir con honor que vivir con vergüenza. Se detiene por un instante cuando entra el niño inesperadamente, pero Butterfly lo saca al jardín y ella se retira detrás de una cortina. Cuando llega Pinkerton, pronunciando su nombre, la joven se clava la daga.

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>Concierto para dos Aniversarios Bilbao Orkestra Sinfonikoa & Guggenheim Bilbao

Concierto para dos Aniversarios Bilbao Orkestra Sinfonikoa & Guggenheim Bilbao

Lugar: Guggenheim Bilbao

Coincidiendo con el centenario de la BOS el Museo Guggenheim Bilbao celebra su 25º Aniversario. En esta doble celebración, el Museo será el escenario de un gran concierto de la BOS abierto a la ciudadanía cuyo programa incluirá “Cuadros de una exposición”, la obra con la que Modest Mussorgsky rindió homenaje a su amigo Viktor Hartmann, con ocasión de la exhibición de algunas de sus obras tras su fallecimiento. La pieza representa un recorrido de cuadro en cuadro, en un estilo musical de fuerte carácter descriptivo. Compuesta originalmente para piano, la música fue “coloreada” por Maurice Ravel con una brillante orquestación. Junto a este gran clásico, en este concierto se recuperará el poema sinfónico, de lenguaje denso y poderoso, “Andrómeda”, de Augusta Holmès, compositora francesa injustamente tratada por la historia, al igual que muchas de sus colegas. Una gran oportunidad para celebrar la amistad y el diálogo entre las artes.

Patrocina:

Localización : Atrio
Punto de venta : Taquilla y Web
Duración : 60
Más información : Aforo limitado y uso responsable de mascarilla.
Se ruega puntualidad. No se podrá acceder al Atrio una vez iniciada la actividad.

Web: Guggenheim

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